La filosofía de Nietzsche: Dios, el nihilismo y el superhombre

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La muerte de Dios en el pensamiento de Nietzsche

Nietzsche anuncia que “Dios ha muerto”. Por un lado, desea que la humanidad abandone la necesidad de creer en una divinidad. Dios ha muerto porque es una ficción y porque los avances científicos han sustituido esta necesidad. Sin embargo, no se refiere únicamente al Dios cristiano; para Nietzsche, Dios representa todo aquello que consideramos absoluto y necesario, como el dinero o el poder. En otro sentido, sostiene que Dios debe morir para dejar paso al superhombre, ya que este no cree en ninguna entidad divina.

El nihilismo: Definición y tipos

El nihilismo es la creencia en la nada. Nietzsche distingue varios tipos:

  • Negativo (Platón, cristianismo): Es la creencia en Dios; al ser una ficción, creer en Él equivale a creer en la nada.
  • Reactivo: Al morir Dios, se le sustituye por otros valores que tampoco poseen un valor real.
  • Pasivo: El individuo se da cuenta de que ni Dios ni otros valores tienen sentido, lo que anula su voluntad.
  • Activo: Es la postura propia de Nietzsche; sostiene que la vida carece de sentido intrínseco, pero ello no implica dejar de vivir.

La tipología del ser humano

Nietzsche clasifica al ser humano en tres tipos fundamentales:

1. El hombre tradicional o metafísico

Es un nihilista negativo y reactivo que necesita de algún dios. Es un optimista que cree en la unidad y el progreso, considerando que el mundo es imperfecto pero puede y debe cambiar. Se simboliza con el camello, debido a la carga que lleva a la espalda. Cree en verdades absolutas, vive el tiempo de forma lineal y se le puede definir como “autoexigente”.

2. El último hombre

Es un nihilista pasivo y un pesimista que se abandona a sí mismo, igualando todas las cosas. Se identifica con el león, ya que está furioso con el mundo. Vive un presente efímero carente de objetivos y se le puede definir como “autoindulgente”.

3. El superhombre

Es un nihilista activo y un realista que se acepta y se autodetermina. Entiende que el mundo es imperfecto, pero no puede ni quiere cambiarlo. Se le representa con un niño porque disfruta del instante sin objetivos. Vive el tiempo como un tiempo cíclico (eterno retorno), lo cual tiene dos interpretaciones: la cosmológica (tanto el dolor como el placer siempre van a volver) y la moral.

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