Historia de España: Desde los Primeros Pobladores hasta el Siglo XVIII
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Prehistoria y los Pueblos Prerromanos
Los primeros pobladores de la Península Ibérica eran depredadores y basaban su supervivencia en la caza, la pesca y la recolección. Practicaban el nomadismo, vivían en pequeños grupos y presentaban una organización social colectiva. Hacia el 5000 a. C., en el Neolítico, surgieron las primeras comunidades, iniciando la producción de alimentos y la elaboración de cerámica y tejidos. Comenzó el sedentarismo y se desarrollaron estructuras sociales más complejas. La península Ibérica posee un gran número de cuevas con arte rupestre, donde se diferencian dos tipos: el arte cantábrico del Paleolítico, concentrado en el área cantábrica, que destaca por las figuras animales aisladas; y el arte levantino del Epipaleolítico, en la costa levantina, que representa escenas de carácter narrativo.
Entre los pueblos prerromanos en la península Ibérica se incluyen los fenicios, griegos y tartesos. Los fenicios, provenientes de Fenicia (hoy Líbano), se asentaron en el sur, especialmente en ciudades como Cádiz. Los griegos fundaron colonias en la costa este y las Islas Baleares, como Empúries y Rosas. Los tartesos, en el sur, eran conocidos por su riqueza y habilidades en metalurgia, especialmente en plata, y comerciaban con fenicios y griegos. Aunque hay poca evidencia sobre su cultura, se cree que ejercieron una influencia significativa antes de ser absorbidos por culturas posteriores, como la romana.
Reconquista y Reyes Católicos
Los reinos cristianos conquistaron gradualmente la península Ibérica entre los siglos VIII y XIII. La conquista se dividió en tres etapas: la ocupación de tierras deshabitadas, la conquista de Toledo y la expansión hacia Andalucía y el Levante. En términos de organización política, ambos reinos tenían un rey en la cima del poder, apoyado por la nobleza y una corte. En Castilla, predominaba un modelo autoritario con instituciones consultivas, mientras que en Aragón se seguía un modelo pactista, respetando los fueros locales y con Cortes con poder legislativo. Otras instituciones incluían las Audiencias de Justicia y la Diputación General en Cataluña. A nivel local, Castilla tenía el Concejo dirigido por regidores y Aragón tenía el cabildo.
Los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, unieron Castilla y Aragón tras la guerra civil castellana y el reconocimiento de Isabel como reina en 1479. Esta unión dinástica consolidó un estado moderno con un poder real reforzado, aunque manteniendo las instituciones locales de cada reino. Se establecieron instituciones de gobierno como los Consejos, las Chancillerías, la Santa Hermandad y el Tribunal de la Inquisición. En la Guerra de Granada contra el reino nazarí, los Reyes Católicos buscaron la unificación territorial y la defensa del cristianismo. La guerra duró de 1482 a 1492, y tras la rendición de Granada se garantizó a sus habitantes la conservación de su religión, lengua, propiedades y leyes.
El Reinado de Felipe V y el Siglo XVIII
El reinado de Felipe V comenzó con la Guerra de Sucesión (1701-1713), que enfrentó a una coalición internacional contra Francia y a una guerra civil en España entre partidarios de Felipe y del archiduque Carlos. Tras la Batalla de Almansa (1707), Felipe consolidó su posición. En 1711, con la elección del archiduque como emperador y la renuncia de Felipe al trono francés, se firmaron los Tratados de Utrecht y Rastatt (1713-1714), beneficiando a Austria y Gran Bretaña a costa de España. Durante el siglo XVIII, España cambió su política exterior, aliándose con Francia y enfrentándose a Gran Bretaña. Se firmaron los Pactos de Familia en 1733 y 1743, que llevaron a la ascensión de dos hijos de Felipe V a tronos italianos. En el reinado de Carlos III, se firmó el Tercer Pacto de Familia, llevando a España a apoyar a Francia en conflictos contra Gran Bretaña. La Paz de Versalles en 1783 permitió a España recuperar Menorca y Florida.