Historia crítica de las mujeres y el género: de la Ilustración a los espacios domésticos

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1. Realidad histórica de los años 70 y la nueva historia feminista

En los años 70, el movimiento crítico y la nueva ola feminista impulsaron una historia crítica, cuyo problema fue no ser androcéntrica. Los eclosionados acontecimientos sociopolíticos de 1968 y los cambios en las formas de dominación cultural vigentes, la libertad sexual y el cambio de la familia configuraron una historia sociocultural multidisciplinar que eliminó las jerarquías por sexo y propició la desjerarquización.

El movimiento feminista de la segunda ola tuvo como referentes a los Annales, a Mill y Engels (dominación por la familia) y a Beauvoir (derecho al trabajo). La imposición social y la fuerza de la construcción del género en el ámbito sociopolítico, así como las estrategias prácticas, convirtieron a la familia en fundamento para el estudio.

La primera conferencia de Berkshire y el coloquio interdisciplinar de Toulouse fueron hitos fundacionales. En España, el estudio de las mujeres dio lugar a centros de investigación y a la Fundación AEIHM (1991). La nueva historia nace en el marco teórico feminista, renovando los métodos y analizando las relaciones de dominación-opresión, el discurso normativo, las estructuras a favor de la actuación individual y la perspectiva antropológica.

El género nace del discurso y es una historia cultural de la diferencia. Joan Scott, en su concepción del género (1985), desde el postestructuralismo, privilegia el discurso y critica la cultura (símbolos e instituciones). Freud rompió la dicotomía cuerpo-mente; los rasgos culturales interfieren en la evolución del genoma. Judith Butler, en Gender Trouble, defiende que el género es una construcción cultural y no una simple abstracción.

Se trata de romper el aislamiento y la integración de distintas historias, con una perspectiva crítica que desarticule el orden patriarcal y rompa el pensamiento de la diferencia sexual. El feminismo de la igualdad reivindica la razón liberal que equipara a los sexos, mientras que el feminismo de la diferencia defiende la práctica política y el pensamiento de la diferencia sexual.

2. La identidad femenina construida sobre el género

La adquisición de la identidad de las mujeres se construye sobre el género, analizando la construcción de la diferencia sexual. Intervienen tres procesos: asignación, identidad y rol de género. El lenguaje actúa como instrumento de codificación.

Análisis de la identidad

  • Problemática de los discursos.
  • Identidad inacabada.
  • Desidentificación.
  • Identidad y discurso de la experiencia.

Discursos sobre la mujer

  • Discurso tradicional: refuerza el orden jurídico patriarcal, la misoginia y la institución del diablo.
  • Discurso religioso-moral: el Malleus Maleficarum sostiene la naturaleza débil de la mujer, junto con las bulas papales.
  • Discurso médico: teoría de los humores, desprestigio del aparato genital femenino y la mujer como varón imperfecto (Huarte de San Juan, siglo XVI).
  • Discurso legal: exclusión de las mujeres de la sucesión, la administración y los cargos. Jean Bodin enumeró sus siete defectos, lo que derivó en la incapacidad legal y la caza de brujas.
  • Discurso misógino: difundido por los medios de comunicación y la iconografía, con función pedagógica. Se sublima la maternidad con la referencia a la Virgen.

Sara Mattheus señala que la misoginia crece en Francia hacia 1560 a través de la alegoría de mujeres virtuosas, en un doble movimiento de atracción y rechazo.

3. Revoluciones, ciudadanía y esferas pública y privada

Las revoluciones francesa y estadounidense, junto con la revolución industrial, dieron paso al Estado-nación, que transformó al súbdito en ciudadano y al derecho en universal. John Locke (Tratado sobre el gobierno) distinguió la esfera pública (polis) de la privada (familia).

Rousseau, en el Contrato social (1772), planteó la civilización como un pacto entre iguales (frères). Sofía y Emilio muestran una distinción pero complementariedad.

Karen Pateman sostiene que todo es político. Fraisse señala que lo público es solo masculino, una trampa en la ciudadanía.

Olympe de Gouges declinó en femenino los derechos de las mujeres y de la ciudadanía. Lacombe fundó la Sociedad Cívica Revolucionaria, defendiendo el derecho a las armas frente a los jacobinos. Siguieron la Constitución de 1791 y el Código napoleónico de 1804. Wollstonecraft defendió la mujer social, y Olimpia afirmó que la mujer nace libre e igual al hombre en derecho.

4. El espacio doméstico y la historia de la vida privada

El espacio sufrió cambios sociales y económicos. Existen pocas fuentes arquitectónicas para estudiar la casa como espacio plural y de relación. Pandolfini, en su Tratado del gobierno de la familia, alaba el gobierno doméstico.

El hogar otorgó a la mujer ciertas cotas de poder, lo que legitimó su reclusión. Surgieron diecisiete nuevos espacios domésticos. Los estanques se correlacionan con el interior y lo privado. Las viviendas palaciegas contaban con alcoba y aposento.

  • Estrado (siglo XVIII): tradición islámica.
  • Salón (siglo XIX): escaparate social; el siglo de oro de la mujer a la morisca.
  • Comedor: adecuado a otras salas.
  • Tocador y despacho: prohibida la entrada a los gabinetes.

El Diccionario de Autoridades (1732) y D'Aulnoy, en Viajes por España (1679), describen la casa como espacio de sociabilidad, con reglas y rituales. El estrado tuvo connotación negativa para la mujer, mientras el salón servía también para negocios. La vivienda se concebía como un ambiente con divisiones para asuntos menores: entrada, estar y salón. El Cortesano de Castiglione vinculaba el número de cámaras con el prestigio, y los criados se encargaban de la cocina y de los niños.

La Filosofía del tocador (1795) de Sade generó controversia sobre estas estancias.

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