Fundamentos Éticos: Consecuencialismo y Deontología en la Filosofía Moral

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Teorías Éticas: Consecuencialismo y Deontología

Contraponiéndose a las éticas deontológicas se sitúa el modelo ético consecuencialista. Este considera que el objetivo de la ética es obtener las mejores consecuencias posibles.

El Consecuencialismo: Fines y Consecuencias

La rama más conocida del consecuencialismo es el utilitarismo, que defiende que la ética debe buscar la mayor felicidad para el mayor número de personas posible. Explicado de otra manera, el consecuencialismo sostiene que los fines de una acción suponen la base de cualquier apreciación moral sobre esa acción.

En esta corriente se apoyan filósofos como Aristóteles o Epicuro, defensores de lo anterior.

Aristóteles y la Felicidad como Bien Supremo

Aristóteles sostiene que el bien supremo es la felicidad, la cual no es un medio, sino una meta. Para alcanzar la felicidad, debemos desarrollar la virtud, que surge de la costumbre. También debemos huir de los excesos y centrarnos en el término medio, que encontramos a través de la razón.

Epicuro y el Placer como Bien Supremo

En cambio, Epicuro pensaba que el placer era el bien supremo, el cual se basa en la ausencia del dolor. Destacaba tres tipos de placeres:

  • Naturales y necesarios: En los que nos tenemos que centrar, como alimentarse o pensar.
  • Naturales e innecesarios.
  • No naturales ni necesarios.

Las Éticas Deontológicas: El Deber como Fundamento

Las éticas deontológicas son éticas que fundamentan la acción moral en el deber. Es buena moralmente aquella acción que se efectúa solo porque es un deber realizarla y no por otro motivo (utilidad, miedo a las consecuencias, esperanza de un premio, placer).

Kant y la Ética Formalista

El máximo defensor de esta teoría era Kant, junto a su ética formalista, que sostenía que lo bueno se encuentra en la virtud y en el deber, y que la ética no se debe ocupar de las consecuencias de una acción. La ética de Kant pretende, por tanto, ser universal y necesaria: en ella no cabe el interés propio ni el egoísmo, sino solo la buena voluntad de actuar de acuerdo con el deber.

A esta ética, Kant la llama «formal» y «autónoma», mientras que considera que las restantes son «materiales» y «heterónomas», por cuanto en ellas la voluntad humana se determina a obrar por motivos prácticos y no por motivos estrictamente morales.

Si queremos una ética universal que valga para todos y para todo tiempo, una ética para la cual lo que es bueno o malo no depende del momento o de las circunstancias o del interés individual, entonces tenemos que fundamentarla en un principio al que Kant denomina imperativo categórico y que formula del siguiente modo:

«Obra solo según aquella máxima que puedas querer que se convierta, al mismo tiempo, en ley universal».