La Guerra Civil Española y el Origen del Franquismo: Evolución Política y Consecuencias
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La evolución política de la zona republicana: el colapso del Estado, la revolución social y el dilema de la guerra (1936-1939)
El fracaso del golpe de Estado de 1936 no derrocó al Gobierno, pero destruyó el orden público de la zona republicana al dividir al ejército. Para frenar a los rebeldes, el jefe del Gobierno, José Giral, tomó la decisión de entregar armas a los sindicatos obreros. Esta medida provocó el hundimiento del Estado, ya que el poder efectivo pasó a manos de milicias armadas y comités populares locales que actuaron de forma autónoma, desatando una auténtica revolución social y una ola de violencia incontrolada en la retaguardia conocida como el «terror rojo».
Se crearon tribunales populares y checas (centros de detención ilegal) y se realizaron «sacas» y «paseos» contra sospechosos de derechas o religiosos, destacando la matanza de presos en Paracuellos del Jarama, lo que dañó la imagen internacional de la República. Paralelamente, los anarquistas de la CNT y parte de la UGT confiscaron e iniciaron la colectivización de industrias y tierras, un proceso que tuvo un gran impacto en Cataluña y en las provincias valencianas, donde se crearon más de 350 colectividades.
Sin embargo, la revolución generó un grave dilema interno en la República que afectó a su eficacia militar. Los anarquistas querían hacer la revolución y la guerra a la vez, mientras que los republicanos, socialistas y comunistas (PCE) exigían frenar las colectivizaciones para centrarse exclusivamente en ganar la guerra. Este enfrentamiento estalló en los hechos de mayo de 1937 en Barcelona, donde socialistas y comunistas se enfrentaron por las armas a la CNT y al POUM para recuperar el control de la ciudad, provocando la caída del gobierno de Largo Caballero.
Previamente, Largo Caballero había intentado reorganizar el Estado integrando a todas las fuerzas del Frente Popular, incluyendo de forma inédita a ministros anarquistas como Federica Montseny, la primera mujer ministra en España. Su gobierno creó el Ejército Popular militarizando las milicias en Brigadas Mixtas, organizó los comisarios de guerra e intentó frenar el terror en la retaguardia, aunque Cataluña y el País Vasco siguieron actuando de forma muy autónoma. Tras la crisis de mayo de 1937, el socialista Juan Negrín asumió la presidencia con el apoyo fundamental del PCE, cuyo peso político y militar aumentó enormemente despertando recelos. El Gobierno de Negrín se centró en reconstruir el poder central y unificar los planes militares bajo un solo mando. Para acabar con la etapa revolucionaria, desmanteló por la fuerza las colectividades agrarias e ilegalizó al POUM por presiones comunistas.
El rumbo negativo de la guerra dividió de nuevo la retaguardia entre los partidarios de negociar una paz con Franco, como el presidente Azaña o Indalecio Prieto, y los partidarios de aguantar, liderados por Negrín bajo el lema «Resistir es vencer». Negrín presentó el programa de los «Trece Puntos» buscando una mediación extranjera o resistir a la espera del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la política de apaciguamiento de Francia y Gran Bretaña frustró estos planes y ambas potencias terminaron reconociendo el régimen de Franco a inicios de 1939 tras la caída de Cataluña, acelerando la desmoralización final y el golpe definitivo del coronel Casado en Madrid.
El ascenso de Franco al poder: la creación del Estado franquista, el partido único (FET de las JONS) y la Iglesia católica
Como el golpe de Estado de 1936 fracasó en parte de España, los militares rebeldes se dieron cuenta de que la guerra iba a ser larga y, al no tener un proyecto político común, el ejército se encargó de organizar su zona. Para ello, en julio de 1936 crearon en Burgos la Junta de Defensa Nacional, un grupo de militares dirigido por el general Cabanellas. Esta Junta proclamó el estado de guerra, prohibió todos los partidos y sindicatos de izquierdas, quitó la reforma agraria para devolver las tierras a los antiguos dueños y volvió a poner la bandera roja y gualda como la oficial de España.
Además, desde el principio, los sublevados usaron una represión muy dura y planificada mediante «sacas» y «paseos» para meter miedo y eliminar cualquier oposición en su retaguardia, cometiendo matanzas en ciudades como Sevilla, Badajoz y Málaga. Al mismo tiempo, el general Mola organizó la Quinta Columna, que era un grupo de civiles de derechas que vivían escondidos en las ciudades de la República, como Madrid o Valencia, trabajando en secreto mediante espionaje, sabotajes y propaganda para desgastar al bando republicano. Por otra parte, el ascenso de Franco al poder absoluto fue muy rápido porque mandaba el ejército de África, tenía la ayuda de Hitler y Mussolini y, además, los otros generales importantes, Sanjurjo y Mola, murieron en accidentes de avión.
Por eso, el 1 de octubre de 1936, la Junta nombró a Franco Generalísimo y jefe del Gobierno, empezando a llamarse Caudillo. Para mandar él solo y copiar el modelo fascista, firmó el Decreto de Unificación en abril de 1937, que obligó a los falangistas y a los carlistas a unirse en un partido único llamado FET de las JONS, usando la camisa azul y la boina roja. En este proceso, la Iglesia católica apoyó el golpe desde el primer momento porque en la zona republicana estaban matando a muchos sacerdotes y quemando iglesias. Los obispos se convirtieron en un pilar fundamental para Franco y justificaron la Guerra Civil diciendo que no era una guerra política, sino una «cruzada» religiosa para salvar a España del comunismo, lo que dejaron por escrito en la famosa Carta Colectiva de los Obispos de julio de 1937, ayudando a mejorar la imagen del régimen en el extranjero.
Finalmente, en enero de 1938, Franco formó su primer Gobierno y concentró en su persona todos los poderes del Estado. Borró todas las reformas de la República, de modo que quitó los estatutos de autonomía, prohibió lenguas como el valenciano e impuso el castellano como única lengua oficial. En el tema laboral, aprobó el Fuero del Trabajo de 1938, que prohibió las huelgas y obligó a jefes y obreros a meterse en los sindicatos verticales controlados por el Gobierno. Por último, se quitaron las libertades de reunión y se puso la censura previa con la Llei de Premsa de 1938, consiguiendo que potencias como Francia y el Reino Unido reconocieran oficialmente su gobierno en febrero de 1939, justo antes de terminar el conflicto.
Las consecuencias demográficas, sociales y económicas de la Guerra Civil (1936-1939)
La Guerra Civil Española dejó unas consecuencias humanas y económicas devastadoras para el país cuando terminó en 1939.
- Demografía: Los cálculos actuales estiman que hubo entre 500.000 y 600.000 muertos. Entre 150.000 y 200.000 personas murieron en el frente, mientras que unas 190.000 fueron víctimas de la represión en ambos bandos. El resto se debió a bombardeos, hambre y enfermedades.
- Exilio: El drama del exilio republicano tuvo su peor momento a principios de 1939 con la caída de Cataluña, cuando casi 500.000 refugiados cruzaron la frontera con Francia. En el puerto de Alicante, miles quedaron atrapados, siendo encerrados en campos de concentración como Los Almendros y Albatera.
- Economía: El conflicto costó entre el 25% y el 30% de la renta nacional. La destrucción afectó a infraestructuras (puentes, carreteras, puertos) y medio millón de viviendas. La producción industrial bajó un tercio y la agrícola una cuarta parte, provocando una inflación tremenda y el uso de cartillas de racionamiento.
Institucionalización de la dictadura franquista
La institucionalización de la dictadura fue el proceso mediante el cual el régimen de Francisco Franco consolidó su estructura política y jurídica, sustituyendo el sistema democrático de la Segunda República por un Estado autoritario. Este proceso se articuló a través de las Leyes Fundamentales del Reino:
- Fuero del Trabajo (1938): Regulaba las relaciones laborales bajo control estatal.
- Fuero de los Españoles (1945): Recogía derechos y deberes limitados.
- Ley de Referéndum Nacional (1945): Consultas bajo control del Estado.
- Cortes Españolas (1942): Institución consultiva sin representación democrática.
- Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado (1947): Declaró a España como reino con Franco como jefe vitalicio.
- Ley Orgánica del Estado (1967): Consolidó la «democracia orgánica».
Inicio y características del franquismo
El franquismo supuso una ruptura total con la Constitución de 1931. Se eliminó la división de poderes, el sufragio universal y el carácter laico del Estado, instaurando el nacionalcatolicismo. En el ámbito económico, se impuso una política de autarquía basada en la intervención estatal y la creación del Instituto Nacional de Industria (INI), lo que derivó en un importante retraso económico y escasez. El régimen se sostuvo sobre tres pilares: el Ejército, la Iglesia católica y las élites económicas, apoyados por una fuerte represión política y la censura.