Ética dialógica y normas del diálogo moral según Habermas
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Ética dialógica: principios y normas del diálogo moral
Las éticas dialógicas
En el mundo actual se está abriendo una nueva forma de fundamentar la moral que también puede calificarse de deontológica, ya que sitúa la bondad moral de las acciones en el cumplimiento del deber, pero cuyo origen se basa en una reflexión más centrada en lo social. Nos referimos a las llamadas éticas dialógicas, éticas de la comunicación o ética del discurso.
Es cierto que todos los seres humanos estamos dotados de razón y que esta funciona de acuerdo con unas mismas reglas para todos, pero también lo es que cada uno de nosotros nace en una cultura, en una clase social y posee unos intereses diferentes y, a veces, hasta opuestos. Por ello, al utilizar la razón no todos pensamos de la misma manera. Esta situación hace inviable intentar dotar de universalidad a la razón entendida individualmente.
Habermas y el paradigma lingüístico-pragmático
Habermas es uno de los pioneros de las éticas que pretende sustituir el paradigma racionalista por un nuevo paradigma que él denomina «lingüístico-pragmático». Desde un prisma filosófico, a partir del carácter central del lenguaje, deja de entender la racionalidad en términos individualistas y pasa a considerar que la racionalidad es fruto del discurso y del diálogo.
Condiciones del acto de habla
Nuestro acto de habla tiene que cumplir una serie de condiciones:
- Inteligibilidad: la comunicación resulta imposible si lo que decimos no puede ser comprendido por los demás.
- Verdad: el contenido de lo que decimos tiene que estar relacionado adecuadamente con lo real.
- Rectitud: cuando hablamos, tenemos que atenernos a un conjunto de normas adaptadas para todos.
- Veracidad: lo que decimos tiene que ser la expresión de lo que pensamos.
El valor del diálogo se encuentra en la fuerza de los argumentos que en él se exponen, y éstos son más valiosos en la medida en que siguen las siguientes normas:
Normas del diálogo
- Universalidad: los argumentos deben poseer pretensiones de universalidad, aunque vayan dirigidos a interlocutores concretos que buscan el reconocimiento universal.
- Igualdad: para que los argumentos sean valiosos, es preciso que quien los defiende olvide su propio estatus.
- Libertad y ausencia de coacción: a la hora de dialogar, todos los participantes deben tener la posibilidad de presentar argumentos libremente.
Cuando se cumplen estas normas, se consigue lo que Habermas denomina situación ideal de habla.