La Evolución de los Fueros Vascos y Navarros durante las Guerras Carlistas (1833-1876)
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Las Guerras Carlistas y la Cuestión Foral (1833-1876)
I. La Primera Guerra Carlista y el Convenio de Vergara (1833-1839)
Al morir Fernando VII en 1833, estalló la Primera Guerra Carlista entre los partidarios de su hermano Carlos, defensores del Antiguo Régimen, y los seguidores de su hija Isabel II, quienes buscaban implantar un Estado liberal en España.
Fue una cruenta guerra civil que tuvo en las provincias vascongadas y Navarra su principal escenario, sobre todo en los dos primeros años, hasta la muerte del general carlista Tomás de Zumalacárregui en 1835. La mayoría de la población vasca, de base agraria, apoyó el carlismo, al cual se enfrentaron las principales ciudades, en especial Donostia y Bilbao.
El papel de los Fueros
Los fueros, que no habían sido la causa inicial de la guerra, cobraron importancia en su transcurso al ser utilizados por los carlistas. Se convirtieron en un factor relevante en su fase final cuando los liberales moderados levantaron la bandera de «Paz y Fueros» para separar estos de la causa carlista. Esta idea contribuyó al final de la contienda en el País Vasco con la firma del Convenio de Vergara (1839) por los generales Maroto y Espartero. Este último se comprometió a proponer a las Cortes la concesión o modificación de los fueros.
II. El Arreglo Foral y la Estabilidad Institucional
Tras el incumplimiento de esa promesa, las Cortes españolas aprobaron la importante Ley de 25 de octubre de 1839, que confirmaba los fueros dentro de la monarquía constitucional y establecía la vía de su reforma para adaptarlos al nuevo régimen liberal triunfante en España.
Navarra: La Ley Paccionada de 1841
Esta reforma se llevó a cabo en 1841 en Navarra con la ley de modificación de los fueros, más conocida como la Ley Paccionada. Esta ley supuso la desaparición del viejo reino y su conversión en provincia, pero permitió una nueva formalidad que se sustentaba en una fuerte Diputación y un convenio económico con el Estado español muy beneficioso para Navarra. Dicha ley le dio una estabilidad institucional, de forma que no hubo una «cuestión navarra» en el siglo XX.
La Cuestión Vascongada
En cambio, existió una cuestión vascongada por la falta de una ley de arreglo foral equivalente para Álava, Vizcaya y Gipuzkoa. Esas diputaciones se sublevaron contra el regente Espartero y, en castigo, se aprobó un decreto derogando sus fueros en 1841. Pero tres años después, al expulsar al progresista Espartero y tomar el poder, los liberales moderados de Narváez dieron otro decreto restaurando las instituciones forales vascas, que siguieron existiendo hasta el final de la última guerra carlista en 1876.
III. El Fuerismo y el Reinado de Isabel II (1843-1868)
Durante el reinado de Isabel II (1843-1868) se desarrolló el fuerismo, un movimiento político y cultural distintivo del carlismo y vinculado al liberalismo moderado que controló el País Vasco entre las dos guerras carlistas. Este movimiento mantuvo buenas relaciones con los moderados que gobernaban en Madrid, consiguiendo así la supervivencia de los fueros dentro del Estado liberal centralista.
IV. La Última Guerra Carlista y la Abolición Foral (1872-1876)
El principal motivo de la Última Guerra Carlista (1872-1876) fue la defensa de la religión y del orden social, amenazado por la democracia de la Primera República en España. La cuestión foral quedó subordinada a la cuestión religiosa. Los fueros eran utilizados por los carlistas como un dique contra la revolución española. Dicha guerra se desarrolló especialmente en territorio vasco-navarro, controlado durante tres años por el ejército de Carlos VII, el pretendiente carlista.
La Derrota y la Ley de 1876
La restauración de la monarquía liberal conservadora de Alfonso XII, hijo de Isabel II, contribuyó a la definitiva derrota militar de los carlistas en 1876. Como consecuencia de ello, se produjo la abolición de los fueros por Cánovas del Castillo, jefe del gobierno español. Su Ley de 1876 suprimió las excepciones fiscales y militares.
Al año siguiente, la resistencia de las diputaciones forales a aplicar dicha ley llevó a Cánovas a disolverlas, desapareciendo así el régimen foral vasco.
V. El Concierto Económico y el Origen del Nacionalismo Vasco
Enseguida, en 1878, su gobierno aprobó por decreto el Concierto Económico, que otorgó una gran autonomía fiscal a las nuevas diputaciones provinciales. Este fue un acuerdo bien acogido por la burguesía vasca en el momento de inicio de la Revolución Industrial vizcaína.
El fuerismo llamado intransigente, que exigía la derogación de la Ley de 1876, fracasó políticamente, pero protagonizó un resurgir cultural vasquista que preparó el terreno para la aparición del nacionalismo vasco a finales del siglo XIX.