La fundación de Buero Vallejo: libertad, locura y el compromiso del espectador

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La libertad frente a la opresión en La fundación

El tema principal de la obra es la libertad en contraposición al poder de la opresión. El autor utiliza el encarcelamiento político como símbolo de todo aquello que impide a las personas ser completamente libres. Critica la esclavitud encubierta bajo falsas apariencias de libertad a través del autoengaño.

El ejemplo más claro es La fundación, que representa, entre otras cosas, las ataduras de los que no somos conscientes, pero que están ahí, alienándonos.

La locura y la enajenación

Otro tema que trata Buero Vallejo es la locura o la enajenación debida a trastornos psicológicos. Es un tema muy recurrente en toda su obra. Estos personajes se caracterizan porque su locura les permite conocer la realidad de una forma diferente: están encerrados en su propio mundo, aislados, y suele ser una forma de evasión.

La culpa

La culpa es otro tema presente en La fundación. Los culpables se dividen en dos categorías diferentes, según su culpa sea justificable o no.

  • Max no lo es, pues traiciona a sus compañeros de forma espontánea para obtener mejoras personales, y paga su culpa con la muerte.
  • Sin embargo, Asel y Tomás son inculpables, porque su debilidad humana les impidió resistir la tortura.

El simbolismo

La obra La fundación recurre al símbolo como recurso estático. Los objetos, espacios y personajes tienen más de un significado: todo es lo que parece y algo más. Algunos de los símbolos más importantes de La fundación son:

  • La fundación: es la falsa realidad donde vive Tomás para olvidarse de sus verdaderos problemas. Representa los sueños y las convicciones acomodaticias a las que nos aferramos para escaparnos de las responsabilidades. A medida que el protagonista se va dando cuenta de la realidad, La fundación se va convirtiendo en una cárcel.

Así, Antonio Buero Vallejo nos da a entender de forma pesimista que la vida es una prisión, y por lo tanto, nuestro mundo y La fundación son lo mismo. Ante este descubrimiento, la actitud de lucha hacia un mundo mejor resulta la única posibilidad ética que tenemos.

  • El ventanal: según Asel, es el único elemento que existe de verdad. El ventanal simboliza el futuro, un mundo feliz y mejor que se puede conseguir por medio de la lucha y la insumisión hacia las distintas formas de dictadura que nos coartan nuestras libertades.
  • La puerta: es la representación de los sueños de Tomás, y al mismo tiempo, su inconsistencia. Así, el ratón al que cuida, también llamado Tomás, desaparecerá cuando el protagonista asuma la realidad y acepte sus fuerzas y flaquezas. La muerte del ratón, por lo tanto, puede ser entendida como una liberación, ya que Tomás, a partir de ese momento, se convierte por fin en un ser humano íntegro.

Otros elementos son: el retrato descubierto, que representa la dignidad humana pisoteada; los hologramas, con los que se sigue la reflexión sobre la naturaleza de la realidad; el hombre muerto, etc., aunque los tres anteriores pueden considerarse los ejes centrales de la representación.

La técnica: el efecto de inmersión

En cuanto a la técnica, debemos hablar del efecto de inmersión. Este recurso consiste en conseguir que el público se identifique con determinados personajes, es decir, Buero Vallejo pretende que el público sea partícipe, aunque no quiera, de los problemas y de la situación anímica de algunos de los protagonistas, de una forma tanto psíquica como física.

En el caso de La fundación, la inmersión se plasma en la asunción del punto de vista de Tomás: cinco hombres están reunidos en un espacio escénico que va cambiando a medida que progresa la acción. Al principio, pensamos que nos encontramos en una habitación llena de lujos, con vistas a un precioso paisaje, y al final, la habitación no es más que una celda. Además, los cinco científicos que formaban parte de un moderno centro de investigación, son en realidad cinco condenados a muerte.

El final abierto

El final abierto de la tragedia ofrece a los espectadores una esperanza y, a la vez, un compromiso: el espectador será quien decida el final de la historia.

Cuando el escenario se queda vacío, la celda se transforma de nuevo en la vieja habitación de La fundación, lista para recibir a sus nuevos inquilinos. La fábula vuelve a empezar.

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