La Evolución Teatral de Valle-Inclán: Del Mito al Esperpento
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La Evolución Teatral de Valle-Inclán
Ramón María del Valle-Inclán dedicó un esfuerzo constante a la renovación e innovación de la escena española. Su trayectoria comienza con Cenizas y cierra su producción teatral con La hija del capitán. Su obra puede agruparse en tres ciclos fundamentales:
- Ciclo del mito.
- Ciclo de la farsa.
- Ciclo del esperpento.
El ciclo mítico
Este periodo está formado básicamente por las Comedias bárbaras: Águila de blasón, Romance de lobos y Cara de plata.
El marco de estas obras es una Galicia mítica, en la que imperan fuerzas primarias (el poder, el sexo, la avaricia, el miedo, etc.) que zarandean a los personajes.
El ciclo de las farsas
Representa la transición del Modernismo al esperpento. Valle-Inclán introduce personajes de la farándula, el uso de disfraces y el tema del teatro dentro del teatro, buscando la ruptura del efecto de realidad escénica:
- La marquesa Rosalinda: un leve intento de crítica ideológica.
- Farsa italiana de la enamorada del rey: un escarnio de la institución monárquica que opone la clase de los cortesanos al pueblo llano.
El teatro esperpéntico
El esperpento es, según Valle-Inclán, una estética deformadora que resalta lo grotesco y supone «una superación del dolor y de la risa».
A través de una crítica ácida de la España de la época y sus instituciones, el autor muestra un mundo absurdo en el que todo está del revés. Para lograrlo, utiliza los siguientes procedimientos:
- Deformación caricaturesca de la realidad y de los personajes: Valle se propone obligar al espectador a reflexionar y juzgar impasiblemente los conflictos presentados.
- Creación de situaciones absurdas y exageradas.
- Empleo constante de la ironía y la sátira.
- Uso de un lenguaje coloquial, que llega incluso a lo vulgar, lleno de casticismo y juegos de palabras.
Luces de Bohemia y la culminación del género
Destaca Luces de Bohemia, que describe la última noche en la vida de un poeta bohemio, ciego y pobre llamado Max Estrella. Durante su largo paseo nocturno con don Latino de Hispalis, un hombre aprovechado y egoísta, aparecen caricaturescamente deformados los aspectos más miserables de la vida española y de la condición humana.
La obra está estructurada en quince escenas por las que desfilan personajes dispares (policías, prostitutas, poetas, etc.) que sirven a Valle para realizar una fuerte crítica social y política de la España del momento.
Tras Luces de Bohemia, el autor solo concedió la categoría de esperpentos a tres breves piezas reunidas bajo el título Martes de carnaval (Los cuernos de Don Friolera, Las galas del difunto y La hija del capitán).