La Eneida de Virgilio y las Tradiciones del Nacimiento en la Antigua Roma

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La Eneida: La Gran Epopeya de la Fundación de Roma

La Eneida, estructurada en doce libros, combina la trama de las dos grandes obras homéricas. Eneas, de quien toma el título el poema, es un caudillo troyano y uno de los pocos supervivientes a la destrucción de su ciudad. Al frente de una pequeña flota, recorre los mares en busca de una nueva patria donde asentarse.

La diosa Juno, que aún mantiene vivo su rencor hacia todos los compatriotas de Paris, les hace naufragar cuando estaban a punto de arribar a Italia. Consiguen llegar a las costas de Cartago, donde son hospitalariamente acogidos por la reina Dido.

El Encuentro en Cartago y el Destino de Eneas

En un banquete, la reina le pide a Eneas que cuente la destrucción de Troya y sus vicisitudes a lo largo de los siete años que llevan los troyanos viajando por mar. Así lo hace Eneas, a pesar del dolor que le produce recordar episodios tan tristes. Dido y Eneas se enamoran y viven un apasionado idilio, frustrado por la voluntad de los dioses, quienes recuerdan a Eneas que su destino no es Cartago sino Italia, donde está llamado a ser el antepasado de un gran pueblo.

Contra su voluntad, Eneas abandona a Dido, quien se suicida tras maldecirle a él y a sus descendientes. Tras hacer escala en diversos lugares, llega Eneas a Italia. Allí se reanudan los combates, volviendo los troyanos a revivir situaciones similares a las experimentadas durante el cerco de su ciudad. El combate personal entre Turno y Eneas se salda con la victoria de este; la muerte de Turno pone fin a la guerra y al poema.

Costumbres Romanas: El Nacimiento de un Niño

Cuando nace un niño romano, si lo aceptaba el padre, este elevaba una plegaria a los dioses y se daba paso a una fiesta colgando coronas de flores. A los pocos días se celebraba una ceremonia fundamental: la Lustratio, por la que oficialmente se le reconocía como nuevo miembro de la familia, se le imponía su nombre propio y se le colgaba al cuello la bulla, que le había de acompañar durante toda su infancia.

La Bulla y la Protección Apotropaica

La bulla era una pequeña cápsula metálica en la que se guardaban diversos objetos a los que se atribuían propiedades apotropaicas; es decir, servía para la protección del niño indefenso frente a hechizos o fuerzas malignas como las envidias o el mal de ojo. Este último es una superstición muy extendida, incluso hoy en día, en los países mediterráneos.

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