El Golpe de Estado de Primo de Rivera (1923): Factores Clave y Establecimiento de la Dictadura en España
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El 13 de septiembre de 1923, Miguel Primo de Rivera, Capitán General de Cataluña, encabezó el Golpe de Estado que triunfó en todo el país y que fue visto con buenos ojos por el Rey Alfonso XIII. El destino de la monarquía española quedaba así ligado al del dictador, y su caída arrastró un año después a Alfonso XIII.
No ha podido demostrarse que el Rey promoviera el Golpe de Estado, pero no cabe duda de que estaba enterado de lo que se tramaba en los cuarteles; además, Alfonso XIII se sentía ahogado por una Constitución (la de 1876) que le dejaba poca libertad de acción, llegando a afirmar que sería capaz de gobernar “con la Constitución o sin ella”. El monarca llegó a consultarle a Antonio Maura sobre la conveniencia de encabezar él mismo un régimen de dictadura, pero el exdirigente conservador le hizo ver que era tarea propia de los militares.
Causas y Contexto del Golpe de Estado de 1923
Diversos factores contribuyeron a la inestabilidad política y social que propició el golpe militar:
- El creciente protagonismo del Ejército en la vida política del país, que ya se había manifestado en la crisis de 1917, y que discurría en paralelo con su ineficacia como cuerpo armado, puesta en evidencia por el problema de Marruecos: el Desastre de Annual.
- La grave situación del orden público, la corrupción política, el alza de los precios y la sangría permanente de recursos reclamaba, según algunos, una solución drástica al problema; una política “quirúrgica” que hundiera el bisturí en los males que aquejaban a la Nación.
- El auge de los nacionalismos periféricos. El nacionalismo catalán y vasco eran mal vistos tanto por el Ejército como por los grupos de ideología derechista, a pesar de que el catalanismo era en aquel momento muy moderado, a excepción de algunos grupos como Acció Catalana, escindida de la Lliga, que contribuyó a aumentar la inquietud de las fuerzas nacionalistas españolas. Más extremas eran las reivindicaciones del PNV, aunque en aquel momento el partido vasco era todavía muy débil. El problema era, en consecuencia, casi exclusivamente catalán.
Establecimiento del Directorio Militar
Primo de Rivera, militar de prestigio en las campañas de Cuba, Filipinas y Marruecos, contó para hacer triunfar el Golpe de Estado con el apoyo de algunos generales, como Sanjurjo en Zaragoza y, especialmente, el del gobernador militar de Madrid, Duque de Tetuán. El Presidente del Gobierno, García Prieto, solicitó al Rey que destituyera a los militares sublevados; al negarse este, el Gobierno no tuvo más remedio que dimitir. Entonces el Rey llamó al general Primo de Rivera para que se hiciese cargo del Gobierno, y por Real Decreto de 15 de septiembre de 1923, tomó el “cargo de Presidente del Directorio Militar encargado de la gobernación del Estado”.
Ese mismo día dio a conocer un “Manifiesto al País y al Ejército”, donde expresaba su decidido propósito de liberar a España de los profesionales de la vieja política y de emprender urgentes reformas económicas, sociales y políticas. Iniciaba así una política personalista y paternalista, en la que sus relaciones con el Rey fueron a veces difíciles; es conocida su frase de “a mí no me borbonea nadie”.
No pretendió establecer un régimen definitivo; esta contradicción entre la liquidación política de la Restauración y la provisionalidad del sistema dictatorial se volvería contra él.
Reacciones y Apoyos Sociales a la Dictadura
El Golpe de Estado fue posible, sobre todo, por la actitud de dos fuerzas clave: la burguesía y el movimiento obrero.
- La Burguesía: Aquella se puso sin disimulos del lado de la dictadura, y la que marcó la pauta fue la catalana; así frenaba a la clase obrera y a los políticos de los antiguos partidos. Pero lo abandonaría al dictador en 1930 cuando juzgó que su sistema no le servía para mantener y salvar la estructura económica, base de su influencia.
- El Movimiento Obrero: Al carecer de una firme conciencia política, no dio lugar a protestas; los obreros se mantuvieron tranquilos. Anarcosindicalistas y comunistas, vanguardia del proletariado español, se prepararon para defender su existencia. En cambio, el Partido Socialista y la UGT pasaron de una actitud expectante, que era ya asentimiento, a la aceptación y colaboración a lo largo de los casi siete años.