Evolución de las Instituciones Políticas en la Antigua Roma

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Las Magistraturas Republicanas

Uno de los órganos políticos fundamentales de la constitución republicana fueron las magistraturas. Significaron una apertura hacia una ordenación institucional más democrática que no se concebía en la época real, y su importancia se vio acrecentada por la incidencia que tuvieron en el desarrollo del derecho y en la resolución del problema social que afligía a Roma desde sus tiempos más arcaicos.

Las magistraturas se definieron por tres características esenciales:

  • Temporalidad: Los magistrados duraban un año en sus funciones, a excepción del censor, que disponía de dieciocho meses para cumplir con las tareas censales.
  • Colegialidad: Es otro de los caracteres de las magistraturas republicanas. La ejercían dos o más titulares. De los dos magistrados, mientras uno ejercía la función, el otro estaba en receso, pero mantenía la facultad de oponer su veto a las decisiones del colega.
  • Electividad: Fue la tercera característica de las magistraturas de la República, porque los magistrados eran elegidos por el pueblo reunido en comicios.

El Senado y los Comicios

El Senado fue integrado originalmente por los exmagistrados patricios. Sin embargo, esta oligarquía dominante no fue hermética a las aspiraciones de la plebe y, de este modo, admitió el ingreso de senadores plebeyos, aunque con rango inferior, ya que tenían derecho a votar pero carecían de voz en las deliberaciones. Posteriormente, se permitió ingresar al Senado a los tribunos de la plebe en un pie de igualdad con los exmagistrados patricios.

A partir de entonces, hubo paridad entre los órdenes sociales antagónicos en el gran Senado patricio-plebeyo de la República. El Senado también intervenía en la administración financiera del Estado, aprobando los gastos públicos, imponiendo tributos y autorizando al comicio a votar la emisión de la moneda.

El Imperio: Evolución Histórica y Política

El concepto histórico-político que se designa con el nombre de Imperio aparece con la unificación, un tanto arbitraria, de dos ciclos históricos perfectamente diferenciados:

El Principado

Este periodo mantiene sin mutaciones notables sus líneas clásicas desde Augusto hasta los Severos.

El Dominado o Imperio Absoluto

Esta etapa comienza a delinearse a partir de los emperadores de la dinastía de los Severos y culmina con la organización política que al gobierno le imprimen Diocleciano y Constantino.

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