Hispania Bajo Roma y los Visigodos
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Hispania Romana
La conquista romana de la Península Ibérica fue una consecuencia de su enfrentamiento con Cartago por el control del Mediterráneo. Se llevó a cabo en tres etapas principales:
Segunda Guerra Púnica (218-201 a.C.): Roma inicia la conquista tras derrotar a los cartagineses. Expulsa a los ejércitos de Aníbal y toma el este y sur de la península.
Guerras contra lusitanos y celtíberos (155-134 a.C.): Destacan las resistencias de los lusitanos liderados por Viriato, y la conquista de Numancia tras ocho meses de asedio.
Guerras cántabras y astures (29-19 a.C.): Concluyen con la victoria del emperador Augusto, completando la dominación romana de la península.
La romanización supuso la adopción del latín, el Derecho Romano y el cristianismo. La economía se estructuró en un sistema esclavista y de explotación de recursos (trigo, vid y aceite) exportados a Roma. Se desarrollaron infraestructuras como calzadas (Vía Augusta, Vía de la Plata), acueductos (Segovia), teatros y foros (Mérida). La romanización fue desigual, más intensa en el sur y levante, mientras que en el norte la resistencia y el aislamiento redujeron su impacto.
La Monarquía Visigoda
Tras la caída del Imperio Romano, la península fue invadida por suevos, vándalos y alanos, pero los visigodos, aliados de Roma, los expulsaron y establecieron su propio reino con capital en Toledo.
El proceso de unificación visigoda incluyó:
Unificación territorial (569): Leovigildo derrota a los suevos y vascones, consolidando el dominio visigodo.
Unificación religiosa (589): Recaredo adopta el catolicismo en el III Concilio de Toledo, eliminando el arrianismo y logrando la unidad espiritual del reino.
Unificación legislativa (654): Recesvinto promulga el Fuero Juzgo, unificando las leyes para visigodos e hispanorromanos.
El gobierno visigodo estaba compuesto por el Aula Regia, un consejo asesor formado por nobles y obispos, y el Officium Palatinum, que gestionaba la administración del reino. Los Concilios de Toledo tenían un papel fundamental en la elaboración de leyes y políticas.
La sociedad visigoda mantuvo estructuras heredadas de Roma, pero con un fuerte control aristocrático. La cultura se centró en la religión y el latín se mantuvo como lengua culta. San Isidoro de Sevilla fue una figura clave con obras como "Etimologías".
La inestabilidad política fue constante, marcada por guerras civiles, conspiraciones y asesinatos regios. Esta debilidad interna facilitó la invasión musulmana en 711, cuando el último rey visigodo, Don Rodrigo, fue derrotado en la batalla de Guadalete.