Evolución Humana y Mecanismos de Defensa del Organismo
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Caminar erguido: La bipedestación en la evolución
La bipedestación es el primer criterio que se utiliza para diferenciar entre el linaje de los homínidos y el de los simios antropomorfos. Caminar erguido y sin balancear mucho el cuerpo requiere de determinadas características anatómicas:
- Posición del foramen magnum: es el orificio del cráneo por donde pasa la médula espinal y señala el lugar en el que se inserta la columna vertebral en el cráneo. En los homínidos se orienta hacia abajo, mientras que en los simios hacia atrás.
- Disposición de la cadera: en los homínidos, los fémures se dirigen oblicuamente desde las caderas hasta converger en las rodillas. En los simios, se disponen verticalmente, manteniendo muy separadas las rodillas.
- Cambios en el pie: la adaptación de la bipedestación supuso que el pie se alargó y el pulgar se alineó con los demás dedos, que redujeron su tamaño, perdiendo la capacidad de agarrar objetos.
Los simios antropomorfos y los homínidos tienen el pulgar de la mano oponible y eso les permite coger bien objetos, pero el nuestro es más largo y podemos tocarnos la punta del dedo índice. Dado que esta característica proporciona a nuestra mano una fuerza y habilidad singulares, se conoce como pinza de precisión.
Proceso de hominización
Es la evolución desde formas similares de los homínidos a los chimpancés hasta el ser humano moderno. Los cambios han afectado a diversas características anatómicas y funcionales, desde la bipedestación hasta la adquisición del lenguaje articulado, pasando por un incremento del volumen cerebral.
Aprender a hablar
Los seres humanos disponemos de un lenguaje articulado, y no se sabe con certeza cuándo adquirieron los homínidos esta facultad. Para hablar hace falta tener capacidad mental y, para ello, disponer del instrumento adecuado: el aparato fonador. Dos áreas del cerebro están relacionadas con nuestra capacidad de hablar.
Principales especies del género Homo
- Homo habilis: (diestro) 2.5 M a 1.5 M de años.
- Homo ergaster: (trabajador) 1.8 M a 1.2 M de años.
- Homo erectus: (erguido) 1.7 M a 500.000 años.
- Homo antecessor: (pionero, precede a los demás) 1.2 M a 300.000 años.
- Homo neanderthalensis: 300.000 años.
Respuesta del organismo ante una infección
Los seres vivos que se encuentran infectados por un germen patógeno se consideran fuentes de infección. Estos pueden pasar de las fuentes de infección a un organismo de dos formas:
- Transmisión directa: se produce por el contacto directo entre la persona enferma y la sana. El contacto puede ser físico o a través de las partículas desprendidas del enfermo.
- Transmisión indirecta: los gérmenes procedentes de la fuente de infección pasan al medio (por ejemplo, el agua o los alimentos) y de allí pueden transmitirse a una persona sana. El transporte de los gérmenes puede ser realizado por otros animales que se denominan vectores. Los mosquitos son vectores del dengue y la malaria.
Reservorios: animales que albergan agentes infecciosos para la especie humana. En ellos, los gérmenes viven y se reproducen, y pueden transmitirse a las personas.
Respuesta inmunitaria
Nuestro organismo posee barreras naturales que dificultan la entrada de los agentes infecciosos. La piel, las lágrimas o las secreciones ácidas de nuestro aparato digestivo frenan la entrada de los gérmenes, aunque estas barreras no son infranqueables. Si los agentes infecciosos las superan, deben enfrentarse al sistema inmunitario.
El sistema inmunitario está formado por un conjunto de órganos, tejidos y células que se encuentran repartidos por todo el organismo, aunque los glóbulos blancos son el componente central. Este sistema elabora respuestas para proteger a nuestro organismo de infecciones. La respuesta inmunitaria logra eliminar gérmenes causantes de la enfermedad y se supera en pocos días.