La Evolución Estilística de Valle-Inclán
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Ramón María del Valle-Inclán
La obra de Valle sufre una notable evolución estética que va desde el Modernismo al “Esperpento”.
1ª etapa: Modernismo
Su prosa se halla impregnada de lirismo y poesía, es afectada y preciosista.
A esta etapa pertenece Flor de Santidad (1904), en la que se sintetizan en un solo relato elementos pertenecientes a novelas cortas escritas con anterioridad. La más importante es “Adega”, enmarcada en ambiente gallego medieval dominado por el misterio y la superstición.
Otra gran obra de esta época es Las Sonatas. Está formada por cuatro libros que se corresponden con las fases vitales del Marqués de Bradomín, raro tipo humano mezcla de galantería amorosa, frialdad y egoísmo cínico; se trata de sus supuestas memorias, en las cuales aparece definido como un don Juan feo, católico y sentimental.
- Sonata de Primavera (1904)
- Sonata de Estío (1903)
- Sonata de Otoño (1902)
- Sonata de Invierno (1905)
En cada título Valle crea el marco adecuado para las distintas fases o “estaciones eróticas” del protagonista. Predomina la musicalidad y la poesía y se fusiona lo religioso y lo pagano.
2ª etapa: Evolución
Esta evolución viene marcada por el deseo de buscar un estilo personal.
Las Comedias Bárbaras constituyen un género híbrido entre la novela y el teatro. Poseen una estructura escénica y teatral, y se caracterizan por un lenguaje concentrado y el diálogo. Es una trilogía formada por:
- Cara de Plata (1922)
- Águila de Blasón (1907)
- Romance de Lobos (1908)
Se inicia con la maldición hacia los Montenegro y el vaticinio de su destrucción. Cada personaje encarna un impulso elemental humano, están movidos por la pasión y el sexo.
Las novelas de La Guerra Carlista pretenden defender el carlismo de un modo idealizado y desde un punto de vista moral. Son un grupo de novelas compuesto por:
- Los Cruzados de la Causa (1908)
- El Resplandor en la Hoguera (1909)
- Los Gerifaltes de Antaño (1909)
3ª etapa: El “Esperpento”
En las novelas de tema carlista había idealizado el tradicionalismo, pero más tarde, desengañado, optó por una actitud de enfrentamiento con la política de sus días; estilísticamente se encaminará al “esperpento”. Con el comienzo de los años 20 traslada una óptica deformadora a todas sus obras, sea cual fuere el género en que las escriba.
Desde las Sonatas ha ido introduciendo notas sueltas de técnica del esperpento: tendencia a reírse de lo humano y lo divino, huida a lo pretérito y legendario, intento de ridiculización de todo cuanto expone en sus obras. Toma la realidad, no para reflejarla como es, ni para idealizarla, sino para agredirla, degradarla y vaciarla de realidad y sustancia humanas.
(Prescindimos aquí del estudio de Martes de Carnaval y Luces de Bohemia, que se incluye en el tema dedicado al teatro).
Tirano Banderas (1926) es una parábola ejemplificada en Hispanoamérica, sobre el destino del hombre degradado por la tiranía. Es la esperpentización de la dictadura y sus brutales consecuencias. El lenguaje utilizado es una síntesis experimental de diversas hablas hispanoamericanas utilizadas con inusitada destreza.
El Ruedo Ibérico. Debía constar de nueve volúmenes, pero no llegó a término debido a su muerte.
(Se publicaron completos La Corte de los Milagros (1927) y Viva mi Dueño (1928), así como algunos fragmentos de Baza de Espadas (1933)).
Son narraciones documentadas de la historia y la vida de España en la época de Isabel II, en vísperas de la revolución de 1869, “la Gloriosa”. En ellas se satiriza a la reina y al rey consorte Francisco, así como a toda su corte.
Valle-Inclán toma el pasado como una metáfora de la España contemporánea, en la que nada había cambiado: ni la corrupción política, ni la miseria del pueblo.