España en el Siglo XIX: Conflictos, Cambios Políticos y Desarrollo Económico
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La Revolución de 1868 y la Monarquía de Amadeo I
En 1868 se produjo un pronunciamiento para deponer a Isabel II, liderado por los generales Serrano y Prim. Se crearon juntas revolucionarias, lo que permitió que la revolución triunfara rápidamente y la reina se viera obligada a abandonar España.
Se constituyó un gobierno provisional que convocó Cortes Constituyentes. Estas aprobaron la Constitución de 1869, que contenía una amplia declaración de derechos e instauraba el sufragio universal masculino. Se nombró regente al general Serrano.
El general Prim, presidente del gobierno, fue el encargado de encontrar un nuevo rey para España: Amadeo de Saboya. Sin embargo, a su llegada a España en 1871, Prim fue asesinado en Madrid.
Amadeo I era un rey moderno y demócrata. No obstante, su posición fue muy débil, y parte de la población lo rechazaba por ser extranjero. Durante su breve reinado estallaron dos conflictos importantes: la insurrección de Cuba y una nueva guerra Carlista. Estos factores, entre otros, llevaron a Amadeo I a abdicar.
El Turno Pacífico: Estabilidad y Corrupción Electoral
Durante la Restauración, dos partidos políticos se turnaron en el gobierno de manera pacífica, un sistema conocido como turnismo:
- Los conservadores, liderados por Cánovas del Castillo, se proclamaban defensores de la Iglesia y del orden.
- Los liberales, liderados por Sagasta, desarrollaron importantes reformas sociales y aprobaron el sufragio universal masculino en 1890.
La corrupción electoral, inherente a este sistema, se manifestaba de varias formas:
- El rey decidía primero qué partido iba a formar gobierno, y se convocaban elecciones que se amañaban para que las ganara dicho partido.
- En el ámbito rural, los caciques forzaban a la población a votar por el partido que convenía, práctica conocida como caciquismo.
- En las ciudades, se manipulaban los votos mediante el pucherazo.
A pesar de estas prácticas, el sistema del Turno Pacífico proporcionó una relativa estabilidad a la vida política española durante un periodo.
La Industrialización en España: Un Desarrollo Desigual en el Siglo XIX
En la España del siglo XIX, las transformaciones económicas no fueron tan intensas como en otros países europeos. Este desarrollo desigual se debió a varios factores clave: la escasez de materias primas, las deficientes comunicaciones, la fragmentación del mercado interno y la falta de capital.
Sectores Industriales Emergentes
Las primeras industrias modernas que surgieron fueron las fábricas textiles catalanas y la siderurgia vasca. Además, comenzaron a desarrollarse nuevos sectores como la electricidad, el petróleo y la química.
Paralelamente, se fundaron las primeras instituciones financieras, incluyendo los bancos modernos y la Bolsa de Madrid.
La actividad más característica de este periodo fue la construcción del ferrocarril, que se desarrolló intensamente entre 1848 y 1870. A pesar de estos avances, la agricultura siguió siendo el sector económico principal en España.
La Desamortización Agraria
En el ámbito agrícola, un proceso fundamental fue la desamortización de las tierras. Este consistió en la incautación por parte del Estado de tierras vinculadas (pertenecientes a la Iglesia, municipios o nobleza) para luego venderlas a particulares en subasta pública.
Se llevaron a cabo dos grandes desamortizaciones: la de Mendizábal y la de Madoz. Esta última afectó principalmente a las tierras de los ayuntamientos y otras instituciones.
Numerosos burgueses y propietarios compraron estas parcelas, lo que significó que las tierras pasaran a manos de individuos interesados en obtener beneficios económicos. Como resultado, se impulsó una cierta modernización de los métodos de cultivo y un aumento de la producción. Sin embargo, la mayoría de los campesinos no pudieron adquirir tierras y continuaron siendo jornaleros en condiciones de gran pobreza.
La Guerra de la Independencia y el Reinado de Fernando VII
Castilla y León fue un escenario primordial de la Guerra de la Independencia, especialmente en el camino de los ejércitos de Napoleón hacia Portugal. El levantamiento popular contra la ocupación francesa comenzó en la segunda quincena de mayo de 1808.
Las victorias francesas en las batallas de Cabezón y de Medina de Rioseco otorgaron el dominio del territorio a los franceses hasta mediados de 1813. No obstante, hubo constantes avances y retrocesos debido a la incansable acción de los guerrilleros, figuras clave de la resistencia. Entre ellos destacaron: Julián Sánchez “el Charro”, el cura Merino, Juan Martín “el Empecinado” y Juan Díez Porlier “el Marquesito”.
La campaña aliada de 1812, liderada por Wellington, obtuvo importantes victorias en Ciudad Rodrigo y Arapiles. En 1813, la Batalla de Burgos marcó un avance decisivo de las fuerzas aliadas.
Tras el regreso de Fernando VII en 1814, se restauró el absolutismo y la sociedad tradicional, dando fin al breve periodo liberal.