La evolución geológica de la Península y Canarias

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El relieve actual de la Península es el resultado de una historia geológica de millones de años. Durante la era arcaica emergió del mar una banda montañosa arqueada que comprendía casi toda la actual Galícia. 
En la era primaria de los mares que cubrían la mayoría de la Península surgieron las cordilleras hercinianas. Al oeste se elevó el Maciso Hespérico, arrasado por la erosión durante la misma era primaria. 
La era secundaria fue un período de calma en la que predominaron la erosión y la sedimentación. En las fosas marinas situadas en las actuales zonas pirenaica y bética se depositaron enormes espesores de sedimentos. 
Durante la era terciaria tuvo lugar la orogénesis alpina, que provocó grandes cambios en el relieve peninsular: se levantaron las cordilleras alpinas, se formaron las depresiones prealpinas paralelamente a  las nuevas cordilleras como la depresión del Ebro y la depresión del Guadalquivir. La Meseta se vio afectada por la orogénesis alpina de forma que pasó a inclinarse hacia el Atlántico y se formaron los rebordes montañosos orientales y meridionales de la Meseta. El zócalo de la Meseta experimentó fracturas y fallas que originaron una estructura constituida por bloques levantados que formaron el reborde montañoso del norte de la Meseta y por bloques hundidos que crearon depresiones interiores en la Meseta. 
Durante la era cuaternaria los fenómenos más destacados fueron el glaciarismo que afectó a las cordilleras más altas  y que dio lugar a dos tipos de glaciares: de circo (acumulaciones de hielo en la cabecera de los valles) y de valles (ríos de hielo que se forman cuando el espesor del hielo acumulado en el circo es grande). El otro fenómeno fueron las terrazas fluviales que son franjas planas y elevadas situadas en los márgenes de un río. Su origen de debe a las alternancias climáticas del Cuaternario. En cuanto a las Islas Canarias, su origen tuvo lugar en la era terciaria, a partir de las emisiones volcánicas surgidas por las fracturas formadas en el fondo del Océano Atlántico. El rumbo de estas fracturas y la cantidad de basaltos superpuesta a lo largo de los diversos ciclos magmáticos determinan la disposición, la extensión y el relieve de las islas. 

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