Evolución Constitucional y Guerras Carlistas en la España del Siglo XIX
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Evolución del Constitucionalismo en España (1834-1845)
El Estatuto Real (1834)
El Estatuto Real de 1834 fue una carta otorgada por la Corona que daba paso a un parlamentarismo extremadamente conservador. Bajo este marco, se convocaron Cortes bicamerales divididas en:
- Estamento de Próceres: Cámara integrada por los Grandes de España y otros próceres nombrados directamente por la Corona.
- Estamento de Procuradores: Cámara elegida mediante un sufragio muy censitario.
La Constitución Liberal-Progresista de 1837
Aunque en este texto se establece la soberanía nacional, en la práctica se aceptó el concepto moderado de soberanía compartida. La Corona mantenía, además del poder ejecutivo, amplias atribuciones políticas, tales como:
- Convocar, disolver y suspender las Cortes.
- Nombrar y cesar a los ministros.
- Derecho de veto legislativo.
Las Cortes, que se reservaban el poder legislativo, adoptaron una estructura bicameral como concesión a los moderados. Se definió un Estado centralizado, aunque con cierta descentralización en diputaciones y ayuntamientos (elegidos por un sufragio censitario más amplio, abarcando a un tercio de los vecinos). Además, se garantizó la libertad de expresión sin censura y la creación de los cuerpos provinciales de la Milicia Nacional.
La Constitución de 1845
Las diferencias con la de 1837 son notables. En este caso, la soberanía es compartida explícitamente entre la Corona y las Cortes. Se ampliaron considerablemente los poderes de la Corona:
- Iniciativa legislativa y control sobre las Cortes (convocatoria, suspensión y disolución).
- Nombramiento y destitución de ministros.
- Nombramiento sin restricciones de todos los miembros del Senado aristocrático.
Con un Senado designado por el monarca y un Congreso de los Diputados elegido por un sufragio censitario muy restringido (apenas el 1% de la población desde 1846, limitado a grandes contribuyentes de tendencia moderada), los progresistas quedaban fuera de juego. Asimismo, se produjo una significativa limitación de derechos y libertades.
El Sexenio Liberal
Este período constituye el primer ensayo democrático de nuestra historia. Sin embargo, estuvo marcado por una fuerte inestabilidad. Los principales conflictos fueron:
- La Guerra de los Diez Años en Cuba.
- La Tercera Guerra Carlista.
- La insurrección cantonalista.
La Primera Guerra Carlista (1833-1840)
Causas y bandos enfrentados
El conflicto estalló tras la muerte de Fernando VII, cuando Carlos María Isidro reclamó el trono, originando levantamientos en distintos puntos de España. Fue un enfrentamiento entre los defensores del Antiguo Régimen y aquellos que propugnaban un Estado liberal. Ante la amenaza, la regente María Cristina buscó el apoyo de los liberales.
- Carlistas: Partidarios del absolutismo monárquico, la defensa de la religión y de los fueros. Se identificaban plenamente con las estructuras del Antiguo Régimen.
- Isabelinos: Contaron con el apoyo de parte de la nobleza, del funcionariado y de las altas jerarquías de la Iglesia.
Desarrollo de la contienda
Durante la Primera Guerra Carlista, el pretendiente don Carlos se estableció en Navarra, creando un gobierno alternativo al de la regente. La racha de éxitos carlistas se truncó en 1835 con la muerte del coronel Zumalacárregui durante el cerco de Bilbao.
A partir de 1835, se iniciaron las grandes expediciones carlistas para conectar con las partidas dispersas por el país:
- Expedición del general Miguel Gómez (1836): Partió del País Vasco, llegó a Galicia, pasó por Valencia y alcanzó Andalucía. Pese al recorrido, no logró consolidar el carlismo en nuevos territorios.
- Expedición Real (1837): Partió de Navarra bajo la dirección del propio pretendiente, uniéndose a Ramón Cabrera y llegando a las afueras de Madrid. La intervención del general Espartero obligó a las tropas carlistas a retirarse hacia el País Vasco.
El fin del conflicto: El Convenio de Vergara
Los fracasos militares provocaron una escisión entre los dirigentes carlistas, quienes comprendieron la imposibilidad de una victoria total. Finalmente, en 1839, el general carlista Maroto firmó el Convenio de Vergara con el general Espartero, poniendo fin a la guerra de manera oficial.