España en el Siglo XIX: De la Invasión Napoleónica al Reinado de Isabel II
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Comentario: Napoleón invadió España mediante el Tratado de Fontainebleau, que firmó con Manuel Godoy (Guerra de la Independencia). Engañó a los españoles diciendo que sus tropas pasarían por España para invadir Portugal, pero en realidad era una estrategia para invadir España. El pueblo se levantó y comenzó a luchar contra los franceses, creando unas Cortes en Cádiz, donde se redactó la Constitución de 1812. La Constitución de Cádiz de 1812 estableció las bases del liberalismo en España, rompiendo con el absolutismo, con medidas como la eliminación de los gremios, la desamortización de tierras comunales, el fin de los privilegios de la Mesta, la abolición de la Inquisición, la división de España en provincias y la libertad de imprenta.
La Constitución de 1812, conocida como “La Pepa”, fue aprobada el 19 de marzo de 1812 y es la primera constitución liberal de España. Entre sus características destacan:
- Establecimiento de la soberanía nacional, eliminando la monarquía absoluta y los privilegios estamentales y territoriales.
- Establecimiento de una monarquía limitada con división de poderes y cortes unicamerales, que tenían amplios poderes en los tratados internacionales, la elaboración de leyes y la aprobación de presupuestos.
- Los diputados se elegían mediante sufragio universal, aunque para ser candidato era necesario tener rentas propias.
- Garantía de derechos fundamentales como la igualdad ante la ley y la educación básica.
- No reconocía la libertad de culto y establecía el catolicismo como la única religión oficial.
- Creación de la Milicia Nacional, grupos de civiles armados para defender el sistema constitucional.
La obra de las Cortes de Cádiz marcó el inicio del Estado liberal en España. Surgieron dos tendencias políticas opuestas: liberales y absolutistas. La Constitución de Cádiz fue el primer intento de establecer un estado racional liberal.
Fernando VII: Absolutismo y Liberalismo
Introducción
Fernando VII, "El Deseado", vuelve al trono de España tras la finalización de la Guerra de Independencia y lo establecido en el Tratado de Valençay en 1813. En este tratado, Napoleón lo reconoce como rey de España. Su regreso planteó el problema de integrar al monarca en el nuevo modelo político de carácter liberal, definido por las Cortes de Cádiz en la Constitución de 1812.
Sexenio Absolutista (1814-1820)
Fernando VII regresó a España tras su exilio en Francia con la obligación de aceptar la Constitución de 1812 y gobernar como monarca constitucional, pero intentó restaurar el absolutismo. Respaldado por el “Manifiesto de los Persas”, la nobleza y el clero, dio un golpe de Estado y gobernó como rey absolutista durante seis años, anulando las reformas de las Cortes de Cádiz y restableciendo los privilegios del Antiguo Régimen. Este periodo estuvo marcado por una grave crisis económica tras la Guerra de Independencia, sin reformas que permitieran el desarrollo industrial. La oposición liberal creció entre la burguesía y antiguos guerrilleros, organizándose en sociedades secretas y realizando pronunciamientos contra el absolutismo. Finalmente, el 1 de enero de 1820, el coronel Rafael de Riego lideró un pronunciamiento exitoso en Sevilla, restaurando la Constitución de 1812 y marcando el inicio de un periodo liberal con Fernando VII obligado a jurar la Constitución.
Trienio Liberal (1820-1823)
El Trienio Liberal (1820-1823) comenzó con un gobierno liberal moderado liderado por Argüelles, que proclamó una amnistía, convocó elecciones y permitió el regreso de exiliados. Basado en la Constitución de 1812, fue la segunda experiencia liberal en España. Las Cortes llevaron a cabo importantes reformas: abolición de gremios, señoríos y mayorazgos, desamortización de tierras de la Iglesia, eliminación del diezmo y la Inquisición, expulsión de los jesuitas, libertad de imprenta, creación de la Milicia Nacional y escuelas primarias en pueblos de más de 100 habitantes. Dentro del liberalismo surgieron divisiones entre doceañistas (moderados) y veinteañistas (radicales), debilitando el movimiento. La oposición absolutista, apoyada por Fernando VII, la nobleza y el clero, fomentó guerrillas realistas en las zonas rurales. Las reformas no beneficiaron a los campesinos, generando descontento. En 1823, la Santa Alianza envió a los Cien Mil Hijos de San Luis para restaurar el absolutismo, lo que puso fin al periodo liberal debido a la falta de apoyo popular y la superioridad militar de los invasores.
Década Ominosa (1823-1833)
Tras la restauración del absolutismo, Fernando VII reprimió duramente a los liberales, ejecutando a líderes como Riego y forzando exilios. Se establecieron comisiones para controlar movimientos liberales, y tropas francesas permanecieron en España para mantener el orden. Surgieron los “ultrarrealistas”, que apoyaban a Carlos María Isidro y desconfiaban del rey por su acercamiento a los liberales. En 1827, los “Agraviados” (carlistas) se levantaron en Cataluña. España enfrentaba graves problemas económicos tras la pérdida de las colonias americanas en 1824. Para afrontarlos, se reorganizó la Hacienda, se crearon la Bolsa y el Banco de San Fernando, y se promovieron reformas administrativas, como el Consejo de Ministros. En 1830, Fernando VII promulgó la Pragmática Sanción, permitiendo que su hija Isabel II heredara el trono, pese a la oposición de los carlistas. A su muerte en 1833, dejó a Isabel como reina bajo la regencia de su madre, María Cristina, quien contó con el apoyo de los liberales. La oposición carlista provocó el inicio de la primera guerra carlista.
Conclusión
El reinado de Fernando VII ofrece un balance con muchos aspectos negativos para la historia de España. Además de precipitar la pérdida de las colonias americanas, la restauración del absolutismo encendió el odio entre los españoles, una etapa de pugna entre liberales y absolutistas.
Isabel II: Entre Liberalismo y Conflictos
En 1833, tras la muerte de Fernando VII, comenzó el reinado de Isabel II, marcado por la primera guerra carlista entre carlistas (absolutistas) e isabelinos (liberales), con triunfo de estos últimos. Esto permitió la transición de una monarquía absoluta a una monarquía constitucional. La etapa estuvo dominada por el liberalismo moderado, pero caracterizada por la inestabilidad política y la influencia de los militares a través de pronunciamientos. El apoyo de Isabel II a los moderados provocó la unión de sus opositores, quienes buscaron su derrocamiento.
Minoría de Edad de Isabel II (1833-1843)
Tras la muerte de Fernando VII en 1833, su hija Isabel, de tres años, heredó el trono con su madre, María Cristina, como regente. Sin embargo, su tío Carlos María Isidro rechazó su legitimidad y se proclamó rey como Carlos V. Esto provocó un levantamiento de sus partidarios, los carlistas, dando inicio a la primera guerra carlista, que duró siete años.
El Carlismo y las Guerras Carlistas
El carlismo apoyaba a Carlos María Isidro y sus descendientes frente a Isabel II, defendiendo el absolutismo, el poder de la Iglesia, la tradición católica, el mundo rural y los fueros locales. Contaba con apoyo del clero, la pequeña nobleza agraria y campesinos en Navarra, País Vasco, Cataluña y el Maestrazgo. Hubo tres guerras carlistas en el siglo XIX, dos durante el reinado de Isabel II (1833-1840 y 1846-1849) y la tercera en el Sexenio Democrático (1872-1876).
Primera Guerra Carlista (1833-1840)
Fue una guerra civil entre carlistas (absolutistas) e isabelinos (liberales). En su primera fase (1833-1835), los carlistas dominaron el norte bajo Zumalacárregui, pero fracasaron en tomar ciudades como Bilbao, donde murió su líder. En la segunda fase (1836-1840), Carlos intentó sin éxito tomar Madrid. La guerra terminó con el Convenio de Vergara (1839), que mantuvo los fueros vascos y navarros, e integró a carlistas en el ejército liberal. Carlos se exilió y Cabrera resistió hasta 1840.
Segunda Guerra Carlista (1846-1849)
Se desató cuando Isabel II no se casó con el pretendiente carlista. Liderada por Cabrera, se centró en Cataluña y el Maestrazgo. Aunque los carlistas fueron derrotados en Barcelona, hubo focos de resistencia en áreas rurales. Este conflicto debilitó al carlismo, fortaleció el liberalismo y aumentó el poder de los militares, pero tuvo un alto costo económico para el Estado.
Construcción y Evolución del Estado Liberal
Durante el reinado de Isabel II surgieron los primeros partidos políticos derivados del liberalismo, con diferentes posiciones ideológicas:
- Partido Moderado (años 40, líder: Narváez): Representaba a la alta burguesía y terratenientes, defendiendo la soberanía compartida entre Rey y Cortes, derechos políticos restringidos (sufragio censitario), el catolicismo y una economía proteccionista.
- Partido Progresista (1836-1837, líder: Espartero): Representaba a la mediana y pequeña burguesía, promoviendo la soberanía nacional, ampliación de derechos políticos y civiles, libertad religiosa, la Milicia Nacional, elecciones municipales y una economía librecambista.
- Partido Demócrata (1849): Surgido de una escisión progresista, defendía el sufragio universal masculino, reformas sociales, la Milicia Nacional y un poder local fuerte. Representaba a clases medias y bajas, incluyendo republicanos.
- Unión Liberal (1856, líder: O’Donnell): Partido centrista que unía moderados y progresistas cercanos, representando sectores acomodados y defendiendo la soberanía compartida.
Excepto los demócratas, estos partidos se alternaron en el poder, frecuentemente mediante pronunciamientos militares.
Etapa de Regencias (1833-1843)
Durante la minoría de edad de Isabel II, España vivió la Revolución Liberal y la Guerra Carlista, con dos regentes: María Cristina (1833-1840) y Espartero (1840-1843).
Regencia de María Cristina (1833-1840)
María Cristina, presionada por los liberales, aprobó reformas importantes, como la nueva división provincial y el Estatuto Real de 1834, que limitaba el poder popular. En 1836 se llevó a cabo la Desamortización de Mendizábal, que vendió tierras de la Iglesia, y en 1837 se proclamó una Constitución que otorgaba soberanía nacional y más derechos civiles, aunque con sufragio censitario.
Regencia de Espartero (1840-1843)
Tras la renuncia de María Cristina, Espartero asumió la regencia con un gobierno progresista. Fue criticado por su autoritarismo y políticas económicas, como la expansión de la desamortización y su confrontación con los empresarios catalanes. La oposición de moderados como Narváez y O’Donnell, junto con un bombardeo en Barcelona y el descontento general, provocaron su renuncia en 1843. Ese mismo año, Isabel II fue proclamada mayor de edad con solo 13 años.
Mayoría de Edad de Isabel II (1843-1868)
Isabel II asumió el poder entre 1844 y 1868, un periodo marcado por problemas sociales, escándalos en la corte y gran inestabilidad política, con más de 50 gobiernos diferentes.
Década Moderada (1844-1854)
La Década Moderada (1844-1854) comenzó con el pronunciamiento de Narváez y la mayoría de edad de Isabel II, siendo un período de control del partido moderado, respaldado por la burguesía conservadora. Narváez lideró con mano dura, reprimiendo protestas y controlando al ejército, lo que aseguró el apoyo de la corona y terratenientes. En 1845, se aprobó una Constitución que consolidó el poder del rey y las Cortes, limitando derechos y estableciendo un sistema bicameral con sufragio restringido. Durante este período, se realizaron reformas clave como la creación de la Guardia Civil (1844), la reforma fiscal con la Ley Mon-Santillán (1845), el Plan Pidal sobre educación, la Ley de Ayuntamientos (1845) y el Concordato de 1851, que restableció la relación con la Iglesia. A pesar de los avances, el período estuvo marcado por crisis económicas (como la de 1848), protestas populares reprimidas y la Segunda Guerra Carlista. Surgieron tensiones políticas que llevaron a la formación de la Unión Liberal y al partido Demócrata. La corrupción y el autoritarismo generaron descontento, culminando en un levantamiento progresista en 1854.
Las reformas más importantes incluyeron la limitación de la libertad de prensa con la Ley de imprenta, la centralización del poder en los ayuntamientos y el Código Penal de 1848, que unificó las leyes.
El Bienio Progresista (1854-1856)
El Bienio Progresista (1854-1856) comenzó con la Vicalvarada, un levantamiento liderado por O’Donnell que unió progresistas, demócratas y moderados descontentos. Aunque el pronunciamiento fracasó inicialmente, los rebeldes reorganizados publicaron el “Manifiesto de Manzanares”, prometiendo reformas como la restauración de la Milicia Nacional, reformas electorales y reducción de impuestos. Tras la revolución de 1854, los progresistas tomaron el poder con Espartero como jefe de Gobierno y O’Donnell como ministro de Guerra. Se redactó una nueva Constitución en 1856, más avanzada, aunque no llegó a entrar en vigor. Se aprobaron reformas económicas importantes, como la Desamortización de Madoz, la Ley de Ferrocarriles y la creación del Banco de España. Sin embargo, la crisis económica, las malas cosechas y una epidemia de cólera provocaron descontento social, lo que llevó a la dimisión de Espartero y el ascenso de O’Donnell.