La Evolución del Teatro Español en el Siglo XVIII: De la Comedia Barroca al Neoclasicismo Ilustrado

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El Teatro en la España del Siglo XVIII: Entre la Tradición Barroca y la Reforma Neoclásica

El Auge del Teatro Popular y la Herencia Barroca

La comedia barroca siguió teniendo una enorme aceptación popular durante el siglo XVIII. Sin embargo, esta popularidad llevó a la proliferación de formas y técnicas exageradas, consideradas por los críticos como un estilo degenerado.

Géneros Populares y Excesos Escénicos

Entre estas formas destacaron las comedias de magia, llenas de elementos extraños, espectaculares efectos escénicos y una gran complejidad tramoyística. Para evitar el dislate escénico y los comportamientos incívicos asociados a estos espectáculos, las autoridades tomaron medidas drásticas. En 1765, se prohibieron los espectáculos más fantasiosos, como los Autos Sacramentales.

El Teatro Lírico y las Formas Breves

Al margen de este ambiente febril del teatro popular, se siguió representando el teatro lírico para la nobleza (óperas y zarzuelas). Para atraer al público, se incorporaron situaciones realistas y colorido local. Esto solo se logró con éxito en las formas breves:

  • Los sainetes musicados, piezas cortas que heredaban la tradición del entremés.
  • La tonadilla escénica, pequeña ópera cómica constituida por melodías folklóricas.

Ramón de la Cruz (1731-1794): El Maestro del Sainete

Ramón de la Cruz hereda en sus sainetes la esencia del entremés. Sus obras estaban concebidas con la mera finalidad de entretener, aunque rezumaban tradicionalismo y no escapaban a una sutil intención moralizadora. Sus características principales son:

  • Son escenas costumbristas.
  • Carentes de argumento complejo.
  • Ágiles y graciosas en el decir.
  • Incorporan música y baile para divertir al público.

Su obra más famosa es Manolo, una parodia con tintes trágicos donde se mofa de los ilustrados y sus pretensiones reformistas.

El Teatro Neoclásico Español: La Reforma Ilustrada

Los ilustrados lucharon con denuedo contra estas tendencias populares, que consideraban alejadas de sus gustos estéticos e intereses educativos y políticos. Sin embargo, el modelo popular era rentable y nadie deseaba cambiarlo. Solo en la última década del siglo triunfaría plenamente una obra de Moratín.

A pesar de la resistencia, los monarcas Borbones y el grupo de ilustrados propugnaron el cambio social y político en España y se esforzaron por implantar las formas clásicas difundidas con éxito en Europa, siguiendo el modelo francés.

La Preceptiva Clásica: Ignacio de Luzán

Ignacio de Luzán, en su obra fundamental Poética (1737), expuso las líneas de la preceptiva clásica, defendiendo asuntos verosímiles y una finalidad moralizante para el teatro. Esta obra no tuvo un eco inmediato; de hecho, la segunda edición no apareció hasta 1789, momento en el que las tesis neoclásicas comenzaban a abrirse paso entre la maraña de formas teatrales, muchas de ellas ya agotadas por los excesos escénicos del teatro popular.