El día soleado

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LOS CUENTOS DE JULIO CORTÁZAR

Julio Cortázar elabora un conjunto de directrices ineludibles de todo buen cuento. Abre una nueva perspectiva de valoración del género, sólo ligeramente anticipada por Borges, que radica en la instancia de la lectura y en papel del lector. Cortázar llama «secuestro» a la relación del lector en el acto de la lectura de un cuento y menciona la necesidad de crear en él una «conmoción»: exactamente la misma que llevó al cuentista a escribirlo.

Señalaba el propio Cortázar: Muchas veces me he preguntado cuál es la virtud de ciertos cuentos inolvidables. En el momento los leímos juntos con muchos otros, que incluso podrían ser de los mismos autores. Y he aquí que los años han pasado, y hemos vivido y olvidado tanto; pero esos pequeños, insignificantes cuentos, esos granos de arena en el inmenso mar de la literatura, siguen ahí, latiendo entre nosotros.

De Bestiario a Las armas secretas

“Casa tomada”es un ejemplo paradigmático. En una atmósfera rutinaria se nos cuenta la vida monótona de dos hermanos solteros que habitan una vieja casona durante años. Ella se dedica a tejer interminables prendas de lana; él, a sus libros y sus colecciones filatélicas. De repente, un día escuchan ruidos al fondo de la casa cuyo origen desconocen. «Han tomado la parte del fondo», dice uno de ellos. Sin embargo, en lugar de preguntar por algo más, recogen sus cosas y se van a otra parte de la casa, donde prosiguen sus tareas de siempre. Con el paso de las semanas, los ruidos se acercan y se ven desplazados hasta la puerta. Por fin, cuando las fuerzas misteriosas vuelven a aproximarse, son expulsados de su propio hogar.

La ausencia de mayores explicaciones constituye uno de los mayores atractivos para el lector. Podemos entender el relato de muchas maneras: en clave fantástica (cuento de fantasmas), psicológica (una improbable parábola sobre el incesto), sociopolítica (como una gran alusión a la situación de la clase media argentina durante el peronismo).

La clave de la  lectura está en la descripción de la casa y, mejor, en el simbolismo que ésta representa. Al reproducir dicha descripción en un plano, la casa queda dividida en dos zonas, la más profunda, que prácticamente los hermanos no ocupaban, y la más externa, donde vivían, separadas por la puerta cancel. Son los ruidos provenientes de la parte posterior de la casa los que empiezan a invadir gradualmente la parte anterior, hasta que los personajes se ven obligados a abandonar la vivienda. Si traducimos el texto según los parámetros de la poética simbolista preconizada por el escritor, la casa significaría — como viera Bachelard — el ser interior, y sus diferentes habitaciones los distintos estados del alma; las anteriores, en este caso, representarían la vida consciente, y las posteriores el mundo inconsciente de los impulsos reprimidos, de los deseos inconfesados y las compulsiones internas, atenazados en la vida cotidiana bajo un orden aparente, pero que se filtraban oscuramente en los sueños de Irene. Por otra parte, esta visión «diferente» de lo real debe mucho al psicoanálisis y al surrealismo.

Ese "dolor" se exterioriza en forma de conejitos violadores del orden que "rompen las cortinas, las telas de los sillones.

El lugar privilegiado que la infancia y el juego ocupan en el imaginario cortazariano.



 Lo fantástico en Julio Cortázar

 El género fantástico ha tenido en el Río de la Plata un desarrollo extraordinario.

Se apartó de la concepción borgeana de la irrealidad, del lenguaje estetizante. Sus ideas fundamentales sobre el género fantástico giran sobre la ampliación de los límites de lo real hacia una realidad que lo abarca todo, sueños, fantasías, desórdenes. Cortázar partirá siempre de una situación real e inmediata, cotidiana, normal, actual (la casa, el metro, la autopista) de manera tal que el lector se sienta en su hábitat, implicado con lo que lee porque puede pasarle a él en cualquier momento. En ese marco de normalidad ocurrirá lo imprevisto.

 Cortázar representa lo fantástico psicológico, la irrupción de las fuerzas extrañas en el orden cotidiano, en la realidad usual: «La grieta en la imperturbable realidad que a todos nos atrae», diría otro maestro de lo fantástico, Adolfo Bioy Casares.

Las fisuras de la normalidad que permiten colocarnos «del otro lado» y percibir las realidades ocultas.

 La puerta condenada”.El protagonista es un hombre de negocios que se hospeda en un hotel de Montevideo. Por la noche escucha un lloriqueo en la habitación de al lado y, después, el arrullo de una mujer. El ruido dura horas y no le deja dormir. Ambas piezas se comunican por una puerta interior que está cerrada con llave. Noche tras noche, se repite el espectáculo sonoro hasta que, harto de no poder descansar, el hombre se pega a la puerta y empieza a remedar el llanto del niño de una forma grotesca. Todo parece solucionado. Se callan en el otro lado y al día siguiente, la mujer abandona el hotel. Pero esa misma noche, el hombre se despierta y vuelve a escuchar el llanto del niño. El final queda abierto.

Después de El perseguidor

Historias de cronopios y famas constituyen una de las cimas de la vertiente más irónica y lúdica de Cortázar. En el libro se reúne un conjunto de breves relatos protagonizados por unos seres imaginarios llamados «cronopios», una especie de microbios verdes, de carácter rebelde e imaginativo. Frente a ellos se alzan los «famas», mucho más convencionales y sensatos. El humor absurdo es la nota dominante de estos relatos sorprendentes. Una sección memorable del libro se titula «Manual de instrucciones». Allí Cortázar se burla de las mentalidades racionalistas a través de una sucesión de parodias de los folletos explicativos de ciertos productos comerciales: “Instrucciones para subir una escalera”, “Instrucciones para matar hormigas en Roma”, “Instruccionesejemplos sobre la forma de tener miedo”…

La autopista del sur”es uno de ellos. Miles de automovilistas quedan atrapados en un atasco de dimensiones gigantescas dentro de la autopista MarsellaParís. La situación, poco a poco, se agranda hasta cobrar dimensiones increíbles. Durante meses el puñado de personas que protagonizan el relato tiene que sobrevivir mediante la solidaridad y la adopción de ciertas reglas que los protejan de otros automovilistas. Algunos mueren, otros se enamoran, todos pelean por subsistir. Al final, poco a poco y sin saber cómo, se va desatascando el tráfico y los coches pueden volver a moverse en dirección a la capital. Cada uno de los personajes va insensiblemente separándose de las vidas de sus compañeros y todos vuelven a su rutina cotidiana en París.

Alguien que anda por ahí , Deshoras (1982), Cortázar, sin abandonar las inquietudes metafísicas de sus libros anteriores las proyectó decididamente hacia un horizonte más amplio que involucraba los traumas políticos y sociales del mundo latinoamericano. En el primero de los libros citados se ocupa de los desaparecidos en Argentina.

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