Historia de España: Desde la Antigüedad hasta el Siglo XVIII
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Guerra Civil Española (1936-1939)
El término guerra civil se refiere a enfrentamientos bélicos entre dos o más ejes políticos contrarios generados dentro de un mismo estado.
Uno de los conflictos más importantes en España fue la Guerra Civil (1936-1939), que empezó el 17/18 de julio de 1936 con la sublevación de altos mandos del Ejército contra el gobierno de la Segunda República. La guerra finalizó el 1 de abril de 1939, con la derrota republicana y el inicio de la dictadura franquista.
Definición e Historiografía
La historiografía (que estudia cómo se escribe la historia) ha abordado este conflicto desde diferentes perspectivas. Durante la dictadura franquista, estuvo condicionada por las circunstancias vigentes. Existen dos corrientes historiográficas: una de orientación neofranquista, y otra mayoritaria que apunta a responsabilidades compartidas.
Causas del Conflicto
Las causas de la guerra fueron: el fracaso del golpe de Estado de julio de 1936. Una amplia mayoría de historiadores rechazan la justificación de la sublevación militar como la respuesta frente a una inminente revolución comunista; la sublevación provocó el inicio de una revolución más social que política.
Las causas influyen en el convulso periodo republicano, con interpretaciones sobre la culpabilidad de diversos historiadores como Metafakis.
A principios del año 1936, grupos militares habían mantenido reuniones para planear un golpe que habría de producirse, en caso de que las izquierdas ganaran las elecciones de febrero. Emilio Mola fue quien lo organizó y contó con el apoyo de la UME (Unión Militar Española).
Desarrollo Militar de la Guerra
La sublevación se inició el 17 de julio de 1936 en Melilla. El 18 de julio, Franco llegó desde Canarias y tomó el mando del ejército de Marruecos, el más preparado y equipado de la República.
A pesar de la ventaja inicial de los sublevados, con el apoyo de Alemania e Italia, la República resistió gracias a la movilización de sus fuerzas y la ayuda internacional, como las Brigadas Internacionales.
Los sublevados intentaron una maniobra con el objetivo de aislar Madrid y cortar su comunicación con Valencia: un primer intento fue la Batalla del Jarama en febrero de 1937, en la que los sublevados no pudieron aislar la capital. El segundo intento fue la Batalla de Guadalajara en marzo de 1937, donde la República salió victoriosa.
En este momento, Franco cambia de estrategia y traslada la lucha al norte de España. En diciembre de 1937, el ejército republicano fue reorganizado y quedó al mando del general Vicente Rojo, defensor de Madrid.
La última fase de la guerra fue la batalla del Ebro el 25 de julio de 1938, y a partir de 1938, las fuerzas franquistas comenzaron a ganar terreno, ocupando importantes regiones como Cataluña.
La resistencia republicana acabó, disolviéndose con el golpe del coronel Casado en Madrid. El 1 de abril de 1939, Franco firmó el parte de guerra en Burgos, finalizando la guerra.
Consecuencias de la Guerra Civil
Las consecuencias de la guerra fueron devastadoras. En términos demográficos, hubo muchos muertos y exiliados, especialmente hombres jóvenes, lo que afectó a la estructura del país. Económicamente, hubo una enorme destrucción de infraestructuras y medios productivos. En lo político, la República fue reemplazada por una dictadura militar que duraría 40 años. Culturalmente, muchos intelectuales se exiliaron, y las controversias sobre la memoria histórica y la responsabilidad del conflicto siguen siendo temas actuales en la sociedad española.
Evolución Política y Económica en las Dos Zonas
A los pocos días del inicio de la sublevación militar de julio de 1936, se evidenció el comienzo de una Guerra Civil, con dos bandos diferenciados.
El Bando Sublevado
El bando sublevado estaba formado por militares, conservadores, monárquicos de derechas, grupos católicos, falangistas, tradicionalistas y todos aquellos perjudicados por las reformas de la República. Estaban apoyados por el fascismo y se definían como nacionales. Su intención era restablecer el orden a través de una dictadura militar, con la intención de organizar la sociedad bajo una fórmula monárquica o republicana. La sublevación se inició bajo bandera republicana, adoptando la monarquía más adelante bajo Franco.
El Bando Republicano
Por otro lado, el bando republicano estaba constituido mayoritariamente por las clases populares, urbanas y campesinas, asociados de izquierda y buena parte de la intelectualidad española. Defendían la República y el Gobierno del Frente Popular, con diversos intereses, desde reformistas hasta revolucionarios. Existían dos posiciones enfrentadas dentro de la República: una parte quería iniciar la revolución social, inmediata, y otra parte quería realizar reformas sociales tras la guerra.
Evolución Política en la Zona Republicana
En julio de 1936, la sublevación militar llevó a la creación de una estructura de poder popular en la República, con batallones de voluntarios, integrados por las milicias populares. La colectivización de la propiedad privada fue un hecho destacado. También se desarrolló un violento movimiento anticlerical y antiburgués, con asaltos a iglesias y detenciones de clérigos y propietarios.
La República formó un gobierno de concentración en septiembre de 1936, presidido por Largo Caballero, que integró republicanos, socialistas y comunistas. En noviembre, los anarcosindicalistas se unieron al gobierno. El objetivo era organizar el Estado y dirigir la guerra creando el Ejército Popular. Sin embargo, los conflictos entre comunistas y anarcosindicalistas, como los “Hechos de Mayo” de Barcelona (1937), debilitaron el gobierno.
La victoria de los comunistas tras los “Hechos de Mayo” fortaleció su influencia, especialmente por el apoyo de la Unión Soviética. Tras la división de Largo Caballero, Juan Negrín subió a la presidencia del gobierno republicano, el cual intentó resistir hasta el final, buscando una solución negociada con Franco.
La situación empeoró a partir de marzo de 1938, con constantes derrotas militares, lo que llevó a la caída de Cataluña en 1939.
Evolución Política en la Zona Nacional
En la zona nacional, los principales generales sublevados actuaron como virreyes en los territorios bajo su mando.
El 30 de septiembre de 1936, Franco fue reconocido como jefe del Alzamiento y, el 1 de noviembre, fue nombrado Jefe del Gobierno del Estado y Generalísimo de los Ejércitos españoles. Franco instauró un mando único, prohibiendo los partidos y sindicatos del Frente Popular y reconociendo la Falange y los partidos monárquicos.
En abril de 1937, Franco promulgó un Decreto de Unificación, creando un partido único, Falange Española Tradicionalista y de las JONS, unificando las fuerzas nacionales bajo su liderazgo. En enero de 1938, se formó el primer gobierno franquista, que instauró un modelo nacionalcatolicismo, suprimiendo la legislación republicana en economía y trabajo. Se impuso una represión extremadamente violenta contra los que se oponían.
En marzo de 1938, se aprobó la primera de las leyes fundamentales del franquismo, el Fuero del Trabajo.
Evolución Económica y Contexto Internacional
En cuanto a la evolución económica, la República comenzó la guerra controlando zonas industriales, pero carecía de suficiente territorio agrícola para abastecerse. Esto llevó a la colectivización y una reforma agraria acelerada. La financiación de la guerra se hizo mediante la deuda pública y el oro del Banco de España.
El enfrentamiento se percibió como una lucha entre totalitarismo y democracia. El bando sublevado recibió apoyo de Italia, Alemania y Portugal, mientras la República fue respaldada por la URSS y México. Francia y Gran Bretaña, con miedo de confrontar a la Alemania nazi, impulsaron el Comité de No Intervención, lo que dejó a la República sin apoyo. Esto contribuyó a la derrota republicana, ya que la falta de armas y apoyo internacional dificultó su resistencia.
Historia Antigua y Medieval de la Península Ibérica
Pueblos Prerromanos y Colonizaciones Mediterráneas
Entre los siglos XI a.C. y VII a.C. llegan a la península los pueblos indoeuropeos que se establecen en la Meseta y la actual Cataluña. El sur de la península, rico en minerales, fue el destino elegido por los fenicios que llegaron a finales del segundo milenio a.C., los griegos que llegaron en el siglo VIII a.C. y que fundaron enclaves comerciales, y los cartagineses (de origen fenicio) que llegaron en los siglos VI-V a.C. y fundaron colonias como Ebussus. El contacto entre estos pueblos y la población local supuso la llegada de la escritura alfabética.
Historiadores griegos y romanos han dejado constancia escrita de la existencia en el suroeste peninsular de un pueblo denominado Tartessos. Esta civilización se habría desarrollado entre el 1000-500 a.C., y desapareció a finales del siglo VI a.C.
Durante el primer milenio a.C., se configuran en la península tres culturas diferentes: celtas, iberos y celtíberos. Los pueblos celtas desarrollaron una economía agropecuaria, fabricaron instrumentos y armas de hierro y bronce, y hablaban una lengua de origen indoeuropeo. Entre los celtas había pueblos agrícolas, que eran sedentarios y habitaban en castros, mientras que otros que practicaban la ganadería eran más nómadas. La actividad minera era importante y la sociedad celta se organizaba en clanes unidos por lazos familiares.
Hispania Romana
La disolución del control romano de la península fue correlativa a la crisis del Imperio.
La llegada de los romanos a la península Ibérica se produjo en el contexto de la Segunda Guerra Púnica, que enfrentó a Roma y Cartago por la hegemonía en el Mediterráneo. El general Aníbal Barca desembarcó con un ejército en 238 a.C. y consiguió controlar el sur y el este de la península, con la intención de conquistar Roma. Esta responde enviando un ejército, iniciando así la conquista desarrollada en tres fases:
- 218-197 a.C.: los romanos dominan la costa mediterránea y expulsan a los cartagineses.
- 197-133 a.C.: conquista romana de la Meseta.
- 29-19 a.C.: El emperador Augusto culmina la conquista en las llamadas guerras cántabras.
Los romanos realizaron varias divisiones administrativas de su nueva provincia, Hispania: una, en 197 a.C., otra, en 14 a.C., y otra en 297 d.C. y la definitiva en el siglo IV d.C.
Existieron dos tipos de provincias: senatoriales e imperiales.
Los romanos fueron imponiendo en Hispania sus estructuras económicas, su cultura y sus formas de organización administrativa, política y social, proceso conocido como romanización. La economía fue de base agraria. Bajo la dominación romana se introdujeron numerosas mejoras técnicas. Los principales elementos culturales de la romanización fueron el latín, el derecho romano y la religión.
Al-Ándalus: Evolución Política
La conquista musulmana de la Península Ibérica comenzó en 711, cuando el ejército de Tariq venció a Rodrigo en la batalla de Guadalete. Aprovechando las divisiones internas del reino visigodo, los musulmanes avanzaron rápidamente y alcanzaron la Cordillera Cantábrica en 718.
Al-Ándalus pasó por varias fases políticas:
- Entre 714 y 756 fue un Emirato dependiente del Califato Omeya de Damasco, bajo control de un walí.
- En 756, Abderramán I, superviviente del exterminio de la familia Omeya, proclamó un Emirato independiente de Bagdad, consolidando el islam en la región.
- En 929, Abderramán III estableció el Califato de Córdoba, logrando independencia total y alcanzando un período de esplendor que decayó tras la muerte de Almanzor.
- La crisis del Califato llevó a la formación de los reinos de Taifas en 1031.
Ante el avance cristiano, las Taifas pidieron ayuda a los almorávides, quienes reunificaron Al-Ándalus como parte de su imperio entre 1085 y 1147. La caída de los almorávides trajo el breve período de Segundas Taifas, seguido del dominio de los almohades (1195-1224), que hicieron de Sevilla su capital.
La derrota almohade en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) aceleró el avance cristiano, y desde 1238 solo quedó el Reino Nazarí de Granada, que sobrevivió hasta 1492 pagando tributos a Castilla. Granada fue conquistada finalmente por los Reyes Católicos, cerrando la presencia musulmana en la península.
Al-Ándalus: Economía, Sociedad, Cultura y Legado Judío
Al-Ándalus fue el territorio de la Península Ibérica bajo control musulmán entre 711 y 1492. Su economía se basó en una intensa actividad mercantil y en el desarrollo agrícola, con la introducción de técnicas avanzadas de regadío y de nuevos cultivos como la caña de azúcar, el algodón y el arroz. También se expandió el cultivo del olivo y la ganadería ovina, lo que aumentó la productividad agrícola para abastecer a una sociedad urbana.
Ciudades como Córdoba (100.000 habitantes) y Sevilla (50.000) crecieron notablemente, mientras que se fundaron ciudades como Calatayud y Tudela por motivos estratégicos y económicos.
Al-Ándalus fue un espacio de convivencia entre musulmanes, cristianos y judíos, conocidos como "las tres culturas". La sociedad andalusí era compleja: los árabes y bereberes constituían la élite musulmana, mientras que los conversos (muladíes), los cristianos (mozárabes) y los judíos formaban una mezcla diversa en términos étnicos y religiosos. Además, coexistían una sociedad rural con grandes terratenientes y campesinos, y una sociedad urbana variada con artesanos, comerciantes y profesionales. También existían minorías étnicas y sectores marginales.
La cultura de Al-Ándalus sobresalió en diversos campos, destacando en Filosofía (con pensadores como Avempace y Averroes), Geografía (Al Idrisi), y literatura, además de su arquitectura, como la Mezquita de Córdoba, la Alhambra de Granada y el palacio de Medina Azahara. Las ciudades de Córdoba y Granada se convirtieron en centros de conocimiento y arte, durante el Califato de Al Hakam II y el Reino Nazarí.
Los judíos, quienes llamaban a la península "Sefarad", destacaron en Córdoba, Granada y Toledo, dedicándose a la artesanía, el comercio y la medicina. Ocuparon cargos importantes en la corte, y el filósofo Maimónides es un ejemplo de su relevancia. También hubo una notable presencia judía, aunque la intolerancia cristiana aumentó, especialmente a partir del siglo XIII, culminando con su expulsión en 1492 por los Reyes Católicos.
Los Reinos Cristianos: Evolución de la Conquista y Organización Política
La resistencia cristiana a la conquista musulmana de la Península Ibérica comenzó con el núcleo astur-leonés tras la batalla de Covadonga (722) liderada por Pelayo. Alfonso I y Alfonso II establecieron el Reino de Asturias, y Alfonso III lo expandió hacia el valle del Duero. Posteriormente, Ordoño II trasladó la capital a León, formando el Reino de León. Castilla surgió como un condado defensivo bajo León, pero en 927, el conde Fernán González declaró su independencia.
En el noreste peninsular, Carlomagno creó la Marca Hispánica como barrera defensiva, de la cual surgieron condados que ganaron independencia: Aragón (817) y el Reino de Pamplona (830). Los condados catalanes, incluido el de Barcelona, lograron independencia definitiva en el siglo X bajo Borrell II.
Sancho III de Pamplona consolidó los territorios cristianos, incluyendo Castilla, que a su muerte dividió entre sus hijos, formando los reinos de Aragón, Castilla y Navarra.
Durante los siglos XI y XII, los cristianos aprovecharon la debilidad de los reinos de taifas, expandiéndose al Tajo y al Ebro. Toledo fue conquistada en 1085, Lisboa en 1147 y Zaragoza en 1118. Castilla y León se unieron en 1230 como la Corona de Castilla, mientras Navarra quedó rodeada por Castilla y Aragón.
La gran expansión cristiana ocurrió en el siglo XIII tras la batalla de las Navas de Tolosa (1212), con Jaime I de Aragón conquistando Mallorca (1231) y Valencia (1243-1245), y Aragón iniciando su expansión por el Mediterráneo. A fines del siglo XIII, solo el Reino Nazarí de Granada permaneció como bastión musulmán hasta 1492.
En Castilla, el monarca centralizaba el poder con instituciones como el Consejo Real y las Cortes, mientras que en Aragón, una confederación de reinos con leyes propias, el sistema pactista limitaba el poder del rey, obligado a negociar con la nobleza.
Modelos de Repoblación y Sociedad Estamental Medieval
La Edad Media peninsular, que se extiende del 711 al 1492, comenzó con la conquista musulmana del Reino Visigodo y el surgimiento de los primeros núcleos cristianos, dando paso a un proceso de expansión y ocupación de tierras. Este avance generó distintos modelos de repoblación, influyendo en la propiedad de la tierra y en la estructura social de España.
El primer modelo fue la "repoblación libre" o presura (siglos IX y X), en la que los campesinos se asentaban en tierras del valle del Duero y los Pirineos bajo el incentivo de cartas de poblamiento que aseguraban su libertad.
En el segundo modelo, la "repoblación concejil" (siglos XI y XII), concejos y municipios en el valle del Tajo y el Ebro recibieron fueros y derechos para atraer repobladores, limitando el poder nobiliario.
Finalmente, los repartimientos del siglo XIII, posteriores a la batalla de las Navas de Tolosa, tuvieron como resultado latifundios en zonas como La Mancha y Andalucía, controlados por nobleza, Iglesia y Órdenes Militares.
La sociedad medieval peninsular era estamental: los privilegiados (nobleza y clero) acumulaban tierras, estaban exentos de impuestos y contaban con beneficios legales. Los campesinos, con variada situación según la región, tenían obligaciones hacia sus señores bajo un régimen señorial que regulaba las relaciones entre ellos. Además, en las ciudades surgía una burguesía, mientras que minorías como los judíos y mudéjares enfrentaban segregación. También existían grupos marginales como mendigos, pobres y prostitutas, y movimientos de protesta social como los irmandiños o remensas, reflejando la tensión en esta sociedad feudal.
La Edad Moderna en España (Siglos XV-XVIII)
Los Reyes Católicos: Unión Dinástica, Instituciones y la Guerra de Granada
Isabel y Fernando, miembros de la familia Trastámara, se casaron en secreto en 1469. Isabel llegó al trono tras una guerra civil (1474-1479) contra los partidarios de Juana "la Beltraneja", apoyada por Portugal. La victoria en la batalla de Toro y el Tratado de Alcaçovas consolidaron su posición como reina de Castilla. En 1479, Fernando heredó la Corona de Aragón, consumando la unión dinástica, aunque cada reino mantuvo sus leyes e instituciones. Esto dio lugar a la Monarquía Hispánica, vigente durante los siglos XVI y XVII.
Los Reyes Católicos marcaron el tránsito a la Edad Moderna, consolidando un Estado Moderno con reducción del poder de la nobleza, la Iglesia y los municipios. Reforzaron la recaudación fiscal, crearon un ejército profesional y un cuerpo diplomático permanente, e impulsaron reformas judiciales y administrativas, como las Audiencias, Chancillerías y Consejos. Instituciones como la Santa Hermandad y la Inquisición también se establecieron bajo su gobierno.
La Guerra de Granada (1482-1492) culminó con la conquista de la Alhambra el 2 de enero de 1492, tras aprovechar las divisiones internas del reino nazarí. Boabdil, último rey nazarí, recibió el señorío de las Alpujarras, donde se concentraron los moriscos. Posteriormente, Fernando anexó Navarra a Castilla en 1512, consolidando el poder territorial de los Reyes Católicos.
Exploración, Conquista y Colonización de América (Siglo XVI)
La llegada a América se enmarca en la expansión atlántica de Castilla y Portugal, en busca de rutas comerciales hacia las Indias. El Tratado de Alcaçovas (1480) estableció que Castilla renunciaba a la costa africana a cambio del reconocimiento de Isabel como reina, lo que permitió la conquista de las Islas Canarias (1480-1496).
En este contexto, Cristóbal Colón propuso llegar a Asia navegando hacia Occidente. Su proyecto, rechazado inicialmente, fue apoyado por Isabel tras la Guerra de Granada. En 1492, se firmaron las Capitulaciones de Santa Fe, que garantizaban a Colón beneficios si tenía éxito. Colón partió de Palos en agosto de 1492, llegando a Guanahaní el 12 de octubre. Descubrió Cuba y La Española antes de regresar en 1493. Realizó tres viajes más entre 1493 y 1504.
Las Bulas Inter Caetera (1493) y el Tratado de Tordesillas (1494) definieron los derechos territoriales entre Castilla y Portugal, permitiendo la ocupación portuguesa de Brasil.
La conquista americana se desarrolló bajo Carlos I, con sistemas de capitulaciones. Hernán Cortés conquistó el Imperio Azteca y la civilización maya; Francisco Pizarro, el Imperio Inca; y exploradores como Cabeza de Vaca, Orellana y Valdivia ampliaron el control en América. En Asia, Legazpi y Urdaneta conquistaron Filipinas.
Los territorios conquistados se incorporaron a la Corona de Castilla, que creó los virreinatos de Nueva España y Perú, junto con una legislación específica (Leyes de Indias). La colonización se financió con la explotación minera (Potosí y Zacatecas) y sistemas como encomiendas y mita. El control comercial y el Quinto Real generaron grandes ingresos para la Corona, pero la distancia facilitó la autonomía de los colonizadores. Las Leyes Nuevas de 1542 intentaron proteger a los indígenas, a pesar de denuncias como las del fray Bartolomé de las Casas.
Los Austrias del Siglo XVI: Política Interior y Exterior
Carlos I (1516-1556), primer rey Habsburgo en España, heredó vastos territorios, incluyendo las Coronas de Castilla y Aragón, Borgoña, y el Sacro Imperio. Su reinado comenzó con conflictos internos: la Guerra de las Comunidades de Castilla (1520-1522), un movimiento antiseñorial derrotado en Villalar, y la rebelión de las Germanías (1519-1523), protagonizada por artesanos valencianos, también reprimida. Tras estos conflictos, España gozó de estabilidad interna.
En política exterior, Carlos I enfrentó a Francia (victoria en Pavía, 1525), al Imperio Otomano (éxito en Túnez, derrota en Argel) y a Inglaterra, cuya reforma anglicana tensó relaciones. Su principal desafío fue la Reforma Luterana, que culminó con la Paz de Augsburgo (1555), permitiendo la libertad religiosa en el Imperio. En 1556, abdicó, dejando los territorios de los Habsburgo a su hermano Fernando y España a su hijo, Felipe II.
Felipe II (1556-1598) consolidó el gobierno polisinodial (consejos territoriales y temáticos) y fijó la capital en Madrid. En política interior, enfrentó la rebelión morisca de las Alpujarras (1568-1571), sofocada por Juan de Austria, y las alteraciones de Aragón (1591), relacionadas con Antonio Pérez. La Inquisición jugó un papel clave en su administración de justicia.
En política exterior, defendió el catolicismo en la Contrarreforma. Venció a Francia (San Quintín, 1557), repelió a los turcos en Lepanto (1571), pero fracasó ante Inglaterra con la Gran Armada (1588). La rebelión de los Países Bajos (1566) fue su principal desafío, dividiendo al norte protestante del sur católico. Felipe II murió en 1598, dejando una monarquía endeudada y con signos de declive, marcados por bancarrotas y tensiones internas y externas.
Los Austrias del Siglo XVII: Política Interior y Exterior
Felipe III (1598-1621) heredó un imperio vasto, guerras con Francia y los Países Bajos, y una Hacienda en bancarrota. Su reinado fue relativamente pacífico gracias a la paz con Francia y la Tregua de los Doce Años (1609-1621). Inició la figura del valido, delegando el poder en Francisco Gómez de Sandoval, duque de Lerma. Destacó la expulsión de los moriscos (1609), que afectó negativamente la economía y demografía.
Felipe IV (1621-1665) confió el gobierno a don Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares, quien impulsó reformas económicas y administrativas centralistas. Estas medidas generaron resistencias y provocaron las revueltas de Cataluña y Portugal (1640). Cataluña fue reconquistada en 1652, pero Portugal logró su independencia bajo el duque de Braganza.
En política exterior, España participó en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), reanudando la guerra de Flandes tras la expiración de la tregua. La derrota de Rocroi (1643) marcó el declive militar de los tercios. La guerra terminó con la Paz de Westfalia (1648), que reconoció la independencia de los Países Bajos y fortaleció a Francia. La guerra con Francia concluyó con la Paz de los Pirineos (1659), cediendo Rosellón y Cerdaña.
Carlos II (1665-1700), conocido como "El Hechizado", evidenció la crisis de la hegemonía hispánica y una profunda decadencia socioeconómica. Su débil gobierno fue controlado por validos como Juan José de Austria, y la aristocracia conspiró para apartarlo. Al morir sin descendencia, comenzó la Guerra de Sucesión y la llegada de los Borbones al trono.
Sociedad, Economía y Cultura en los Siglos XVI y XVII
La sociedad hispánica bajo los Habsburgo combinó elementos feudales y cambios modernos. Persistió la estructura estamental, con nobleza y clero en una posición privilegiada y el estado llano sujeto a impuestos. La nobleza se dividía en aristocracia, nobleza intermedia e hidalguía, esta última representada en "El Quijote". Aunque perdió su funcionalidad militar, justificaba su rol como "nobleza de servicio". El clero también tenía jerarquías, con un alto clero de origen nobiliario y un bajo clero más humilde. El estado llano, mayoritario, incluía campesinos en diversas condiciones y clases urbanas como artesanos y comerciantes. También había minorías étnicas (moriscos, conversos) y sectores marginales. El papel de la mujer estaba limitado por la mentalidad patriarcal.
La economía fue principalmente agraria. El siglo XVI fue de crecimiento, pero el XVII sufrió la crisis económica y demográfica. Las colonias aportaron comercio y metales preciosos, pero generaron inflación. Las manufacturas, como la textil, tuvieron poco desarrollo comparado con otras regiones de Europa.
Culturalmente, el siglo XVI correspondió al Renacimiento, con figuras como Nebrija y el Greco, y obras como "La Celestina". El siglo XVII, con el Barroco, marcó el Siglo de Oro, destacando Cervantes, Velázquez, Lope de Vega y Murillo, reflejando una época de decadencia política pero brillante talento artístico.
La Guerra de Sucesión, la Paz de Utrecht y los Pactos de Familia
En 1700 murió Carlos II sin descendencia, nombrando heredero a Felipe de Anjou, lo que provocó la Guerra de Sucesión Española (1700-1715). Gran Bretaña, Holanda y Austria respaldaron al archiduque Carlos de Habsburgo, enfrentándose a Francia y España. Castilla apoyó al Borbón, mientras Aragón, Cataluña y Valencia se inclinaron por el austriaco, temiendo el centralismo borbónico. La guerra comenzó en Europa y en la península.
En 1704, los británicos tomaron Gibraltar. En 1705, Carlos entró en Barcelona, controlando Aragón y Valencia. Sin embargo, los Borbones vencieron en Almansa (1707), recuperando territorio. En 1711, al heredar Carlos el trono austríaco, Inglaterra negoció la paz.
Los Tratados de Utrecht (1713) y Rastatt (1714) reconocieron a Felipe V como rey de España, pero renunció al trono francés y cedió territorios: Austria obtuvo Flandes y Nápoles, e Inglaterra, Gibraltar y Menorca. La caída de Barcelona (1714) y Mallorca (1715) consolidaron el fin del conflicto. España quedó como potencia secundaria, centrada en reformas internas y América.
Bajo los Pactos de Familia con Francia, España recuperó Nápoles y Sicilia (1733), participó en conflictos europeos y apoyó a EE.UU. en su independencia. Aunque perdió Florida, la recuperó junto con Menorca en 1783.
La Nueva Monarquía Borbónica: Decretos de Nueva Planta y Reformas del Estado
La llegada de los Borbones a España trajo cambios significativos hacia un modelo de monarquía absoluta. Felipe V y Fernando VI centralizaron el poder regio, eliminando las limitaciones que pesaban sobre el rey en la monarquía autoritaria anterior. Se abolieron los fueros e instituciones de los territorios de la Corona de Aragón mediante los Decretos de Nueva Planta (1707-1716), integrándolos en las Cortes de Castilla. Navarra y el País Vasco conservaron sus fueros al apoyar al bando borbónico en la Guerra de Sucesión.
El Consejo de Castilla se consolidó como principal órgano de gobierno, mientras las Secretarías de Estado, precursoras de los ministerios modernos, asumieron funciones ejecutivas. La administración territorial también se reorganizó: los virreinatos europeos fueron sustituidos por capitanías generales, reales audiencias e intendencias, estas últimas responsables de recaudar impuestos y modernizar la economía.
En Hacienda, los Borbones buscaron reducir el gasto público y gravar a los estamentos privilegiados. Lograron éxito en Aragón con impuestos como el catastro catalán, pero fracasaron en Castilla ante la resistencia de la nobleza e Iglesia. En conjunto, los Borbones implantaron un sistema político y fiscal centralista, uniforme y eficiente, inspirado en el absolutismo francés, marcando un cambio profundo en la organización del Estado.
Las Reformas Borbónicas en América
Las reformas borbónicas en las colonias americanas (siglo XVIII) respondieron a causas como la influencia ilustrada, el deseo de fortalecer el control real frente a la autoridad papal y la Compañía de Jesús, combatir el contrabando, frenar la corrupción de funcionarios coloniales y contrarrestar amenazas de piratas y potencias extranjeras. Estas reformas, mayormente impulsadas por Carlos III, se clasificaron en político-administrativas, religiosas, culturales y económicas.
En lo político-administrativo, se crearon los virreinatos de Nueva Granada (1717) y del Río de la Plata (1776), además de las Capitanías Generales de Cuba, Venezuela y Chile. Las intendencias sustituyeron a los gobernadores, con intendentes nombrados por el rey. Se favoreció a peninsulares en altos cargos, generando descontento criollo.
En lo religioso, se reafirmó el regalismo, dando primacía al rey sobre el papa en asuntos estatales, y en 1767 se expulsó a los jesuitas. Las reformas culturales incluyeron Escuelas de Artes y Oficios y expediciones científicas como la de Malaspina (1788-1794).
Económicamente, se flexibilizó el comercio colonial permitiendo intercambios directos entre 24 puertos americanos y 13 peninsulares, aunque sin eliminar el monopolio comercial. Se reemplazó el sistema de flotas por navíos de registro y se incentivaron la agricultura, obras públicas y nuevos impuestos como el aumento de las alcabalas. En definitiva, las reformas centralizadoras racionalizaron la administración, pero también generaron tensiones que propiciaron el proceso independentista de las colonias.
Sociedad, Economía y Cultura del Siglo XVIII
La España del siglo XVIII creció demográficamente de 7 a 10 millones de habitantes gracias a la reducción de la mortalidad catastrófica por mejoras en agricultura, transporte, salubridad urbana y avances en medicina. La estructura estamental persistió, con nobleza y clero como principales terratenientes, y el régimen señorial continuó vigente.
La economía se modernizó bajo los Borbones con un sistema mercantilista basado en comercio y metales preciosos. La agricultura aumentó su superficie cultivada con nuevos cultivos como maíz y patata, aunque con bajos rendimientos. La industria recibió apoyo estatal con medidas proteccionistas y la creación de Reales Fábricas, destacando la industria sedera en Valencia y la naval en el País Vasco. El comercio interior mejoró con la eliminación de aduanas y el desarrollo de un sistema radial de transporte, pero el comercio con América siguió siendo el principal motor económico.
La Ilustración introdujo ideas racionalistas que cuestionaron la hegemonía de la Iglesia y el absolutismo, impulsando reformas educativas, económicas y sociales. Figuras como Feijoo, Jovellanos y Floridablanca lideraron la renovación del país. En cultura, aunque no igualó al Siglo de Oro, destacaron autores como Moratín y Samaniego en literatura. El Neoclasicismo brilló en arquitectura y escultura, con obras como la Puerta de Alcalá y Salzillo. Francisco de Goya emergió como figura destacada y precursor de la pintura moderna.