La Iglesia Católica ante la Modernidad: Transformaciones del Siglo XIX al XX
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Época de recelos y enfrentamientos
Las grandes transformaciones que vive la sociedad a lo largo del siglo XIX hacen que la Iglesia se repliegue sobre sí misma. Teorías como la de Darwin sobre la evolución de las especies o las teorías de Marx, que ponen de relieve la dependencia de la vida personal y social respecto de la infraestructura económica, no facilitan el acercamiento de la Iglesia al pensamiento moderno.
El auge de los nacionalismos durante la primera mitad del siglo XIX fomentó la lucha por la unidad italiana, lo que llevó a fuertes enfrentamientos entre los partidarios de la unión y los del papado; en 1870 se consigue finalmente la unificación.
Protagonistas de la historia
Pío IX (1846-1878)
Fue muy controvertido por su actitud ante el proceso de unificación italiana y por su enfrentamiento al liberalismo. Durante su mandato se producen tres hechos importantes:
- La proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción (1854).
- La declaración contra los errores de la época conocida como Syllabus (1864): una declaración de que las palabras del Papa eran verdad y las de los demás son mentiras.
- La celebración del Concilio Vaticano I.
León XIII (1878-1903)
Con él se inicia una adaptación de la Iglesia a la realidad que vive la sociedad civil. León XIII, con su encíclica Rerum Novarum, pone las bases de la doctrina social de la Iglesia.
Nuevo impulso a la vida de la Iglesia
- Nuevas congregaciones religiosas: Numerosos fundadores promovieron formas de vida religiosa adaptadas a los nuevos tiempos.
- Expansión evangelizadora: Se produjo un resurgimiento de las misiones impulsadas por las antiguas órdenes religiosas.
- Aparición del sindicato cristiano: En 1864 nacen en España los Círculos Católicos con cuatro fines:
- Propagar las creencias cristianas.
- Fomentar la asociación de los obreros.
- Dar apoyo económico al obrero.
Un difícil comienzo de siglo
Europa, durante la primera mitad del siglo XX, padeció graves acontecimientos, lo que dificultó a la Iglesia la necesaria reflexión sobre su misión. La pérdida de los Estados Pontificios les dio gran libertad ante los asuntos políticos y canalizaron todas sus fuerzas hacia su misión pastoral.