Evolución de la Ética: El Origen de las Morales y la Racionalidad Compartida

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El origen de las morales

Las morales son sistemas complejos con una larga historia y con influencias muy variadas. Podemos considerarlas fruto de la inteligencia social; es decir, brotan de la interacción de inteligencias personales. Cada persona tiene su proyecto privado de felicidad, que debe coordinarse con los de otras personas. De esta interacción surgen espontáneamente modos de resolución de conflictos.

No todos los miembros de la sociedad tienen la misma influencia. Es fácil comprobar la huella de personajes más activos; también han ejercido una influencia notable los movimientos sociales reivindicadores de derechos.

En el fondo de este proceso encontramos la incansable búsqueda de la felicidad por parte de los seres humanos. Los objetivos concretos son muy variados, pues cada uno tenemos nuestra propia idea de felicidad, pero los deseos básicos son universales. Los humanos buscamos:

  • El placer
  • La sociabilidad
  • El disfrute
  • La realización personal

Todos estos deseos influyen en la estructura social: nuestro afán egoísta de disfrutar se ve controlado por nuestra necesidad de convivir con otras personas. Nuestra necesidad de ampliar las posibilidades está regulada por la necesidad de reconocimiento social.

Una racionalidad compartida

Podemos considerar la historia de la humanidad como un banco de pruebas de las morales. Nos permite verlas en acción y estudiarlas. Sobre esta experiencia histórica deben reflexionar los filósofos para elaborar un modelo ético.

La exigencia de la inteligencia racional

Como ya hemos citado, el uso racional de la inteligencia es una exigencia moral, ya que nos impone buscar verdades de validez universal. En el caso de la moral, esa exigencia nos hace ir más allá y buscar una racionalidad compartida: una racionalidad social, pública y comunicativa.

Mientras que la racionalidad individual puede, en ocasiones, justificar el egoísmo, la racionalidad compartida debe buscar argumentos válidos para todos, no solo para uno mismo. Apoyándonos en la historia, podemos proponer una ley del progreso moral de la humanidad, que conduce al establecimiento de una ética universal.

Hacia una ética universal

Esta ley es una hipótesis histórica que debe ser verificada. La búsqueda de soluciones racionales, no solo en la ciencia, sino también en los problemas humanos, ha sido una constante histórica. Estos progresos constituyen la historia noble de la humanidad, la crónica del progreso.

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