La Generación del 98: Autores, Obras, Características y Estilo Literario

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Origen y Definición de la Generación del 98

La Generación del 98 recibe este nombre debido al acontecimiento histórico producido por el llamado «Desastre» de 1898. Lo integra un grupo de escritores que publican sus principales obras en los primeros años del siglo XX y que cumplen la mayor parte de los requisitos generacionales.

El «Grupo de los Tres» y la Voluntad de Acción

Especialmente el llamado «Grupo de los Tres» (Azorín, Baroja y Maeztu) conviven y colaboran en los mismos periódicos y revistas (sobre todo en la revista Juventud). Se sienten despegados de la generación anterior y, por reacción, cultivan un estilo antirretórico, sobrio y vivo. Pretenden llevar a cabo una acción común: es su reacción crítica ante la realidad del país. «Había que actuar», dirá Azorín.

En su manifiesto conjunto denuncian la situación decadente que ven en la sociedad de su tiempo, la desorientación de la juventud y el atraso general. En medio de todo esto observan las carencias estructurales de España; consideran que solo queda encontrar remedios eficaces y que es necesaria una auténtica «ciencia social» que sepa diagnosticar los problemas y estudiar las soluciones. De ahí su llamamiento regeneracionista.

Sin embargo, el intento activo duraría poco: al no haber encontrado la acogida que esperaban, un sentimiento de impotencia les hará abandonar la acción política directa. Cada uno seguirá con posterioridad su propio camino individual, pero el episodio resultó profundamente revelador de una corriente de ideas renovadora.

Figuras Clave y Precedentes

Miguel de Unamuno

Debemos añadir el nombre capital de Miguel de Unamuno (1864-1936). Los jóvenes escritores entraron pronto en contacto con él y le enviaron con atención especial su manifiesto. El insigne rector salmantino les prometió su apoyo. Don Miguel gozaba por entonces de un gran prestigio como luchador político y agitador de conciencias; tanto Azorín como Maeztu y Baroja lo consideraron siempre un auténtico maestro. Los requisitos generacionales pueden aplicarse plenamente a Unamuno, quien se erige en indiscutible cabeza y referente intelectual de la Generación del 98.

Ángel Ganivet

Aunque un año más joven que Unamuno, se debe citar al grandísimo Ángel Ganivet, quien murió tempranamente y no puede pasar de ser considerado un precedente directo de los otros autores, con quienes habría coincidido plenamente de haber seguido viviendo. En todo caso, causaron una honda impresión las ideas que expuso en su obra Idearium español (1897), donde analiza con rigor las características del alma española (el senequismo y el individualismo), las glorias pasadas, los males contemporáneos y la imperiosa necesidad de una renovación espiritual. Asimismo, su correspondencia epistolar es sumamente interesante para comprender su pensamiento dolorido y pesimista respecto al destino nacional.

Evolución: Antonio Machado y Ramón María del Valle-Inclán

Un epígono fundamental sería Antonio Machado, quien comenzó vinculado al estilo modernista para incidir después en las preocupaciones ideológicas, existenciales y literarias propias de los noventayochistas.

Finalmente, no debemos dejar de referirnos, aun dentro de su innegable especificidad estilística, a Ramón María del Valle-Inclán. También él atravesó una primera etapa marcadamente modernista para optar más tarde por las preocupaciones cívicas y la singular estética crítica afín a la Generación del 98.

Rasgos de Estilo y Estética Literaria

Voluntad Antirretórica y Cuidado Formal

En cuanto al estilo general, el gran escritor catalán coetáneo Joan Maragall apreciaba en ellos una notable fuerza y sinceridad expresiva. En efecto, en todos se percibe una firme voluntad antirretórica motivada por la reacción contra el grandilocuente tono decimonónico. Pero, al mismo tiempo, esa reacción supone una repulsa terminante del prosaísmo vulgar y, por ende, un exigente y depurado cuidado de la forma.

Antirretórico y rigurosamente cuidado será, pues, el estilo predominante del 98. Este principio se hace patente tanto en el tono apasionado y agónico de Unamuno o Maeztu como en la limpia concisión de Azorín o la adusta densidad poética de Machado. Incluso el aparente desaliño narrativo de Baroja o el desgarrado esperpento de Valle-Inclán responden en el fondo a idéntica búsqueda de autenticidad.

Vocabulario Tradicional y Terruñero

Otro rasgo común —y de suma relevancia— es el gusto por el léxico tradicional y terruñero. Escritores como Unamuno, Azorín o Valle-Inclán pusieron en circulación un caudal léxico amplísimo que recogieron directamente del habla viva de los pueblos o desenterraron de la literatura clásica castellana. Algunas voces rescatadas, como moyo o entresijo, acabaron integrándose con naturalidad al uso cotidiano.

Subjetivismo y Visión del Paisaje

Interesa destacar de modo primordial un rasgo definitorio de su estética: el marcado subjetivismo. De él brota el intenso lirismo que impregna numerosas páginas de estos autores como testimonio elocuente de su sentir personal. Y de ahí procede también el hecho de que en sus evocaciones del paisaje resulte casi imposible deslindar lo observado del modo de mirar: el paisaje y el alma, la realidad física y la sensibilidad (o postura ideológica) acaban fusionándose de manera indisoluble.

Nómina de Autores y Obras Principales

  • Miguel de Unamuno: Niebla; San Manuel Bueno, mártir; Amor y pedagogía.
  • Pío Baroja: Camino de perfección; El árbol de la ciencia; Aurora roja; Zalacaín el aventurero.
  • Azorín (José Martínez Ruiz): La voluntad; Antonio Azorín; Old Spain.
  • Antonio Machado: Campos de Castilla.
  • Ramón María del Valle-Inclán: Comedias bárbaras; Luces de bohemia.

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