Cinco ejemplos de Realismo mágico de la novela crónica de una muerte anunciada

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TRES SOMBREROS.
Pertenece esta obra a un género teatral no muy frecuente en la dramaturgia española: el teatro del humor. Escrita inmediatamente antes de la Guerra Civil no tuvo Mihura la oportunidad de estrenarla hasta bien entrados los años 50. Se trata de una obra de humor amargo y ácido y de una enorme comicidad conseguida especialmente a través de un lenguaje disparatado, que no se adecua a la situación y por los múltiples y estrafalarios personajes que Mihura pone en escena.
En el primer acto se nos presenta a Dionisio, el protagonista y a don Rosario, el dueño de la pensión, a través de un diálogo grotesco en el que objetos como el zapato olvidado por el huésped anterior, o las lucecitas del puerto están en la base de la comicidad.
Es interesante comprobar como Dionisio va evolucionando a lo largo de la obra, como deja de interesarle la fiel aburrida y no muy agraciada Margarita, en este personaje hace Mihura un paradigma de lo cursi, para interesarse por la vital Paula.
Es interesante también el personaje de Don Sacramento como parodia de la honorabilidad burguesa.
Quizá lo mejor de la obra, además del humor, sea la mezcla de lo patético y lo cómico, más la progresiva toma de conciencia por parte del protagonista y el enfrentamiento entre la autenticidad de Paula y la inconsistencia de Dionisio.  




Crónica de una muerte anunciada es una novela corta del autor colombiano Gabriel García Márquez que fue publicada en 1981, un año antes de que le fuese concedido el premio Nobel. Es, pues, una obra de madurez, compuesta cuando el autor ya había publicado obras fundamentales (ante todo, la extraordinaria novela Cien años de soledad) y gozaba de fama internacional, ganada en los años 60, formando parte del que se llamó “boom” de la narrativa hispanoamericana. Esta novela, pues, se inscribe en esa tendencia y, más en concreto, en su orientación dominante, el “Realismo mágico”, del que García Márquez fue ejemplo destacado. Lo cierto es, sin embargo, que esta vez los componentes fantásticos, lo “mágico”, apenas aparece, limitándose a la presentación hiperbólica de algunos hechos y a la sensación de insólito que se quiere provocar con el modo de relatarlos. La trama se basa en hechos reales de los que fue testigo el autor treinta años antes de escribir la novela, y responde en parte al afán de reconstruir unos sucesos verdaderos propio del periodismo. Eso justifica el título: es una “crónica” del “cronista” García Márquez. Periodista desde el comienzo de su 
carrera, ya antes había probado la fusión de periodismo y literatura en Relato de un náufrago, pero aquí se da con mucho mayor peso de lo literario.

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