La Disolución de la URSS: Del Golpe de Estado a las Repúblicas Independientes
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El conjunto de las reformas emprendidas por Gorbachov era extremadamente arriesgado y acabó desencadenando un proceso de desmoronamiento; además, las reformas no daban en la URSS los resultados previstos. Los cambios que se debían producir para pasar de una economía tan centralizada a una economía de mercado eran enormes y desembocaron en una caída de la productividad y en un empeoramiento del nivel de vida de la población.
A los problemas económicos se sumaron las reivindicaciones nacionalistas que estallaron con una fuerza inusitada en las repúblicas bálticas, Armenia, Azerbaiyán, Ucrania... donde se multiplicaron las revueltas. Cuando se abrió el debate político en la vida soviética, se evidenció la dificultad de mantener la unión de diferentes naciones, etnias y religiones que configuraban la URSS, un Estado plurinacional que se había mantenido unido gracias a una política centralista y muy autoritaria.
El Ascenso de Yeltsin y la Tensión Política
En julio de 1990, las primeras elecciones convocadas libremente dieron la presidencia de la Federación Rusa a Boris Yeltsin, miembro del PCUS, enfrentado a Gorbachov y que proponía el rápido desmantelamiento de todo el sistema comunista. Desde la presidencia de la URSS, Gorbachov intentó controlar un proceso evidente de desintegración territorial, política y económica.
En el interior de la URSS se produjo un grave enfrentamiento entre quienes pretendían conservar el sistema (la vieja guardia comunista) y los partidarios de llevar las reformas mucho más lejos. La tensión acabó estallando en un intento de golpe de Estado en Moscú, en agosto de 1991, apoyado por los sectores más anti-reformistas del viejo PCUS. Gorbachov estaba de vacaciones, lejos de Moscú, y fue alejado por los golpistas.
El Golpe de Estado de 1991 y sus Consecuencias
El gran héroe de la resistencia fue Boris Yeltsin, presidente de la Federación Rusa, cuya decidida actuación frenó el golpe de Estado. Tras el intento de golpe de Estado de 1991, el proyecto de una gran reforma dentro del socialismo quedó herido de muerte y se precipitó hacia el fracaso.
La auténtica heredera del poder de la URSS fue, sin duda, la nueva República de Rusia, la más extensa, poblada y rica de todas ellas. En pocos meses su presidente inició un proceso destinado a suprimir el comunismo: se disolvió el Partido Comunista y sus bienes fueron confiscados. Las repúblicas de Ucrania, Bielorrusia... se declararon independientes y, en diciembre de 1991, la URSS dejó de existir.
El Intento de la CEI y la Fragmentación Final
Gorbachov, presidente de un Estado que ya no existía, intentó crear una Comunidad de Estados Independientes (CEI), a la vista de que la elaboración del nuevo Tratado de la Unión había sido interrumpida por el golpe de Estado en Moscú. Pero no quisieron integrarse en la CEI las repúblicas bálticas ni tampoco Georgia, y esta comunidad quedó condenada al fracaso.
En diciembre de 1991, Gorbachov dimitió y la antigua URSS se fragmentó en dieciséis repúblicas independientes. Comenzó entonces el ascenso político del nuevo dirigente ruso.
Los Desafíos de la Transición
Los acontecimientos posteriores demostrarían que la creación de un sistema político democrático al estilo de Occidente, más aún, la reconducción de toda la economía, desde la planificación centralizada hacia el libre mercado, no eran tareas fáciles de resolver.