Don Quijote: Libertad, Individualismo y su Vigencia Hoy
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Un Liberal en el Siglo de Oro
Don Quijote le dijo a Sancho Panza: "La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida."
La libertad que concibe Don Quijote es similar a la del siglo XVIII: la libertad era la soberanía de un individuo para decidir su vida sin presiones ni condicionamientos, en función exclusiva de su inteligencia y voluntad. Siglos más tarde, Isaiah Berlin dice que esta es la libertad negativa.
Porque las obligaciones derivadas de recompensas, beneficios y mercedes recibidos son ataduras que no dejan campear el ánimo libre. No se puede ser más claro: la libertad es individual y requiere un nivel mínimo de prosperidad para ser real; quien es pobre y depende de la dádiva nunca es totalmente libre.
El Quijote no cree que la justicia, el orden social y el progreso sean funciones de la autoridad. Eso es el caballero andante: un individuo que, motivado por una vocación generosa, se lanza por los caminos a buscar remedio para todo lo mal que anda el planeta.
Caballero de la Verdad
Dante vs. Quijote
Dante: Tiene 35 años, se iba al trasmundo buscando el significado de la vida, que era Dios. Estaba acompañado de Virgilio, tenía experiencia y energías, afrontaba desafíos en las selvas con las fieras y el futuro era la eternidad.
Quijote: Tiene 50 años, va dentro del mundo buscando el significado de su existencia, buscando "hacerse". Son 50 años de una vida no vivida. Estaba en soledad, un cúmulo de hábitos; su vida era costumbre y necesitaba historia (hijo de sus obras), necesitaba ser individuo (decisión y voluntad). Para ser uno, se tiene que imaginar.
Una Novela para el Siglo XXI
Antes que nada, Don Quijote de la Mancha, la inmortal novela de Cervantes, es una imagen: la de un hidalgo cincuentón, embutido en una armadura anacrónica y tan esquelético como su caballo, que, acompañado por un campesino basto y gordinflón montado en un asno que hace las veces de escudero, recorre las llanuras de la Mancha, heladas en invierno y candentes en verano, en busca de aventuras. Lo anima el tiempo eclipsado siglos atrás.
La guerra no la deciden las espadas y las lanzas, es decir, el coraje y la pericia del individuo, sino el tronar de los cañones y la pólvora, una artillería que, en el estruendo de las matanzas que provoca, ha volatilizado aquellos códigos del honor individual y las proezas de los héroes que forjaron las siluetas míticas de un Amadís de Gaula, de un Tirante el Blanco y de un Tristán de Leonis.
La literatura caballeresca que hace perder los sesos al Quijote -ésta es una expresión que hay que tomar en un sentido metafórico más que literal- no es "realista", porque las delirantes proezas de sus paladines no reflejan una realidad vivida.