La Guerra Civil Española: Sublevación, Desarrollo y Evolución de Bandos

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Los militares que planearon la sublevación sabían que tenían importantes apoyos y pensaban en un rápido triunfo. Las cosas no salieron así, y lo que resultó fue una larga guerra civil. Suele citarse el asesinato de Calvo Sotelo por Guardias de Asalto como desencadenante de esta sublevación; en realidad, ya estaba todo previsto. Comenzó el 17 de julio de 1936 en Marruecos, se extendió a la Península el 18 y durante varios días se sucedieron los cambios de mano, conquista y reconquista de ciudades de uno y otro bando. Cuando la situación se estabilizó hasta cierto punto y se pudieron entrever los límites de cada uno, se advirtió:

Características de la contienda

1. El mapa era resultado de un forcejeo, no respondía a realidades humanas; había zonas muy derechistas en manos republicanas (por ejemplo, el Maestrazgo), y viceversa.

2. La zona gubernamental era más amplia, poblada e industrial que la de los sublevados. Las grandes ciudades, las grandes industrias, el oro del Banco de España, estaban en poder del Gobierno.

Dos áreas sublevadas

Los sublevados formaban dos áreas: una al norte (Castilla-León y Galicia), extensa, pero asediada; en Aragón, los nacionales retrocedían hacia Zaragoza empujados por anarquistas catalanes. En el norte tenían que hacer frente a los focos vascos y asturianos, y en el sur la progresión hacia Madrid había quedado detenida en Somosierra y el Alto de los Leones. El área sur era más pequeña, pero más dinámica; aplastados los intentos de resistencia del proletariado urbano en Sevilla, de los mineros de Riotinto y de algunos campesinos, Queipo de Llano hizo la primera demostración de la eficacia de la propaganda radiofónica como arma de guerra: por el Estrecho estaba pasando poco a poco el ejército colonial; los recursos alimenticios del Valle Bético crearían allí una base desde la que iniciar la ofensiva, y las fábricas de armamento de Sevilla serían una fuente de municiones para el ejército del norte, que hasta la conquista de Bilbao carecía de suministro propio.

Apoyo al levantamiento

No fue el Ejército en bloque el que se sublevó contra la República: de los 18 generales con mando de división, es decir, que controlaban las unidades militares más importantes, únicamente se sublevaron cuatro: Cabanellas, Queipo, Goded y Franco, de los que sólo uno de ellos, Cabanellas, mandaba tropas en la Península. Hubo otros dos generales de división, en la reserva, que intervinieron en la sublevación, Fanjul y Saliquet, mientras que los generales Riquelme y Masquelet, que se hallaban en destinos especiales, permanecieron leales al Gobierno republicano. Tampoco hubo entre los generales de brigada una adhesión unánime: 14, de los 56 que había el 18 de julio, se levantaron contra el Gobierno. La parte más activa le llevó el cuerpo de oficiales, que arrastró con su actuación a bastantes jefes indecisos. Contaron inicialmente con unos 120.000 soldados, de los 254.000 que había en ese momento, así que para explicar la ineficacia de los que permanecieron leales a la República hay que tener en cuenta:

1- La orden del Gobierno republicano de desmovilizar a los soldados, que, pensada para restar fuerza a los rebeldes, consiguió los efectos contrarios porque muchos de esos soldados se negaron después a regresar a sus unidades e ingresaron en las milicias.

2- Los anarquistas y socialistas tenían una tradición antimilitarista, que les llevó a desconfiar de muchos mandos militares que no se habían levantado contra la República. Una parte importante de lo que podía haber sido desde el principio el ejército republicano quedó disgregado en unidades dispersas y sin disciplina. Era “el pueblo en armas”.

Fuerzas sublevadas

Los sublevados tenían fuerzas disciplinadas y organizadas, formadas fundamentalmente por el ejército de África, sobre todo la Legión, fundada por Millán Astray y Franco en 1920 y compuesta de prófugos, delincuentes, marginados y fugitivos, a quienes se formaba en el culto a la virilidad y a la violencia. Tenía entonces dos regimientos, uno en Melilla y otro en Ceuta, dirigido por el teniente coronel Yagüe, hombre de confianza de Franco en la represión de Asturias en octubre de 1934 y delegado de Mola para la conspiración de Marruecos. Al lado de la Legión estaban además las Fuerzas Regulares Indígenas, formadas por mercenarios marroquíes y algunos españoles. El general Emilio Mola apareció como el principal organizador del levantamiento militar, aunque era el general José Sanjurjo quien debía ponerse al frente, pero no fue posible porque el avión que le trasladaba a España desde su exilio en Portugal se estrelló el 20 de julio nada más despegar cerca de Cascais. Su muerte, unida al fracaso de Fanjul y Goded en sus insurrecciones en Madrid y Barcelona, obligaron a reorganizar los planes. El 21 de julio, Mola se trasladó a Zaragoza e invitó a Cabanellas a presidir la Junta de Defensa Nacional, que se formó en Burgos tres días después. El problema logístico para pasar las tropas africanas a la Península (el Estrecho estaba controlado por barcos de la República cuya tripulación se había amotinado contra sus oficiales) fue resuelto por Franco gracias a la ayuda de Hitler y Mussolini: dos ejecutivos alemanes residentes en el Marruecos español hicieron llegar a Hitler un mensaje de Franco solicitando aviones de combate y transporte, que llegaron a Tetuán a partir del 29 de julio. Así Franco eludió el bloqueo naval, pasó las tropas a Andalucía y empezó su avance sobre Madrid. El 7 de agosto, ya estaba instalado en Sevilla. Para entonces el pronunciamiento ya se había convertido en una guerra civil.

Situación en Madrid

Mientras tanto, en Madrid, el jefe del Gobierno, Santiago Casares Quiroga, dimitió, siendo sustituido por José Giral, que ordenó armar a las milicias obreras, que salieron a las calles a combatir a los sublevados allí donde la fidelidad de algunos mandos militares lo permitió. Muchos ya no luchaban para defender a la República, sino para hacer la revolución.

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