Goya y la Efervescencia Cultural de la España del Siglo XIX

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El Progreso Cultural en el Siglo XIX

Los centros culturales se multiplicaron en el siglo XIX. Entre ellos destacaron las academias; los museos, como el Prado (1819) y el Museo Arqueológico (1867); y algunas instituciones privadas, como el Ateneo de Madrid (1835) y los Liceos Artísticos y Literarios. La literatura aportó grandes figuras en el Romanticismo, el Realismo y el Naturalismo. La prensa también alcanzó una gran difusión.

Goya, un Genio entre Dos Siglos

Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828) fue el pintor más destacado de la segunda mitad del siglo XVIII y de principios del XIX. Su pintura no puede encuadrarse en ninguna de las corrientes pictóricas de su época, pues desarrolló un estilo propio que anticipó movimientos pictóricos posteriores.

1774-1792: Cartones y Retratos

Al finalizar sus estudios se instaló en Zaragoza, donde realizó los frescos de la bóveda de la Basílica del Pilar. Su cuñado facilitó su contratación como pintor de cartones para tapices, que servían de boceto a los tejedores de la Real Fábrica de Tapices de Madrid. En ellos representó temas populares y alegres, pintados con un brillante colorido, como La gallina ciega, El quitasol, El pelele o La vendimia. Fue recibido como miembro de la Academia (1780) y nombrado «pintor de cámara» de Carlos IV (1789).

1792-1814: Retratos, Cuadros y Grabados

Tras contraer una grave enfermedad, quedó sordo y realizó entonces magníficos retratos de los reyes, como La familia de Carlos IV; y de personajes nobiliarios, como la duquesa de Alba, la condesa de Chinchón y las Majas, vestida y desnuda. Estas obras se caracterizan por la pincelada suelta, la preocupación por la luz y la penetración psicológica de los personajes.

También ejecutó sus primeros grabados, Los Caprichos, una sátira de la sociedad de su época que anticipa el surrealismo posterior. Durante la Guerra de la Independencia pintó cuadros como El dos de Mayo y El Tres de Mayo en Madrid y también una serie de grabados pesimistas, denominados Los Desastres.

1814-1828: Pinturas Negras y Exilio

Tras la guerra, durante el reinado de Fernando VII, se refugió en una casa de campo. Entre 1820 y 1823 decoró las paredes de la casa con las «pinturas negras», denominadas así por sus temas pesimistas. Entre ellas destacan Saturno devorando a un hijo o El Aquelarre. En 1824, debido a sus ideas afrancesadas, tuvo que exiliarse a Francia. Allí pintó dibujos y cuadros, como La lechera de Burdeos. En ellos recuperó el interés por el color, la luz y la belleza, y empleó pinceladas sueltas y libres que anunciaban el Romanticismo y el Impresionismo.

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