Hume y San Agustín: De la Crítica de la Causalidad a la Iluminación Divina
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Crítica al principio de causalidad
Nuestro conocimiento de hechos está limitado a nuestras impresiones, y solo tenemos impresiones actuales y pasadas. No hay nada en la experiencia que nos garantice que los hechos pasados se repetirán en un futuro, excepto que siempre que hemos visto dos fenómenos se han producido de manera contigua en el tiempo de forma regular.
Hemos supuesto la relación entre sí de causa-efecto; es decir, nos basamos en una inferencia causal. Además, creemos que hay una conexión necesaria entre los dos hechos, pero no existe impresión de la idea de conexión necesaria.
Hume dice que la costumbre de observar hechos contiguos en el tiempo genera en nosotros la creencia en la existencia de esa conexión. Hume define la creencia como toda idea acompañada de un fuerte sentimiento de la verdad de dicha idea. Nuestra creencia está basada en el hábito o la costumbre, pero no es conocimiento científico.
San Agustín: Teoría del conocimiento
Agustín se planteó si es posible alcanzar un conocimiento verdadero. Argumentó que los propios escépticos, al dudar, caen en una contradicción porque el hecho de dudar ya implica certeza, una verdad: aquel que duda sabe con certeza que está dudando y, por tanto, que existe.
Esta certeza de la propia existencia es un conocimiento que el alma tiene de sí misma por una experiencia interior. A la pregunta: ¿Cómo puede el ser humano alcanzar la verdad?, la respuesta son tres tipos de conocimientos:
A) Conocimiento sensible
Es el que se obtiene a partir de la información recibida por los sentidos. Tal información está sujeta a cambios y errores.
B) Conocimiento racional
Este puede ser:
1) Conocimiento racional inferior
Consiste en establecer juicios sobre los objetos concretos a partir de las ideas universales, inmateriales y eternas.
2) Conocimiento racional superior
Es el auténtico conocimiento y consiste en contemplar las ideas universales y necesarias en sí mismas.
Agustín sitúa el fundamento y lugar de estas ideas en la mente divina de Dios. El alma llega a conocer las ideas por medio de una iluminación divina: la luz de Dios que ilumina el alma humana y le permite descubrir en su interior el reflejo de las ideas.