Fundamentos de la Justicia y la Ética en la Filosofía Griega

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La Justicia según Platón

La justicia para Platón estaba relacionada con el hecho de que la estructura de la sociedad ha de buscar la armonía.

Platón concluyó que los ciudadanos se tenían que dividir de manera natural en tres clases sociales: gobernantes, soldados y productores, ya que no todos los individuos tienen las mismas cualidades por naturaleza.

  • Los soldados: Los más valientes pertenecían a esta clase. Su virtud principal era la fortaleza.
  • Los gobernantes: Entre los guardianes son seleccionados los futuros gobernantes, aquellos que deben recibir una educación filosófica. Su principal virtud es la prudencia, ya que predomina en ellos la parte racional del alma.
  • Los productores: Aquellos que muestran una inclinación apetitiva pertenecen a la clase de los productores y serán los encargados de abastecer a la ciudad de los bienes materiales. Su virtud es la templanza, es decir, el control de los impulsos.

La armonía se identifica con la justicia y se logra cuando cada uno de los ciudadanos realiza la función que, por su naturaleza, le corresponde.

El Convencionalismo de los Sofistas

Los sofistas eran profesionales que enseñaban en Grecia las artes de la oratoria. Su actividad ha sido muy necesaria en la democracia, que exigía la participación del ciudadano de forma directa. En Atenas, se imponía la tesis de aquel que era capaz de convencer a sus conciudadanos en la Asamblea y en los tribunales. Así, todos los ciudadanos podían defender sus opiniones e intereses y participar en los destinos de la polis.

Los sofistas vinieron a ser educadores de los ciudadanos de la democracia. Su doctrina moral y política es el convencionalismo, que afirmaba que las instituciones y las leyes políticas no tienen un origen natural, sino que son fruto de la convención social. Uno de los sofistas más destacados de la época fue Protágoras.

La Sabiduría y la Vida Contemplativa

Para Aristóteles, la vida feliz tiene que ser el desempeño de una actividad y, para él, esta actividad es la vida contemplativa. Vivir para conocer es la forma de vida superior que cabe imaginar, porque el saber no es un medio para lograr otra cosa, sino que es un fin en sí mismo.

La virtud de la razón contemplativa es el hábito de captar la verdad acerca de los aspectos universales y necesarios de la realidad. Este hábito se conoce como sabiduría. La máxima felicidad del hombre es la vida contemplativa y, por esa razón, los animales y los niños no pueden alcanzar este estado de plenitud.

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