Dualismo Platónico y Ética Aristotélica: Fundamentos de la Filosofía Clásica
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El dualismo ontológico en Platón
Platón distingue dos conceptos fundamentales: el mundo de las ideas y el mundo de las cosas.
- El mundo de las ideas: Se caracteriza por ser inmutable, perfecto, inteligible e inmortal.
- El mundo de las cosas: Se caracteriza por ser sensible y mutable.
Aunque el mundo de las ideas difiere en realidad y perfección respecto al mundo de las cosas, existe una relación intrínseca entre ambos. Las ideas no son causa de las cosas, sino sus prototipos. Las cosas participan de las perfecciones de las ideas y, por ello, guardan cierto parecido con ellas. En este sentido, el orden del mundo sensible está realizado a imagen del mundo de las ideas, concepto explicado magistralmente en el Mito de la Caverna (Libro VII de La República).
Antropología platónica: La unión accidental
Tras el reconocimiento de estos dos mundos, Platón establece que el fundamento de la condición humana reside en su antropología. El hombre está compuesto por alma y cuerpo:
- El alma: Pertenece al mundo de las ideas, es eterna e independiente del cuerpo.
- El cuerpo: Pertenece al mundo de las cosas.
Para Platón, el alma comete un pecado y su castigo es quedar confinada en un cuerpo; por lo tanto, la unión entre ambos es accidental.
Las tres partes del alma (según el Fedro)
- Inteligible o racional: Es la parte más noble y positiva, vinculada al conocimiento racional. Se sitúa en la cabeza, su virtud es la prudencia y corresponde a la clase social de los gobernantes o sabios.
- Irascible: Es una parte positiva, aunque menos noble, mediante la cual el hombre expresa el valor. Se sitúa en el pecho, su virtud es la fortaleza y pertenece a la clase social de los guerreros.
- Concupiscible: Es la parte inferior que induce a la supervivencia y a la producción de bienes. Se sitúa en el vientre, su virtud es la templanza y pertenece a la clase social de los trabajadores.
Aristóteles: Virtud y Ética
Aristóteles define la virtud como un “hábito selectivo que consiste en un término medio relativo a nosotros, determinado por la razón y por aquella por la cual decidiría el hombre prudente”.
Para el estagirita, el ser humano actúa siempre bajo una finalidad; cada uno de sus actos persigue un fin, y ese conjunto de fines se dirige al logro de un objetivo último, considerado como el Bien Supremo.