Las Hilanderas (La fábula de Aracne) de Velázquez: luz, atmósfera y composición pictórica
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Las Hilanderas (La fábula de Aracne) de Velázquez
La fábula de Aracne, o Las Hilanderas, es un cuadro de temática mitológica en el que se representa la competición celebrada entre la diosa Minerva (Atenea) y la tejedora Aracne. Traslada la escena al interior de un taller de tejedoras y representa, en un mismo cuadro, una escena costumbrista en primer plano y una escena mitológica al fondo, tratando de reconciliar el mundo del mito y el de la realidad. Velázquez logra en este óleo una consecución notable de la perspectiva aérea mediante la atmósfera de neblina tan peculiar en su obra; la luz es la gran protagonista del cuadro: todo se supedita a ella, tanto la línea como el color, produciendo un efecto de extrema realidad.
Contexto y tema mitológico
El cuadro recoge el tema mitológico de la fábula de Aracne y Atenea (Minerva). La joven Aracne ideó un bello tapiz, pero en él se representaba un tema que molestó a la diosa: El rapto de Europa, ya que ponía de manifiesto los engaños que usaba Zeus para seducir a Europa; enfadada, la diosa decidió castigarla convirtiéndola en araña.
Composición y espacios
En primer plano vemos un taller con cinco mujeres (hilanderas). En este plano se encuentra Aracne a la derecha. Al fondo, detrás de ellas y en una estancia que aparece más elevada, aparecen otras cinco mujeres ricamente vestidas, sobre un fondo de tapices; parecen contemplar una escena mitológica en la que observamos a Atenea con casco.
En el segundo plano también observamos un violonchelo, representado antiguamente como medicina ante las arañas.
Observaciones compositivas
- El tema principal que da título a la obra se sitúa al fondo; no es una novedad: el pintor renacentista Piero della Francesca ya utilizó este recurso en su obra La flagelación de Cristo.
- Es una tela de gran armonía compositiva basada en las relaciones de luz, ritmo y contraste.
- El uso del color rojo es un recurso típico del autor y actúa como acento visual en la composición.
Luz, atmósfera y perspectiva
Velázquez consigue que nuestra vista pase de la hilandera iluminada de la derecha a la de la izquierda, para saltar por encima de la que se agacha en la penumbra hasta la escena del fondo. Destaca el efecto atmosférico: la sensación de que entre las figuras hay aire que deforma los contornos y hace que las figuras estén algo borrosas, lo que contribuye a la profundidad y a la perspectiva aérea.
Movimiento y pincelada
Velázquez ha sabido plasmar la sensación de movimiento, como se aprecia en la rueca de la izquierda, cuyos radios no se definen claramente, y en la figura de la derecha que enrolla la lana. La pincelada es suelta y en ocasiones utiliza manchas, como en el caso del gato o el rostro inacabado de la mujer del centro.
Conclusión: armonía y verosimilitud
En conjunto, Las Hilanderas es una obra que reconcilia el mito y la realidad mediante una composición armoniosa basada en la luz, la atmósfera y una pincelada suelta que acentúa la verosimilitud pictórica. Velázquez logra una economía de recursos que produce una sensación de gran naturalidad y de tensión narrativa entre el primer plano costumbrista y la escena mitológica que da sentido al cuadro.