Fundamentos del Pensamiento Cartesiano: La Certeza del Cogito y la Existencia Divina

Clasificado en Filosofía y ética

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Pienso, luego existo

En esta reflexión encontrarás el criterio de toda otra verdad, aquel que te permitirá distinguir lo verdadero de lo falso, así como el método científico que conduce al hallazgo de cualquier otra verdad.

El criterio de verdad

Las razones que pongan de manifiesto su evidencia nos servirán como criterio para descubrir todas las restantes verdades. La verdad resulta evidente porque la concebimos clara y distintamente; lo que concibamos de este modo será, evidentemente, verdadero.

Las reglas del método

Aplicando el criterio, descubriremos las reglas del método, las cuales ponen de manifiesto la evidencia del entendimiento para sí mismo, o del espíritu, o de la propia razón. El método se encuentra en la razón misma y sirve para vigilar su funcionamiento:

  • Regla de la evidencia
  • Regla del análisis
  • Regla de la síntesis
  • Regla de la enumeración

Las ideas

En mi mente también encuentro ideas, las cuales consideramos mediante dos aspectos. En el acto mental, fijándonos en su contenido objetivo, todas las ideas son iguales. Podemos clasificar tres tipos de ideas:

  • Adventicias: Proceden de fuera (las cosas naturales).
  • Facticias: Construidas por la mente.
  • Innatas: Propias del entendimiento.

La duda metódica

Motivos de duda

Debemos rechazar como falsas todas las cosas en las que pueda existir la menor sospecha de duda:

  • Los sentidos.
  • El mal uso de la razón.
  • La imposibilidad de distinguir el sueño de la vigilia.
  • La hipótesis del genio maligno.

Actualmente, no podemos admitir como verdadero nada que no supere este filtro.

La primera verdad indudable

Me encuentro abocado en la duda; dudo de todo y no puedo estar seguro de nada. Sin embargo, es necesaria una primera verdad indudable: si dudo, existo. En consecuencia, pienso, luego existo (Cogito ergo sum), lo cual manifiesta en sí misma su propia realidad. No hay nada más fácil de conocer que mi propio espíritu.

La existencia de Dios

Primera demostración

Tengo en mi mente la idea de Dios. Esta no puede surgir de las cosas que me rodean ni tampoco de mí mismo, pues Dios posee un contenido infinito. Dicha idea solo puede haber sido puesta en mi mente por un ser infinito: Dios.

Segunda demostración

Tengo en mi mente la idea de Dios y es evidente que no me he dado la existencia a mí mismo, pues en ese caso me hubiera otorgado todas las perfecciones contenidas en dicha idea. Tampoco puede deberse a mis padres o a otras causas imperfectas, ya que, en ese caso, yo...

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