Expansión Cartaginesa en Hispania: Orígenes y Desarrollo de la Segunda Guerra Púnica
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La Expansión Cartaginesa en la Península Ibérica y el Conflicto con Roma
Cartago, con dificultades económicas y sin recursos suficientes para pagar a Roma, decidió proceder a una expansión que generó un debate interno. Por un lado, estaban los partidarios de la expansión por África, buscando evitar la confrontación con Roma, representados por Hannón. Por otro, los defensores de ampliar los dominios en la Península Ibérica, liderados por los Bárcidas de Amílcar Barca. Finalmente, la segunda opción prevaleció, contando con el apoyo del Senado y del pueblo cartaginés.
Presencia Cartaginesa en la Península Ibérica
Esta presencia se inició en el 237 a. C., cuando Amílcar Barca partió hacia Gadir y desde allí inició la conquista del interior peninsular. Sus objetivos principales eran:
- La explotación agraria de las tierras del Valle del Guadalquivir y el Levante.
- La explotación minera en la zona de Cástulo y Cartago Nova.
- La ampliación de sus operaciones comerciales.
El dominio territorial se consolidó entre el 237 y el 218 a. C. con los generales Amílcar, Asdrúbal y Aníbal, quienes reforzaron sus posiciones en el este peninsular. Sin embargo, este dominio no pudo consolidarse únicamente por la fuerza, ya que Cartago (al igual que más tarde le ocurriría a Roma) no disponía de efectivos suficientes para someter todo aquel vasto territorio. Por ello, fueron esenciales las alianzas con las antiguas colonias fenicias y con las élites ibéricas.
Además, se fundaron importantes ciudades y se realizaron expediciones clave:
- Amílcar fundó una ciudad como centro de operaciones en el entorno de Akra Leuké.
- Asdrúbal fundó Cartago Nova.
- Aníbal encabezó una expedición a la Meseta, tras atravesar el territorio de los vettones.
Esta expansión incrementó la tensión con Roma, que envió una embajada en el 231 a. C., recordando el tratado firmado en el 348 a. C. entre ambas potencias, por el cual se comprometían a respetar los intereses griegos en el área comprendida entre Marsella y el Cabo de Palos, especialmente los de Roma. En el 226 a. C., Roma enviaría una segunda embajada que culminó en el conocido «Pacto del Ebro», según el cual los cartagineses no debían expandirse al norte del río Ebro.
La Segunda Guerra Púnica
Los cartagineses atacaron y tomaron Sagunto en el 219 a. C., tras ocho meses de asedio. Roma intervino a pesar de que Cartago no había sobrepasado el límite del Ebro. Esto se debió a causas más profundas, puesto que la toma de Sagunto era inaceptable para las oligarquías romanas, ya que amenazaba con romper el equilibrio de poder entre ambas potencias. Además, en el Senado de Sagunto existían dos facciones: una pro-cartaginesa (partidaria de someterse sin luchar a cambio de condiciones ventajosas) y otra pro-romana (que buscaba la alianza con Roma). Roma desembarcó en el 218 a. C. con Escipión en Ampurias, dando inicio así a la guerra entre ambas potencias.
El objetivo de Aníbal en aquel momento era marchar hacia Italia, llevando la guerra al propio territorio de Roma. Los primeros enfrentamientos entre Cartago y Roma en la Península Ibérica, durante la primera década del conflicto, no alteraron significativamente el equilibrio político. Sin embargo, en el 209 a. C., Roma tomó Cartago Nova, apoderándose de su arsenal militar, de los rehenes de las familias indígenas y de la riqueza mineral. Simultáneamente, Aníbal comenzó a enfrentar dificultades en Italia, lo que marcó un punto de inflexión en el conflicto.
En el 206 a. C., Gades fue entregada a los romanos y, de esa forma, la franja costera del sur y el este peninsular quedó bajo el control de Roma.