El Esperpento de Valle-Inclán: Claves y Estética de una Revolución Teatral

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El Esperpento: La Revolución Estética de Valle-Inclán

El esperpento se inicia en 1920 con Luces de bohemia, obra que no fue estrenada en España hasta la temporada 69/70. Con esta palabra, cuyo significado habitual era "persona o cosa extravagante, desatinada o absurda", Valle-Inclán designa las obras en las que lo trágico y lo cómico se mezclan, con una estética que busca ser "una superación del dolor y de la risa". Su mejor definición se encuentra en la escena XII de Luces de bohemia. El autor continúa esta línea en tres esperpentos escritos en los años siguientes: Los cuernos de don Friolera (1921), Las galas del difunto (1926) y La hija del capitán (1927), recogidas después bajo el título de Martes de carnaval.

La visión del mundo esperpéntico

Lo esperpéntico es una manera de ver el mundo, un reflejo deformado de una realidad ya deformada, que revela el verdadero rostro de la vida española. Los personajes son seres grotescos en un mundo grotesco, semejantes a marionetas ridículas y de pesadilla.

Rasgos formales del esperpento

Entre las características principales del esperpento destacan:

  • Uso de contrastes: Entre lo doloroso y lo grotesco, lo trágico y lo cómico.
  • Riqueza del lenguaje: Utilización de registros diversos: culto, popular, vulgar, gitanismos, etc.
  • Dinamismo espacial y temporal: Cambios continuos de escenario y, a veces, de tiempo.
  • Acotaciones literarias: Textos que adquieren valor artístico por sí mismos.

Procedimientos de deformación

Esa deformación característica se consigue a través de procedimientos como:

  • La presentación de lo extraordinario como algo normal y verosímil.
  • La presencia de la muerte como personaje fundamental.
  • La animalización y cosificación constante, que alcanza tanto al físico como al comportamiento de los personajes.
  • La literaturización constante de la realidad.
  • El uso de un lenguaje violento y mordaz.

La vigencia de Valle-Inclán

Valle-Inclán es uno de los autores más vigentes hoy, ya que llevó a cabo un “arte de ruptura” y abrió nuevos caminos. Durante mucho tiempo se pensó que obras como las Comedias bárbaras o los esperpentos no eran verdadero teatro, sino “comedias dialogadas” irrepresentables. Lo que sucedió fue que Valle fue más allá de lo que permitían las convenciones escénicas de su tiempo.

Frente a lo que él llamaba “teatro de mesa camilla”, se declaró partidario de un “teatro de numerosos escenarios” y hasta de un teatro “que siga el ejemplo del cine”. Tampoco se doblegó ante los prejuicios estéticos o sociales del público o de los empresarios, convirtiéndose en la máxima figura del teatro español de los últimos tres siglos, así como en un vanguardista que se anticipó a las futuras tendencias del teatro mundial.

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