Grandes Transformaciones de la Economía Mundial: Conflictos, Crisis y Modelos de Desarrollo
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La Primera Guerra Mundial y sus consecuencias económicas: deudas, reparaciones y precaria reconstrucción postbélica
1. Causas y condicionantes de la Gran Guerra
La Primera Guerra Mundial fue un conflicto con profundas raíces políticas, económicas y sociales. Entre las principales causas se encuentran los conflictos coloniales, las tensiones nacionalistas, el rearme masivo y el desarrollo de alianzas militares entre las grandes potencias. El equilibrio europeo tras la guerra franco-prusiana de 1870-71 quedó en una situación inestable que se prolongó durante varias décadas de paz armada. Este periodo estuvo caracterizado por un incremento en el poderío militar de los estados, impulsado por los avances de la Segunda Revolución Tecnológica. La industrialización facilitó el desarrollo de armas más destructivas, como los tanques, aviones y gases letales, lo que aumentó tanto el poder destructivo de los ejércitos como los costos económicos de la guerra.
Las disputas coloniales, como las ocurridas entre Francia e Italia por Túnez, y los conflictos en el norte de África y el Próximo Oriente, alimentaron la rivalidad entre potencias. A su vez, las tensiones en los Balcanes, alimentadas por el desmembramiento del Imperio Otomano y la competencia entre Austria-Hungría y Rusia, terminaron de configurar un panorama explosivo. El asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo en 1914 fue el detonante inmediato de la guerra, aunque sus causas estructurales venían gestándose desde décadas atrás. Desde el punto de vista económico, el auge industrial alemán desafiaba la hegemonía económica británica, lo cual generó una competencia feroz por los mercados internacionales. Esta pugna económica se tradujo en tensiones políticas y militares, y llevó a la formación de alianzas militares como la Triple Entente (Francia, Rusia y Reino Unido) y las Potencias Centrales (Alemania, Austria-Hungría, entre otras).
2. Las consecuencias del conflicto y los problemas financieros. El Tratado de Versalles
La guerra supuso una devastación humana, económica y social sin precedentes. Se movilizaron más de 65 millones de soldados, y hubo más de 8 millones de muertos y 7 millones de incapacitados. Esta pérdida afectó a la franja más productiva de la población, lo que tuvo efectos negativos a largo plazo sobre la economía europea.
Los estados financiaron la guerra mediante impuestos, deuda interna (bonos de guerra) y préstamos exteriores. Sin embargo, la emisión monetaria fue el mecanismo más extendido, lo cual condujo a una inflación generalizada. La deuda interna se disparó, alcanzando en países como Gran Bretaña o Francia proporciones insostenibles. Además, la guerra interrumpió los flujos comerciales y financieros internacionales, contribuyendo a una crisis monetaria generalizada al final del conflicto. El Tratado de Versalles, firmado en 1919, impuso duras condiciones a los países vencidos, especialmente a Alemania, a la que se culpabilizó de la guerra y se le exigieron fuertes reparaciones de guerra. El importe de estas reparaciones se fijó en 33.000 millones de dólares, una cifra desproporcionada que, como advirtió el economista John Maynard Keynes, era económicamente inviable y socialmente desestabilizadora. Además de estas cargas financieras, Alemania perdió colonias, territorios industriales clave y gran parte de sus reservas de oro y recursos energéticos.
3. Los problemas monetarios y la hiperinflación alemana
El desequilibrio económico posbélico y las reparaciones impuestas a Alemania generaron una situación insostenible que desembocó en la hiperinflación de 1923. El valor del marco cayó de forma estrepitosa: en noviembre de 1923, un dólar estadounidense equivalía a 4,2 billones de marcos. Esta destrucción del valor de la moneda llevó a una economía de trueque, arruinó los ahorros de la población y minó la confianza en la República de Weimar. La hiperinflación fue causada por una combinación de factores: el déficit fiscal crónico, la imposibilidad de aumentar los impuestos por la oposición social, y la necesidad de financiar los pagos de las reparaciones. El recurso al Banco Central para financiar el gasto mediante la emisión de dinero agravó la situación. La ocupación francesa del Ruhr en 1923, para cobrar las reparaciones en especie, provocó una resistencia pasiva que hundió la producción y disparó aún más el gasto estatal.
La estabilización llegó con el Plan Dawes de 1924, que reestructuró el pago de las reparaciones, permitió un préstamo internacional a Alemania y llevó a la introducción del reichsmark, una nueva moneda con respaldo en oro.
La crisis de 1929 y la depresión de los años 30: manifestaciones y causas
1. Una breve nota del crecimiento económico de la década de 1920
Durante la década de 1920, muchos países experimentaron un crecimiento económico notable, especialmente Estados Unidos. Este crecimiento se sustentó en la difusión de las tecnologías de la Segunda Revolución Industrial, como la electrificación, la expansión del automóvil y la mecanización de la agricultura e industria. Se produjo un incremento notable en la productividad, especialmente en los sectores modernos como la industria automotriz y la química, al tiempo que se consolidaban nuevas formas de organización del trabajo como el taylorismo y el fordismo. Este periodo, sin embargo, presentó importantes desequilibrios. El crecimiento fue muy desigual entre regiones y sectores, y buena parte del mismo se financió mediante crédito. Además, mientras que los beneficios empresariales crecían, los salarios se mantenían estancados, lo que limitaba el crecimiento del consumo y fomentaba la acumulación de deuda en los hogares. La agricultura, en particular, sufrió una caída prolongada de los precios desde el final de la guerra, debido al exceso de oferta mundial.
2. Las bases estructurales de la crisis de 1929
Detrás del estallido de la crisis de 1929 se encontraban desequilibrios profundos y acumulativos en la economía mundial. Uno de los principales problemas fue la sobreproducción industrial: muchas empresas aumentaron su capacidad productiva confiando en una demanda que no creció al mismo ritmo. Esta situación se vio agravada por la rigidez de los salarios y la concentración de la riqueza, lo cual limitaba la capacidad adquisitiva de la mayoría de la población. A medida que se acumulaban los stocks no vendidos, comenzó una espiral descendente de reducción de la producción y del empleo. Por otro lado, los mercados financieros funcionaban con una regulación muy laxa. Se produjo una fuerte especulación bursátil, impulsada por la compra de acciones a crédito. El valor de muchas empresas en la bolsa estaba completamente desconectado de su valor real, lo que generó una burbuja especulativa. Además, los bancos estaban altamente expuestos a esta burbuja y también a los créditos internacionales, muchos de ellos de dudoso retorno. La agricultura también atravesaba una crisis estructural desde el final de la Primera Guerra Mundial. El aumento de la mecanización y la extensión del cultivo habían generado una sobreproducción crónica. Esto llevó a una caída sostenida de los precios, afectando a la renta de los agricultores y dificultando el pago de las deudas contraídas durante la década anterior.
Las respuestas a la crisis en EE. UU. y en Europa
1. La difusión internacional de la Depresión
La Gran Depresión no fue un fenómeno exclusivo de Estados Unidos. La interconexión de los mercados financieros y comerciales internacionales, junto con la dependencia de muchos países europeos del capital estadounidense tras la Primera Guerra Mundial, hizo que la crisis se propagara rápidamente por todo el mundo. Alemania, por ejemplo, que se encontraba financieramente muy ligada a los préstamos estadounidenses a través del Plan Dawes, sufrió de inmediato la retirada de capitales y una contracción del crédito, lo que agravó su ya frágil situación económica. El patrón oro, que vinculaba las monedas nacionales a una paridad fija con el oro, funcionó como un mecanismo de transmisión internacional de la crisis. Dado que los países estaban comprometidos a mantener el tipo de cambio, se vieron obligados a aplicar políticas deflacionistas para sostener la convertibilidad de sus monedas, lo que implicaba recortes del gasto, subidas de impuestos y reducción de salarios. Estas medidas intensificaron la recesión al contraer aún más la demanda interna. Solo aquellos países que abandonaron el patrón oro —como Reino Unido en 1931— lograron mayor margen de maniobra para implementar políticas expansivas.
El comercio internacional sufrió un colapso debido a las medidas proteccionistas adoptadas por numerosos países. Estados Unidos promulgó la Ley arancelaria Smoot-Hawley en 1930, que aumentaba significativamente los aranceles a la importación. Esta medida fue respondida con represalias por parte de otros países, lo que llevó a una drástica caída del comercio mundial, profundizando así la recesión global.
2. Las respuestas a la Depresión (I): el New Deal
En Estados Unidos, el presidente Franklin D. Roosevelt impulsó a partir de 1933 una ambiciosa serie de reformas conocidas como el New Deal. Esta estrategia se alejaba del enfoque liberal clásico y apostaba por una activa intervención del Estado en la economía con el fin de reactivar la demanda, crear empleo y estabilizar el sistema financiero. El New Deal se articuló en varias fases. En una primera etapa (1933-1935), se tomaron medidas urgentes para frenar el colapso financiero: se declaró un bank holiday para detener la fuga de capitales, se reorganizó el sistema bancario mediante la creación de la FDIC (Federal Deposit Insurance Corporation) y se separaron los bancos comerciales de los bancos de inversión. Además, se estableció la SEC (Securities and Exchange Commission) para regular los mercados bursátiles. En el ámbito productivo, se crearon agencias como la AAA (Agricultural Adjustment Administration) para reducir la sobreproducción agrícola mediante subvenciones y la NRA (National Recovery Administration) para coordinar la recuperación industrial con acuerdos de precios, salarios mínimos y condiciones laborales. Se promovieron también grandes obras públicas, como las llevadas a cabo por la TVA (Tennessee Valley Authority), destinadas a modernizar infraestructuras y dar empleo a millones de trabajadores. En una segunda etapa, el Segundo New Deal (1935-1938), se profundizó en la dimensión social del programa. Se aprobó la Ley de Seguridad Social (Social Security Act), que estableció pensiones y subsidios de desempleo, y se reforzaron los derechos sindicales mediante la Wagner Act. Si bien el New Deal no logró acabar del todo con el desempleo ni superar plenamente la crisis, representó una transformación estructural del papel del Estado en la economía estadounidense.
3. Las respuestas a la Depresión (II): las democracias europeas y las soluciones autoritarias a la crisis
En Europa, las respuestas a la crisis fueron variadas y estuvieron condicionadas por las estructuras políticas y sociales de cada país. En general, las democracias liberales adoptaron inicialmente medidas ortodoxas de ajuste presupuestario y deflación, que resultaron contraproducentes. Solo con el abandono del patrón oro y una mayor flexibilidad monetaria pudieron aplicar políticas de carácter más expansivo. En el Reino Unido, el gobierno laborista cayó en 1931 y fue sustituido por una coalición nacional que abandonó el patrón oro, devaluó la libra y aplicó una política de protección industrial. Francia, por su parte, resistió abandonar el patrón oro hasta 1936 y aplicó una política de tipo keynesiano solo con el Frente Popular, que impulsó la jornada de 40 horas, vacaciones pagadas y aumentos salariales.
En países con democracias más débiles o instituciones menos consolidadas, como Alemania o Italia, la crisis favoreció el ascenso de regímenes autoritarios. En Alemania, el desempleo masivo y el descontento social fueron aprovechados por el partido nazi para crecer electoralmente, culminando con la llegada de Hitler al poder en 1933. El nuevo régimen implantó una economía fuertemente intervenida por el Estado, orientada a la autarquía y el rearme militar. En Italia, el fascismo de Mussolini también respondió a la crisis con una economía corporativista, intervencionista y centrada en la autosuficiencia nacional.
En suma, la Gran Depresión marcó un punto de inflexión en la historia económica del siglo XX. No solo supuso una crisis sin precedentes del capitalismo liberal, sino que también abrió el camino a nuevos modelos de intervención estatal y al ascenso de regímenes totalitarios que tendrían consecuencias decisivas en la historia política mundial.
1 Las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. El inicio de la división de bloques
La Segunda Guerra Mundial estalló el 1 de septiembre de 1939 con la invasión de Polonia por parte de la Alemania nazi. El conflicto concluyó seis años después, el 2 de septiembre de 1945, con la rendición de Japón. A lo largo del conflicto se enfrentaron las potencias del Eje (Alemania, Italia y Japón) contra los Aliados (Reino Unido, Francia, la Unión Soviética y Estados Unidos), en un escenario global que afectó a Europa, Asia y el Pacífico.
La guerra tuvo dos fases diferenciadas. En la primera, Alemania y sus aliados lograron una rápida expansión territorial en Europa continental. Con la firma del pacto de no agresión con la URSS, Hitler obtuvo vía libre para invadir Polonia. Entre 1939 y 1941, el Tercer Reich se impuso militarmente sobre Francia, Bélgica, Países Bajos y otros países, fracasando únicamente en la Batalla de Inglaterra. En junio de 1941, Hitler rompió el pacto con la URSS e inició la invasión del territorio soviético con la Operación Barbarroja. La ofensiva alemana se frenó durante el crudo invierno ruso y culminó con la Batalla de Stalingrado (1942-43), donde el ejército alemán fue derrotado y comenzó la contraofensiva soviótica.
En paralelo, Japón mantenía una guerra abierta en China desde 1937. En diciembre de 1941, atacó la base naval estadounidense de Pearl Harbor, lo que provocó la entrada de EE. UU. en la guerra. A partir de ese momento, el conflicto se volvió verdaderamente global. Tras una dura campaña en el Pacífico, EE. UU. inició su ofensiva final, culminando con el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945, lo que obligó a Japón a rendirse. Las consecuencias del conflicto fueron devastadoras. Se estima que murieron cerca de 40 millones de personas, con una alta proporción de civiles. La URSS, Polonia y Alemania fueron los países con más víctimas. La destrucción material fue masiva: fábricas, infraestructuras, viviendas y sistemas de transporte fueron arrasados, especialmente en Europa central y oriental. La economía quedó desorganizada, el comercio se interrumpió, y el hambre y las enfermedades azotaron a la población civil.
En el plano político, el fin de la guerra marcó el inicio de un nuevo orden internacional. Europa quedó dividida en dos grandes áreas de influencia: en el oeste, bajo la tutela de EE. UU., se instauraron democracias parlamentarias; en el este, bajo la ocupación del Ejército Rojo, se establecieron repúblicas populares de régimen comunista. Esta división condujo rápidamente al enfrentamiento entre ambos bloques, en un periodo conocido como la Guerra Fría. El bloqueo de Berlín en 1948, la creación de dos Alemanias en 1949 (RFA y RDA) y la Guerra de Corea (1950-1953) fueron los primeros episodios de este conflicto ideológico, militar y económico que perduraría durante décadas.
1 La Revolución Rusa y la creación de la URSS
El origen del modelo socialista en Europa del Este se encuentra en la Revolución Rusa de octubre de 1917, cuando los bolcheviques, liderados por Vladímir Lenin, derrocaron al Gobierno provisional surgido tras la caída del zarismo en febrero de ese mismo año. El triunfo de los bolcheviques no solo supuso el inicio de una guerra civil entre el Ejército Rojo y las fuerzas contrarrevolucionarias (Ejército Blanco), sino también el establecimiento de un nuevo orden político, económico y social basado en la ideología marxista-leninista. La victoria del Ejército Rojo consolidó el poder del Partido Comunista y permitió la creación, en 1922, de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), un Estado federal plurinacional gobernado de manera centralizada. Desde sus inicios, el modelo económico soviético se caracterizó por la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, la planificación centralizada de la economía y la colectivización del campo. Aunque al principio se aplicaron políticas más flexibles bajo la Nueva Política Económica (NEP), impulsada por Lenin para reconstruir la economía tras la guerra civil, a partir de la llegada de Stalin al poder en la década de 1920 se impuso un modelo mucho más rígido y autoritario.
Entre 1928 y 1941 se desarrollaron los tres primeros planes quinquenales, que transformaron radicalmente la estructura económica de la URSS. Estos planes establecieron objetivos de producción obligatorios para cada sector económico, priorizando la industria pesada, la metalurgia, la energía y la infraestructura militar, en detrimento del consumo y la agricultura. La colectivización forzada de la agricultura, mediante la creación de granjas colectivas (koljoses) y estatales (sovjoses), provocó una profunda crisis agraria, hambrunas devastadoras como la del Holodomor en Ucrania (1932-1933) y una represión masiva sobre el campesinado.
No obstante, el modelo permitió una acelerada industrialización que convirtió a la URSS en una potencia militar y económica capaz de resistir y derrotar a la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Durante la contienda, el país sufrió una enorme destrucción material y humana, pero logró reconstruirse con rapidez en la posguerra, manteniendo su modelo económico centralizado y expandiéndolo a los países de Europa del Este ocupados por el Ejército Rojo tras 1945.
LA TRANSFORMACIÓN DE LA AGRICULTURA (SISTEMA NORFOLK)
El sistema Norfolk fue un cultivo introducido en Inglaterra en la primera mitad del siglo XVIII, que consistía en la rotación de cultivo, posibilitando el abandono del barbecho. El método Norfolk permitió la eliminación del barbecho gracias a la introducción de plantas forrajeras y las rotaciones de cultivos. Se dividía en cuatro procesos produciendo un incremento tanto de los rendimientos como de la producción.
EL COMERCIO A LARGA DISTANCIA
El comercio, incluso el comercio a muy larga distancia, nunca desapareció del todo, pero hasta el siglo XI la actividad comercial a larga distancia se reducía a unos pocos mercaderes ambulantes, vendedores de productos de lujo. Era un comercio escaso, intermitente y dominado por la oferta. Era un comercio que dependía sobre todo de los contactos con el mundo bizantino y musulmán, de donde procedían los artículos de lujo. El comercio tradicional era caro, lento y peligroso, condicionantes que hacían que fuera escaso. La solución de estos obstáculos solo sería posible con los nuevos medios de transporte aportados por la Revolución Industrial. Debido a las dificultades por las que pasaban los comerciantes, solo las mercancías de poco peso y volumen y alto valor añadido podían justificar las expediciones comerciales. Pese a las dificultades, el comercio europeo experimentó un gran crecimiento e importantes transformaciones a lo largo de esta etapa. El crecimiento fue posible en parte por la mejora en los transportes y la creación de hostales a los pies de los puertos de montaña. Sin embargo, la mejora más importante se produjo en el transporte marítimo, con la construcción de naves más grandes y manejables con menos marineros, mejoras en la disposición de las velas y hacia finales de la Edad Media, con la introducción del timón de popa y la brújula, que permitieron los grandes descubrimientos de finales del siglo XV.
DIFERENCIAS ENTRE LA 1ª Y LA 2ª REVOLUCIÓN INDUSTRIAL
- 1ª Revolución Industrial: Se originó en Inglaterra. Los sectores que destacan son el textil algodonero (donde destacan inventos como la mula o la Spinning Jenny), el sector siderúrgico con la fundición del hierro y el sector energético. La organización del trabajo se llevó a cabo en la fábrica (factory system). Los medios de transporte destacados son el barco de vapor y el ferrocarril. La mano de obra comienza a traspasarse del sector primario al secundario.
- 2ª Revolución Industrial: Tuvo como países dominantes a EE. UU. y Japón hacia 1890. Destacan el acero, el aluminio y la industria química (colorantes artificiales y productos farmacéuticos). Se implementó el taylorismo y la producción en cadena para aumentar la productividad. Destacan el automóvil y la aviación. El sector secundario se mantiene mientras aumenta el sector terciario (comercial y financiero).
EL TECHO DE MALTHUS
La población crece más rápido que los recursos, por lo que cuando una población crece por encima de los recursos nos encontramos ante el techo, lo que genera una crisis de subsistencia debido a la subida de precios por la baja oferta y alta demanda. Existen dos tipos de respuestas:
- Sociedades de baja presión demográfica: Se dan cuenta de que están llegando al techo y actúan para impedirlo mediante la prevención de la natalidad (subida de dotes o control de la sexualidad).
- Sociedades de alta presión demográfica: Establecen frenos compulsivos, es decir, dejan actuar a la muerte para volver a bajar la población.
LA GRAN EMIGRACIÓN EUROPEA
Gran parte de la población europea emigró principalmente hacia EE. UU. huyendo del hambre, de las guerras o por falta de trabajo, con la esperanza de una vida mejor. Esta emigración fue posible por la creación de líneas de navegación. El resultado es el paso de zonas con más oferta que demanda de trabajo a otras con pleno empleo; la gente que se quedaba en Europa tenía una renta más elevada, aunque el exceso de inmigración provocó un retroceso en los salarios de trabajadores no especializados en los países de destino.
CICLO DEMOGRÁFICO MODERNO
Es el paso del modelo antiguo al moderno y se caracteriza por una natalidad elevada y una disminución de la mortalidad, dando lugar al crecimiento de la población en una primera fase. Luego desciende la natalidad y la tasa de crecimiento disminuye, desembocando en el ciclo demográfico actual, donde la natalidad y mortalidad se han establecido en tasas más bajas y con una esperanza de vida superior.
CHINA
Hasta el año 1980 el principal vendedor a China era EE. UU., pero tras este año se invierten los papeles. En el año 2010 China superó a EE. UU. como consumidor energético industrial. China entró en la OMC (2001), conllevando una liberación del mercado y una apertura comercial, lo que también derivó en una deslocalización de empresas por la mano de obra barata. China poseía materias primas estratégicas y desde los 90 impuso una política de expansión. En 2007, con la crisis, el gobierno cambió la estrategia hacia la creación de un mercado interno mediante planes quinquenales (aumento de educación, viviendas asequibles, reducción del desempleo, etc.).
HUNDIMIENTO DEL SISTEMA COMUNISTA
La crisis de las economías de planificación centralizada dio paso a un auténtico colapso del sistema comunista. Las reformas de Gorbachov (Perestroika) fracasaron. Su sucesor avanzó hacia una economía de mercado inspirada en Milton Friedman y consejos del FMI: supresión de controles de precios, retirada de subsidios, liberalización del comercio y privatización de empresas públicas. El proceso estuvo mal organizado, lo que permitió que antiguos directivos y funcionarios adquirieran cupones de privatización, derivando en casos de corrupción.
PROCESO DE INDUSTRIALIZACIÓN
El proceso de industrialización, acelerado en el siglo XIX, se fundamentó en la convergencia de varios factores de producción. La disponibilidad de recursos naturales como carbón y hierro proporcionó la base material. Avances tecnológicos como la máquina de vapor permitieron una mayor eficiencia. La innovación en el transporte, como el ferrocarril, facilitó el movimiento de mercancías. La acumulación de capital financiero respaldó la inversión, mientras que la mano de obra abundante proporcionó el recurso humano necesario para la transición de economías agrarias a industriales.