El Dualismo Cartesiano y la Integración Mente-Cuerpo en la Filosofía Contemporánea
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El dualismo cartesiano y sus repercusiones actuales
El dualismo de Descartes (res cogitans/res extensa; en el caso del hombre, alma y cuerpo) nunca ha dejado de ser una fuente de problemas. En la actualidad, esta dualidad se establece entre el pensamiento (o mente) y el cuerpo (cerebro), sostenida, por ejemplo, por John Eccles.
Sin embargo, desde el siglo XIX predominan las posiciones monistas, donde los procesos mentales se explican únicamente por su base material, localizada en el cerebro: los procesos mentales son procesos fisicoquímicos o neurofisiológicos, reduciendo lo mental al plano físico. Dos filósofos contemporáneos, Bunge y Searle, consideran que, aunque no podemos identificar los estados mentales con los físicos, los procesos mentales son procesos que acaecen en el cerebro; es decir, lo mental emerge de lo físico.
La perspectiva de Antonio Damasio
Recientemente, Antonio Damasio señala en su obra El error de Descartes que separar el cuerpo de la mente (bajo la premisa de que «pensar es igual a ser») es un error fundamental. La realidad es justamente lo contrario: en el principio fue el ser, posteriormente el pensar; somos, luego pensamos.
Creer que las operaciones de la mente están separadas de la estructura y del funcionamiento del organismo biológico es un error, porque el cerebro y el resto del cuerpo constituyen un organismo indisociable integrado por circuitos reguladores bioquímicos y neurales que se relacionan con el ambiente como un conjunto, y la actividad mental surge de esta interacción.
La filosofía de la conciencia y sus críticas
Una consecuencia del dualismo cartesiano es establecer la primacía de la filosofía de la conciencia. A partir de Descartes, es en la conciencia donde el hombre moderno busca la verdad y la certeza del conocimiento. Este subjetivismo de la razón impone un nuevo concepto de verdad, entendido como la evidencia de los contenidos de conciencia (ideas claras y distintas, intuición intelectual, etc.).
Sin embargo, esta concepción de la acción y la libertad humana basada en la razón ha sido criticada por la filosofía contemporánea, en especial por la «filosofía de la sospecha» (Marx, Nietzsche y Freud), que cuestiona que el ámbito de la conciencia coincida con todo lo que podemos pensar o sentir. Bajo esta óptica, el sujeto no sería consciente de todo aquello que determina su pensamiento: extraño de sí mismo, el sujeto no querría lo que dice querer y querría lo que dice no querer.