Guerra Civil Española: La Resistencia Republicana y el Ascenso del Franquismo

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La España Republicana durante la Guerra Civil

Durante la Guerra Civil Española, la España republicana se encontraba profundamente dividida. Existía una tensión constante entre quienes priorizaban la victoria militar sobre el bando sublevado y aquellos que defendían la necesidad de llevar a cabo una revolución social de manera simultánea. Esta dicotomía también afectó directamente la organización y estrategia del Ejército Republicano.

El Partido Comunista de España (PCE) y los sectores más moderados del socialismo abogaban por concentrar todos los esfuerzos en la victoria militar, posponiendo las reformas sociales para un momento posterior. En contraste, los anarquistas, el ala izquierda del socialismo y comunistas disidentes como el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), defendían la urgencia de implementar la revolución social al mismo tiempo que se combatía al enemigo.

Gobierno de José Giral y la Revolución (julio-septiembre de 1936)

José Giral asumió la presidencia del gobierno el 19 de julio de 1936, en un contexto de colapso del Estado. Ante la inacción gubernamental, las milicias obreras tomaron el control en numerosas zonas del territorio republicano. Se crearon espontáneamente comités revolucionarios, especialmente activos en regiones como Cataluña y Aragón.

Este periodo se caracterizó por una profunda transformación social: se produjo la colectivización de fábricas y tierras, se intensificó la persecución a religiosos y empresarios, y lamentablemente, se registraron episodios de violencia con ejecuciones extrajudiciales.

Gobierno de Largo Caballero (septiembre de 1936-mayo de 1937)

Francisco Largo Caballero, conocido como el "Lenin español", formó un gobierno de unidad que, por primera vez en la historia, incluyó a ministros comunistas y anarquistas. Durante su mandato, se impulsó la creación del Ejército Popular de la República, estructurado en brigadas mixtas, buscando una mayor profesionalización y centralización militar.

En noviembre de 1936, ante el inminente avance de las tropas franquistas sobre Madrid, el gobierno se trasladó a Valencia. La tensión interna persistió, especialmente entre el PCE (que, con el apoyo soviético, promovía la militarización y centralización del esfuerzo bélico) y las facciones anarquistas y el POUM (que seguían defendiendo la autogestión y la revolución social).

En mayo de 1937, esta tensión culminó en un violento conflicto en Barcelona entre comunistas y anarquistas. El PCE exigió la destitución de ciertos ministros y la ilegalización del POUM. Largo Caballero se negó a estas demandas y, como consecuencia, presentó su dimisión.

Gobierno de Juan Negrín (mayo de 1937-marzo de 1939)

Juan Negrín asumió la presidencia del gobierno, contando con el firme apoyo del PCE y el PSUC (Partit Socialista Unificat de Catalunya), lo que reforzó el control comunista dentro de la administración republicana. En 1938, Negrín propuso los célebres “Trece Puntos”, un programa político que buscaba una salida democrática y negociada al conflicto, apelando a la comunidad internacional.

Su estrategia principal fue la de "resistir es vencer", apostando por prolongar la guerra con la esperanza de que el estallido de un conflicto mayor en Europa (la Segunda Guerra Mundial) forzara la intervención de las democracias occidentales en favor de la República. Sin embargo, la profunda división interna y la inevitable derrota militar acabaron por sellar el destino de la Segunda República Española.

Del Golpe de Estado a la España de Franco

Tras el golpe de Estado de julio de 1936 y la posterior victoria en la Guerra Civil, el bando sublevado, liderado por Francisco Franco, procedió a organizar un nuevo Estado autoritario. Franco acumuló en su persona la totalidad del poder: se convirtió en Jefe del Estado, Jefe del Gobierno y Generalísimo de los Ejércitos.

Este nuevo régimen eliminó de raíz todas las leyes y libertades republicanas, imponiendo un sistema basado en valores tradicionales y conservadores, acompañado de una fuerte y sistemática represión contra cualquier forma de disidencia.

La Construcción del Nuevo Estado Franquista

Inicialmente, tras el fracaso parcial del golpe, la dirección de los sublevados recayó en el general José Sanjurjo, quien falleció en un accidente aéreo. Posteriormente, una Junta de Defensa Nacional, presidida por el general Miguel Cabanellas, asumió el mando. Sin embargo, en septiembre de 1936, Francisco Franco fue proclamado Generalísimo de los Ejércitos y Jefe del Estado, concentrando en él todo el poder militar y político.

En abril de 1937, Franco aprobó el Decreto de Unificación, una medida clave que fusionó a falangistas y carlistas en un partido único: la Falange Española Tradicionalista y de las JONS (FET y de las JONS), bajo su control directo. El 30 de enero de 1938, formó su primer gobierno, consolidando definitivamente su poder totalitario sobre España.

Política y Sociedad en la España Nacional

El régimen de Franco impuso un marco legal y social profundamente inspirado en el catolicismo conservador y un nacionalismo radical, derogando toda la legislación republicana. Entre las leyes más significativas aprobadas se encuentran:

  • La Ley de Responsabilidades Políticas (1939), que permitía la persecución retroactiva de quienes habían apoyado a la República.
  • El Fuero del Trabajo (1938), que establecía los principios laborales del nuevo Estado.
  • La Ley de Prensa (1938), que instauró la censura previa y el control absoluto de los medios de comunicación.
  • La Ley de Educación (1938), que devolvió el control educativo a la Iglesia Católica y promovió una enseñanza basada en los principios del régimen.

La Iglesia Católica jugó un papel fundamental en el sostenimiento del régimen, apoyándolo desde sus inicios, declarando la Guerra Civil como una "Cruzada" y obteniendo el reconocimiento del Vaticano en 1938. El Ejército Nacional se formó con voluntarios, reclutas forzosos y alféreces provisionales, contando con el crucial apoyo militar y logístico de la Alemania nazi y la Italia fascista.

La sociedad franquista se sustentó en valores conservadores y autoritarios, con el respaldo de tres pilares fundamentales:

  • La Iglesia, que ejercía un control ideológico y educativo.
  • El Ejército, garante del orden y la represión.
  • La Falange, encargada de la propaganda y la movilización social.

Se impuso un nacionalismo español extremo y excluyente. Las mujeres fueron relegadas al ámbito doméstico bajo la influencia de la Sección Femenina de la Falange, que promovía un modelo de mujer tradicional y sumisa. La educación fue profundamente ideologizada, eliminando la coeducación y persiguiendo a los maestros y profesores que habían defendido los principios republicanos.

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