Los Grandes Imperios Europeos del Siglo XIX: Austro-Húngaro, Ruso y Otomano
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El Imperio Plurinacional Austro-Húngaro
El Imperio Austro-Húngaro reunía los territorios que agruparon desde el siglo XVI las dinastías de los Habsburgo, los archiduques austriacos y los emperadores del Sacro Imperio. Su rasgo fundamental era su enorme diversidad étnica, cultural y religiosa, de manera que los movimientos nacionalistas fueron una amenaza constante para su supervivencia.
El Imperio tenía dos grandes centros: Austria (con cultura alemana) y Hungría (con cultura magiar). Estuvo gobernado entre 1848 y 1918 por Francisco José I, quien en 1867 acordó un compromiso que dividió el Imperio en dos reinos: Austria y Hungría.
Composición y Diversidad
- Austria: Población alemana, pero en su interior también existían pueblos no alemanes a los que se intentó "germanizar". Ejemplos incluyen los checos de Bohemia, los polacos de Galitzia, y los serbios y croatas en los Balcanes.
- Hungría: Incluía Hungría, Eslovenia, Croacia y Transilvania. La población magiar representaba solo el 55%, con minorías significativas como rumanos y eslovacos. En todos estos territorios se impuso la magiarización.
Por tanto, era una monarquía dual en la que Austria y Hungría tenían distintos parlamentos y leyes, pero un único emperador. Las ansias expansionistas del Imperio austrohúngaro crearon una gran inestabilidad en la zona balcánica, siendo el origen de la Cuestión de Oriente o Balcanización.
El Imperio Ruso: La Autocracia de los Zares
Fue el Imperio que menos cambios experimentó durante el siglo XIX. El Imperio de los zares se parecía bastante a una monarquía absoluta: era una autocracia.
Expansión Territorial
Era un Imperio inmenso que se había incrementado tras el Congreso de Viena en 1815. A pesar de esto, mantuvo grandes aspiraciones expansionistas en tres direcciones:
- Hacia el Extremo Oriente, en la zona de Manchuria y la isla de Sajalín, lo que provocaría el enfrentamiento con Japón.
- Hacia el sur, con la incorporación de Turquestán, el norte de Irán y el norte del mar Caspio.
- Hacia el oeste, con la ocupación de Besarabia, parte de Polonia y Finlandia.
Diversidad Étnica y Política de Rusificación
Había un predominio de eslavos (80%): rusos, ucranianos, bielorrusos y polacos. Otras etnias incluían:
- La etnia caucásica, con gran variedad interna (ejemplo: Georgia).
- La etnia amarilla: turcos.
- Los bálticos, mayoritarios en Estonia, Letonia y Lituania.
- La comunidad judía, dispersa por todo el territorio.
- La comunidad alemana, dispersa por todo el territorio.
Ante la diversidad étnica y religiosa, se desarrollaron varias tendencias:
- Una tendencia centrífuga que intentaba separarse del Imperio ruso.
- Otra tendencia centrípeta que intentaba asimilar a las otras minorías de cultura eslava.
De esta última tendencia deriva la política de rusificación que practicaron los distintos zares, desde Alejandro II hasta Nicolás II. Los zares tenían un poder autocrático: gobierno de uno mismo, donde la voluntad soberana era la ley suprema.
Los Zares y sus Reformas
Alejandro II (1855-1881)
Su primera reforma fue la abolición de la servidumbre en 1861, pero no mejoró significativamente la vida de los campesinos, quienes siguieron adscritos obligatoriamente al mir (aldea rural) y dependían del zar. Además, debían pagar a sus señores a cambio de la libertad. En la economía, hubo una tímida industrialización en la minería y comenzó la construcción del ferrocarril. Reprimió la oposición al zarismo de anarquistas y populistas que practicaban el terrorismo. El zar fue asesinado en 1881.
Alejandro III (1881-1894)
Durante su reinado se produjo la industrialización, con capital europeo (principalmente de Francia) y promovida desde el Estado. Los sectores que se desarrollaron fueron:
- Metalurgia: en Donetz (actual Donetsk).
- Petróleo: en Transcaucasia.
- Industria textil: en Moscú y Polonia.
También hubo un gran desarrollo ferroviario con el Transiberiano (Siberia), el Transuraliano (Urales) y el Transcaspiano (Caspio). Alejandro III controló la enseñanza y la cultura en todos sus territorios e impulsó la rusificación. Persiguió la oposición política y durante su gobierno surge el Partido Marxista en 1898, dirigido por Lenin, el más activo políticamente.
Nicolás II (1894-1917)
Continuó la labor de Alejandro III en el Báltico, Polonia, Armenia y Finlandia. Para ello, contó con la ayuda de la Iglesia ortodoxa y la escuela. Apoyó la expansión imperialista hacia la zona del Extremo Oriente, lo que provocó la Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905). Tuvo que afrontar las revoluciones de 1905 y 1917. En esta última se produjo la supresión del zarismo, y Nicolás II y su familia fueron asesinados.
El Imperio Otomano (Turco)
El Imperio Otomano, creado en el siglo XIX, se caracterizó por una profunda inestabilidad política.