Historia de las Persecuciones Romanas contra Cristianos: Fundamentos y Consecuencias
Las Persecuciones Romanas contra Cristianos: Fundamento Jurídico y Contexto Histórico
No ha quedado suficientemente esclarecido el fundamento jurídico y los motivos de acusación exactos en los que se basaban las condenas infligidas a todos aquellos que se profesaban abiertamente cristianos.
Primeras Declaraciones y Emperadores Clave
En el año 35 d.C. se produjo la primera declaración oficial de ilicitud del nuevo culto cristiano. El emperador Tiberio intentó introducir el cristianismo, dándole un reconocimiento de legitimidad, pero la oposición de los senadores puso fin al proyecto. Este hecho sentó las bases jurídicas para los futuros procesos contra los adeptos de la nueva fe.
Nerón endosó a los cristianos la responsabilidad del incendio de Roma en el año 64 d.C. Las presiones de toda índole eran una práctica habitual entre los romanos, especialmente en el periodo que abarca desde Domiciano hasta Marco Aurelio. Hubo víctimas ilustres como el apóstol Juan, Policarpo de Esmirna, Ignacio de Antioquía y Justino.
La Autoridad Romana y las Delaciones
La autoridad romana se vio en la necesidad de afrontar situaciones de desorden, desencadenadas por el odio de los paganos y de los judíos, quienes se constituían en delatores y pedían de forma exigente la aplicación de leyes represivas contra los cristianos.
- El emperador Trajano afirmó que los cristianos no debían ser buscados y perseguidos de oficio, pero que, una vez apresados, debían ser condenados a muerte si no abjuraban de su fe.
- Adriano, por su parte, se mostró preocupado por castigar las delaciones infundadas y por acabar con los clamores populares asamblearios.
Existían ambigüedades difícilmente explicables: por una parte, la ley contra los cristianos y, por otra, la intención de reducir el impacto devastador de la aplicación de tales leyes.
Una serie de incidentes durante los dos primeros siglos no crearon un malestar excesivo, ni siquiera entre las propias filas de los cristianos más expuestos a la persecución. A periodos de persecución seguían periodos de relativa calma, durante los cuales la Iglesia podía extenderse tranquilamente y reforzarse, ganando nuevos prosélitos.
Marco Aurelio (161-180 d.C.)
En el año 177 d.C., en la Galia, tuvo lugar la primera persecución de cierta relevancia numérica. Este emperador filósofo alimentaba un profundo desprecio hacia cualquier tipo de superstición, incluyendo la digna y altanera firmeza de los mártires cristianos. Sin embargo, Melitón de Sardes, en su apología, parece querer eximirle de culpa y responsabilidad.
Otras situaciones testimoniadas de martirio:
- Los Hechos de los mártires escilitanos.
- La Pasión de Felicidad y Perpetua.
- Los escritos de Tertuliano sobre el martirio.
Septimio Severo (193-211 d.C.)
El periodo de Septimio Severo fue poco propicio para el cristianismo. Se registraron desórdenes provenientes de Alejandría de Egipto. Clemente de Alejandría huyó, abandonando la docencia en el Didaskaleion, mientras que Leónidas (padre de Orígenes) afrontó el martirio.
Después de Septimio Severo, sus sucesores abrieron un periodo de tolerancia hacia los cristianos. Un cierto sincretismo religioso en los ambientes de la corte abrió las puertas a conocidos intelectuales cristianos como Hipólito, Julio Africano y Orígenes.
De Decio a Diocleciano: Las Grandes Persecuciones
Decio (249-251 d.C.)
El emperador Decio dio comienzo a una tremenda persecución. Impuso a todos los ciudadanos la obligación de hacer sacrificios a los dioses del Imperio en señal de sumisión y de lealtad política. Este periodo coincidió con una profunda crisis institucional, social y militar, con bárbaros y persas presionando en las fronteras y un aumento progresivo de los gastos militares.
Para desarticular la estructura eclesial y hacerse con las posesiones del clero cristiano, Decio desencadenó una verdadera caza del hombre, que puso de rodillas a toda la cristiandad, demasiado mundanizada para estar dispuesta a heroísmos cruentos. La tempestad terminó con la muerte de Decio, pero dejó profundas heridas, especialmente en lo referente a la readmisión de los lapsi (aquellos que habían caído en la tentación y cedido durante la persecución, incluso obispos), frente a quienes habían confesado su fe y gozaban de gran prestigio dentro de la comunidad.
Valeriano (253-260 d.C.)
Durante la persecución de Valeriano, en el año 258 d.C., murió Cipriano de Cartago.
Galieno (260-268 d.C.)
Galieno, hijo de Valeriano, inauguró un intervalo de 40 años de relativa calma. Este periodo permitió a la Iglesia echar raíces profundas en la sociedad greco-romana.
Diocleciano y Galerio: La Última y Más Terrible Persecución (303-311 d.C.)
En el año 303 d.C., con el fin de restaurar el Imperio, ya tambaleante, se proclamaron nuevos edictos de persecución. La persecución de Diocleciano y Galerio fue la ÚLTIMA PERSECUCIÓN, aunque también la más larga y terrible. Duró, entre fases alternas, hasta el año 311 d.C., e infligió sufrimientos indecibles a los cristianos.