La Evolución Institucional y la Proyección Exterior de la Monarquía Hispánica
La Organización del Estado bajo los Reyes Católicos: Instituciones de Gobierno
Los Reyes Católicos protagonizaron una gran labor de fortalecimiento del poder de los monarcas, iniciada durante los años de la guerra civil en Castilla, que continuó a lo largo de todo su reinado. Isabel y Fernando pusieron fin al conflicto entre el poder nobiliario y el poder real, característico de la Baja Edad Media.
La autoridad de los monarcas fue restaurada y se consolidaron las instituciones de gobierno y la hacienda pública. La reorganización del sistema de hacienda fue una primera y necesaria medida de los monarcas. Adoptada en las Cortes de Toledo de 1480, se revisaron las mercedes efectuadas durante el reinado de Enrique IV, lo que perjudicó esencialmente a los nobles que habían apoyado a Juana y permitió a los monarcas rescatar más de la mitad de sus rentas.
En 1476, las Cortes reunidas en Madrigal de las Altas Torres aprobaron la constitución de la Santa Hermandad, un organismo policial y judicial que realizó una importante labor en la recaudación de impuestos. La Santa Hermandad fue clave en la restauración de la paz y el orden en el reino.
Reformas Institucionales y Administrativas
- El Consejo Real: En 1480 se reorganizó, dando un papel central a los letrados. Los nobles quedaron relegados a un papel meramente consultivo.
- Los Corregidores: El poder real también se reforzó en el ámbito local con la generalización de estas figuras para controlar los municipios.
- Órdenes Militares y Justicia: Otras medidas importantes fueron el control real de las órdenes militares y el fortalecimiento de la administración de la justicia.
En la Corona de Aragón, debido a su tradición política, el poder monárquico tuvo muchas más dificultades para fortalecerse. El poder de los lugartenientes generales, importantes por las frecuentes ausencias de Fernando II, fue reforzado.
La Proyección Exterior bajo los Reyes Católicos: Política Italiana y Norteafricana
Mientras que Castilla se lanzaba a la expansión atlántica y americana, los Reyes Católicos llevaron a cabo en Italia una política claramente heredera de la tradición aragonesa. Cerdeña y Sicilia estaban integradas en la Corona de Aragón, y en Nápoles reinaba una rama bastarda de Alfonso V. Fernando el Católico y el monarca francés, Carlos VIII, buscaron una solución pactada; fruto de esta actitud fue el Tratado de Barcelona, por el cual Aragón recuperaba el Rosellón y la Cerdaña.
La ruptura vino cuando Carlos VIII conquistó Nápoles en 1495. La reacción española fue inmediata y se enviaron tropas comandadas por Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán. Tras una larga y compleja campaña militar, las tropas españolas incorporaron a la monarquía el reino de Nápoles en 1505. España se convertía así en una gran potencia europea.
La Política Norteafricana
En el norte de África, practicaron una política expansionista que buscaba neutralizar a los piratas berberiscos, apoyados por la gran potencia del Mediterráneo oriental: el Imperio Turco. La Monarquía Hispánica mantuvo algunos plazas fuertes en el norte de África, pero no consiguió acabar con la piratería berberisca.