Evolución del Concepto de Trabajo: De Hobbes y Locke al Mercantilismo
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De Hobbes a Locke: El Trabajo y la Propiedad
Thomas Hobbes y John Locke contribuyeron significativamente a la revalorización del trabajo al relacionarlo con la producción de utilidades, aunque lo hicieron desde una perspectiva todavía premoderna. Para Hobbes, la verdadera fuente de la riqueza era la naturaleza, concebida como una creación divina para el beneficio humano; en este esquema, el trabajo desempeñaba un papel secundario, limitándose a transformar y multiplicar los bienes naturales preexistentes. Así, la abundancia dependía, en primera instancia, del favor divino y, posteriormente, del esfuerzo humano.
Por su parte, Locke dio un paso fundamental al otorgar al trabajo un valor superior, vinculándolo directamente con la propiedad privada, la cual definió como un derecho inalienable y prepolítico de todo ser humano. No obstante, ambos autores mantenían la premisa de que la naturaleza constituía la fuente primaria de la riqueza y que la intervención humana solo ocurría sobre lo ya creado. Bajo este paradigma agrario, la agricultura se consolidó como la actividad productiva de mayor relevancia. A pesar de estas limitaciones, al enfatizar la conexión entre el trabajo, la riqueza y la propiedad, Hobbes y —especialmente— Locke sentaron los cimientos para que el trabajo fuera percibido como una actividad central, no solo en la esfera material, sino también en los ámbitos social y moral.
El Segundo Mercantilismo: El Trabajo Útil
Entre finales del siglo XVI y la primera mitad del XVIII, emergieron en Europa las teorías mercantilistas, las cuales asignaron al trabajo un rol protagónico mediante el concepto de valor-utilidad, heredado de la tradición escolástica. De acuerdo con este principio, cualquier bien capaz de satisfacer necesidades humanas posee un valor proporcional a su utilidad; dado que el trabajo es el motor que produce dichos bienes, este debía ser objeto de un aprecio especial.
En este contexto, los mercantilistas establecieron una distinción fundamental entre dos tipos de labores:
- Trabajo productivo: Aquel orientado a la generación de valores de uso.
- Trabajo improductivo: Aquel que no aporta una utilidad tangible a la sociedad.
A partir de esta diferenciación, se defendió la urgencia de reducir la población ociosa y fomentar el incremento de los trabajos útiles. Bajo esta óptica, el trabajo se erigió como la principal fuente de riqueza y el mecanismo idóneo para la organización social, desafiando el orden tradicional basado en los privilegios de las clases no trabajadoras. Sin embargo, esta visión conservaba rasgos premodernos, pues continuaba supeditando el trabajo a utilidades concretas para el bienestar y sostenía que la naturaleza era el origen último de la riqueza, mientras que el trabajo humano se limitaba a la transformación de los recursos dados.