Encuentros y Engaños en la Aventura de Don Quijote

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Capítulo 29

Al final, Cardenio le confiesa a Dorotea su identidad y le dice que no descansará hasta verla con el que debiera ser su esposo, Don Fernando.

Al poco tiempo, escucharon que Sancho llegaba y les decía que había encontrado a Don Quijote desnudo y casi muerto de hambre, y que había dicho que no aparecería ante su amada, Dulcinea, hasta que se hubiera convertido en un gran caballero digno de ella.

Acordaron que Dorotea se hiciese pasar por la princesa Micomicona, que iba en busca de Don Quijote para que este matase a un gigante. Se subió Dorotea a la mula del cura y así salieron en busca de Don Quijote. Cuando Dorotea encontró a Don Quijote, le dijo que no podía comenzar otra nueva aventura a menos que vengara primero al que entró en el reino de esta princesa. Don Quijote caballerosamente accedió y le dijo a Sancho que armase a Rocinante, que seguirían a la princesa hasta donde ella mandase.

Cuando se encontraron Don Quijote, la princesa y Sancho con el cura, el barbero y Cardenio, fingieron un encuentro casual para así acompañarles. Por el camino, el cura le contó a Don Quijote que él había ido con el barbero a cobrar unos impuestos, pero que se los habían robado unos galeotes que, probablemente, habría liberado un loco. A todo esto, Don Quijote no sabía qué decir, pues había sido él quien liberó a los galeotes.

Capítulo 30

Al poco tiempo, Sancho les contó a todos que había sido Don Quijote el que había liberado a los galeotes. Don Quijote rápidamente dijo que su misión como caballero era ayudar a los desgraciados y no descubrir si sus penas eran verdaderas o falsas.

Para calmar la rabia de Don Quijote, Dorotea se comenzó a inventar la historia de la princesa Micomicona, su supuesta historia. Ella era hija del rey Tinacrio el Sabidor y de la reina Jaramilla. El rey predijo que el gigante Pandafilando le pediría matrimonio a la princesa Micomicona, pero como esta no se quería casar con el gigante, partió a buscar a un caballero que la salvase del gigante y que posteriormente se casase con ella.

Al oír esto, Don Quijote se lo dijo a Sancho, el cual se alegró al saber que ya tenían un reino al que mandar. Pero Don Quijote le dijo al momento que él le cortaría la cabeza al gigante, pero que no se casaría con ella, ya que estaba enamorado de Dulcinea.

Tras oír esto, Sancho se enfadó profundamente y llegó a decir que Dulcinea no merecía a Don Quijote, lo que produjo el gran enfado de Don Quijote, que llegó a arrearle varias veces.

A lo lejos, vieron venir a un hombre montado en el asno de Sancho, por lo que Sancho comenzó a gritar al hombre que lo montaba, escapando y dejando al asno libre. Sancho al volverse a encontrar con su asno, comenzó a besarle como si de una persona se tratase. Don Quijote dijo que todavía mantenía la promesa de regalarle tres asnos más. Al poco rato, Don Quijote le dijo a Sancho que le contara todo lo que había sucedido en el viaje que tuvo hacia la casa de Dulcinea.