Fundamentos de la Moralidad y el Bien Supremo

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Los Postulados de la Razón Práctica

El uso práctico de la razón consiste en que esta facultad dicte las normas que debemos obedecer para obrar bien. No es necesario ser sabio para conocer cuáles son nuestros deberes morales, pues la moral es autónoma con respecto al conocimiento.

La Naturaleza de las Leyes Morales

Las leyes morales son juicios prácticos sintéticos a priori, cuya realidad objetiva conocemos por medio del hecho de la razón práctica, que es el sentimiento del deber. Este sentimiento es a priori, pues se contrapone a nuestras inclinaciones, que nos hacen desear ciertas cosas.

Como el sentimiento del deber (la moralidad) no procede de nuestra naturaleza sensible, debe provenir de la razón práctica y su fundamento es la libertad de la voluntad. La libertad o autonomía de la voluntad es la capacidad de actuar resistiendo las inclinaciones naturales, es decir, con legalidad y moralidad. La libertad es un noúmeno, ya que su existencia no puede justificarse teóricamente.

Los Tres Postulados Fundamentales

Ahora bien, hemos de postular, en sentido práctico, los siguientes principios:

  • Primer postulado: La Libertad. Hemos de postular que somos libres, ya que experimentamos el sentimiento del deber, que tiene su fundamento en la libertad. Si debo hacer algo es porque puedo hacerlo; para poder realizar todos los deberes morales he de ser libre.
  • Segundo postulado: La Inmortalidad del Alma. Por otro lado, el bien supremo tiene dos componentes inseparables: la moralidad y la felicidad. La primera está a nuestro alcance en la medida en que cumplamos nuestros deberes. Sin embargo, la moralidad no garantiza que seamos felices, pues se produce aquí la antinomia de la razón práctica. Esta consiste en que la relación conceptual entre la virtud y la felicidad es sintética, no analítica, pero es tan imposible sostener que la virtud causa siempre la felicidad en esta vida como que la felicidad mundana causa la virtud. La solución a esta antinomia exige la inmortalidad del alma, pues es contradictorio que la moralidad, que nos hace merecedores de la felicidad, no obtenga recompensa alguna.
  • Tercer postulado: La Existencia de Dios. Por último, la razón práctica tiene que postular la existencia de Dios como garantía de que la moralidad de algunos hombres obtenga la recompensa de la felicidad, para lo cual Dios debe ser omnipotente, santo y justo.

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