Dinámicas de la Motivación, Emoción y Arquitectura Sentimental
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La Motivación: Motor de la Acción
La motivación comprende las razones que nos llevan a la acción para la realización de nuestros objetivos o metas, respondiendo a una necesidad o carencia. Es la fuerza o estímulo interno que nos impulsa a actuar de una manera determinada para satisfacer una necesidad o lograr un propósito. Se clasifica en dos tipos:
- Primarias: Pertenecen a nuestra naturaleza biológica.
- Secundarias: Son aquellas que son aprendidas a lo largo de la vida.
La Frustración y sus Obstáculos
La frustración es el estado emocional de naturaleza desagradable que aparece cuando no se cumplen las expectativas generadas ante un logro o una meta. Los deseos, intenciones o impulsos muchas veces son bloqueados, lo cual impide satisfacerlos. Existen tres tipos de fuentes de frustración:
- Obstáculos: Pueden ser físicos, sociales o morales.
- Deficiencias: Carencias propias del individuo.
- Conflictos: Cuando motivos diversos interfieren entre sí.
El Universo de las Emociones
Las emociones son experiencias de dolor o placer que surgen de fenómenos de naturaleza distinta a la intelectual o cognitiva. En la afectividad se encuentran entremezcladas sensaciones, emociones, pasiones, sentimientos, motivos y afectos. Según Antonio Damásio, se distinguen los siguientes niveles:
- Sensación: Impresión que causa algo en nuestros sentidos.
- Emoción: Acciones o movimientos visibles para los demás.
- Sentimiento: Experiencias conscientes.
- Pasión: Combinación de emoción y sentimiento.
Sentimientos y Comportamiento Social
Los sentimientos representan el modo de relación afectiva de cada persona con la realidad. Mediante ellos, valoramos nuestro entorno y establecemos un sistema de respuestas propias. Permiten que nuestro yo tenga conciencia y, junto a las emociones, desempeñan un papel esencial para el comportamiento social.
La Arquitectura Sentimental y la Identidad
A lo largo de la vida, construimos un repertorio de sentimientos que forman nuestra arquitectura sentimental. A través de ella, podemos edificar nuestra identidad moral, lo que nos permite desarrollar una serie de hábitos o conductas en nuestras relaciones con los demás.
Es durante la adolescencia donde sentamos las bases de esta arquitectura; el orden emocional se vuelve rígido y se consolida al llegar a la adultez. A medida que vivimos, somos capaces de definir lo que queremos, trazar proyectos y acumular experiencias y conocimientos para aplicarlos en diversas situaciones.