Historia de la Diputación de Navarra y la Guerra de Sucesión Española
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La Diputación del Reino de Navarra: Origen y Evolución
La Diputación del Reino de Navarra fue una institución de gobierno creada en 1576. Su principal función era controlar y desarrollar los acuerdos tomados en las Cortes. Se trataba de una corporación reducida y permanente que representaba a los tres estamentos del reino.
Composición y Funcionamiento
La Diputación se componía de siete miembros: un eclesiástico, dos de la nobleza y cuatro representantes de las ciudades. Los diputados eran elegidos por cada uno de los tres estamentos. El sistema de votación otorgaba un voto al eclesiástico, dos a la nobleza y dos a los cuatro representantes de las ciudades. Los acuerdos se tomaban por mayoría de votos. Los diputados eran asistidos por abogados, y en la Diputación había también un secretario, encargado de gestionar las actas, y un archivero, entre otros.
Funciones y Competencias
Las reuniones de la Diputación se celebraban una vez por semana, debido a las nuevas y crecientes competencias fiscales, administrativas y militares que hacían necesaria una dedicación constante. Más necesarias eran las reuniones cuanto más espaciadas eran las convocatorias a Cortes, especialmente desde el siglo XVII. La Diputación participó activamente en la recaudación del donativo económico para el rey y en la gestión de los servicios militares.
Evolución Histórica
Tras las Cortes de Cádiz, la institución fue denominada Diputación Provincial, con las mismas funciones que el resto de diputaciones provinciales. Posteriormente, tras la Ley de Modificación de Fueros, se estableció la Diputación Provincial Foral. Finalmente, en 1867, pasó a denominarse simplemente Diputación Foral, consolidando su carácter específico dentro del marco foral navarro.
La Guerra de Sucesión Española (1701-1713)
La Guerra de Sucesión Española fue un complejo enfrentamiento que se desató a la muerte de Carlos II, el último monarca de la Casa de Austria en España. Carlos II dejó como heredero a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia, quien fue proclamado rey de España como Felipe V en 1701. Esta sucesión suponía una potencial alianza entre España y Francia, lo que generó una fuerte oposición en el resto de Europa, que temía la ruptura del equilibrio de poder. Por ello, se inició una guerra con el Archiduque Carlos de Austria, el otro pretendiente al trono. El conflicto se extendió hasta 1713.
Dimensión Europea del Conflicto
La guerra tuvo una clara dimensión europea, ya que las principales potencias del continente no querían la unión de las coronas de Francia y España bajo la misma casa dinástica (los Borbones). Por esta razón, apoyaron al Archiduque Carlos, de la Casa de Austria. Los enfrentamientos comenzaron en 1701 y los escenarios principales de la contienda fueron la Península Ibérica y el norte de Italia.
Dimensión Civil en España
Además de su carácter europeo, la Guerra de Sucesión fue también una guerra civil dentro de España, pues enfrentó intereses y territorios diferentes. El conflicto dividió a la sociedad española entre centralistas (partidarios de un modelo de estado unificado y centralizado, generalmente apoyando a Felipe V) y foralistas (defensores de los fueros y particularidades de cada reino, mayoritariamente apoyando al Archiduque Carlos). Castilla, buscando recuperar su hegemonía política, apoyó al Borbón, esperando que esta alianza le fuera más favorable, ya que sobre ella habían recaído los mayores gastos y pérdidas humanas de guerras anteriores. También lo hizo robar, puesto que Felipe era pariente de los antiguos reyes de Navarra. Por otro lado, la Corona de Aragón, temerosa del centralismo borbónico y de la pérdida de sus instituciones forales, se inclinó mayoritariamente por el bando austriaco.
Fin del Conflicto y Consecuencias
El curso de la guerra cambió drásticamente con la muerte del emperador de Austria, José I, en 1711. Este suceso supuso que el Archiduque Carlos, el pretendiente al trono español, accediera al trono austriaco como Carlos VI. Ante la perspectiva de una unión de las coronas de Austria y España, que habría alterado nuevamente el equilibrio de poder en Europa, las potencias europeas dejaron de apoyar a Carlos. Esto llevó a la ruptura de la alianza anti-borbónica. Finalmente, Felipe V renunció al trono francés, lo que allanó el camino para el fin del conflicto. La guerra concluyó con los Tratados de Utrecht (1713) y Rastatt (1714), que consolidaron a Felipe V como rey de España, pero con la condición de la renuncia a sus derechos sobre la corona francesa, y redefinieron el mapa político europeo.