Fundamentos de la Ética Clásica: Virtudes, Ley y la Naturaleza del Acto Moral
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El mal y su falta de entidad
El mal se define como la privación de un bien debido: es la ausencia de algo que un sujeto debería poseer pero no posee (por ejemplo, la ceguera es la privación del sentido de la vista). El mal es real, pero no tiene entidad positiva: es pura negación, ausencia de algo en un sujeto real. El mal necesita sustentarse en el bien para existir. Por eso, el mal absoluto no puede existir.
La definición tomista de ley
Santo Tomás define la ley como: "una ordenación de la razón dirigida al bien común, promulgada por quien tiene a cargo la comunidad". Sus elementos fundamentales son:
- Debe ser un acto de la razón.
- Debe orientarse al bien común.
- Debe ser promulgada por la autoridad legítima.
Formación de la conciencia moral: Las tres raíces de la moralidad
Para juzgar si un acto es bueno o malo, siempre hay que examinar tres elementos esenciales:
- El objeto moral: Aquello a lo que la acción tiende de suyo, desde una perspectiva moral (no física). Es la primera raíz y le otorga al acto su moralidad intrínseca y esencial. Hay actos que son malos en sí mismos independientemente de la intención (robar, mentir, matar). Una buena intención nunca puede transformar en bueno un acto cuyo objeto es intrínsecamente malo.
- El fin o intención del agente: Un acto de suyo bueno puede volverse malo si la intención es mala. Sin embargo, una buena intención nunca puede transformar en bueno un acto cuyo objeto es malo. El fin no justifica los medios.
- Las circunstancias: El conjunto de elementos que rodean al acto (quién obra, dónde, cuándo, con qué medios, con qué efectos). Pueden agravar o atenuar la moralidad, e incluso convertir en malo un acto que de suyo era bueno. Pero nunca pueden convertir en bueno un acto malo.
Regla general: Para que una acción sea moralmente buena, deben ser buenos el objeto, el fin y las circunstancias. El bien requiere integridad: basta que uno de los tres falle para que el acto sea considerado malo.
Las pasiones
Las pasiones son actos o movimientos de las tendencias sensibles que tienen por objeto un bien captado por los sentidos. Son sentimientos de atracción o de repulsa frente a un bien o un mal.
Las dos potencias apetitivas
- Potencia concupiscible: Reacciona ante los bienes y males sensibles; busca el bien placentero. Sus actos respecto al bien son: el amor, el deseo y el gozo. Respecto al mal: el odio, la fuga y la tristeza ante el mal presente.
- Potencia irascible: Actúa ante los bienes difíciles de conseguir o ante los males difíciles de evitar; enfrenta las dificultades. Sus actos respecto al bien arduo: la esperanza y la audacia. Respecto al mal difícil: el desánimo, el miedo y la ira.
- La voluntad tiene movimientos semejantes pero de carácter no sensible.
Las virtudes, los vicios y la incontinencia
Las virtudes como hábitos operativos buenos
La virtud se define como el hábito operativo bueno (Santo Tomás). Las virtudes tienen un doble efecto: hacen buena la obra y hacen mejor al sujeto que las practica. No son innatas: se adquieren por la repetición de actos. La ética aristotélica no se centra en elaborar un catálogo de normas, sino en determinar qué significa ser virtuoso: si conocemos al hombre virtuoso, sabremos lo que tenemos que hacer.
Potencias unívocas y multidireccionales
En el ser humano hay potencias unívocas (como la vista, que solo sirve para ver) que no necesitan entrenamiento. Pero hay capacidades multidireccionales que pueden dirigirse a objetos muy diversos o incluso contradictorios (como la voluntad, o la técnica; por ejemplo, la medicina puede curar o matar).
Cómo se adquiere la virtud
Las virtudes se adquieren por la repetición de actos y se pierden por la realización de actos contrarios. Aristóteles lo resume.
Tipos de virtudes
- Virtudes intelectuales: Perfeccionan la inteligencia especulativa o práctica. Nos permiten conocer mejor, pero no garantizan que obremos bien. Se puede ser un magnífico abogado y ser, básicamente, un canalla.
- Virtudes morales: Perfeccionan la voluntad y las tendencias sensibles. Son las que nos hacen buenos en sentido pleno.
Las cuatro virtudes cardinales
- Prudencia: Compete a la inteligencia práctica. Se define como la recta razón de lo que se debe obrar para obrar bien (recta ratio agibilium). Es la virtud de las virtudes: sin prudencia no puede haber virtud moral alguna, y a la vez no puede haber prudencia si no se dan todas las demás virtudes morales.
- Justicia: Compete a la voluntad. Se define como la perpetua y constante voluntad de darle a cada uno lo suyo. Es la única virtud donde es posible separar el aspecto objetivo del subjetivo, porque siempre está referida a otro.
- Fortaleza: Compete al apetito irascible. Tiene dos facetas: la capacidad de emprender y acometer grandes desafíos (aspecto positivo), y la capacidad de resistir el sufrimiento, la rutina y la desesperanza (aspecto pasivo, el más difícil y el más importante). Se halla en el término medio entre la cobardía y la temeridad.
- Templanza: Compete al apetito concupiscible. Modera los placeres corporales (comida, bebida, sexo) según el orden de la recta razón, para que el alma quede libre para conocer y amar. La humildad es parte esencial de la templanza, pues modera el apetito desordenado a la propia excelencia.
Los tres actos de la prudencia
La prudencia realiza tres actos sucesivos:
- Deliberación: Analizar los pros y los contras de las distintas posibilidades. Implica estudio, imaginación, experiencia y consejo. Lo propio del prudente es pedir consejo.
- Juicio: Pronunciarse sobre cuál es el medio más apto para hacer el bien. Tiene un tiempo acotado: no se puede deliberar eternamente.
- Imperio: Decidirse a actuar y poner por obra lo determinado. Es el acto más importante: sin la acción no hay prudencia real.
Conexión entre las virtudes
Las virtudes están conectadas entre sí: para que una virtud se dé en forma completa y perfecta, deben darse también las demás. Esta conexión se realiza máximamente a través de la prudencia.
Los vicios
Los vicios son estilos de conducta o disposiciones arraigadas en el sujeto que lo empujan a elegir el mal. Para que se forme un vicio, los actos malos deben ser reiterados: un solo acto malo no genera un vicio. Con los vicios ocurre lo contrario que con las virtudes: la acción es mala, pero además envilece al sujeto que la comete.
Cómo se conoce el mal
Para conocer el mal es necesario conocer primero el bien que falta en esa acción, ya que el mal es privación de un bien debido. Existe una asimetría: para conocer el bien hay que practicarlo; para conocer realmente el mal, es necesario conocer el bien, porque solo así se advierte lo que le falta a ese acto.
La incontinencia
Entre la virtud y el vicio existe un campo intermedio: la incontinencia. El incontinente es aquel que sabe lo que está bien pero no lo hace, porque su voluntad es débil y se deja vencer por las pasiones.
A diferencia del vicioso, el incontinente:
- Conoce el bien y el mal claramente.
- Siente incomodidad y remordimiento cuando actúa mal, porque su inteligencia no ha sido corrompida.
- Sufre una lucha interior entre lo que sabe que debe hacer y lo que termina haciendo.
El vicioso, en cambio, ya no percibe que su acción es mala.
Los vicios capitales
Así como existen 4 virtudes cardinales (que son el "quicio" o eje de las demás virtudes), existen 7 vicios capitales (de capitis, cabeza), que son cabeza de los demás vicios:
- Soberbia
- Avaricia
- Lujuria
- Gula
- Ira
- Envidia
- Pereza (acedia)