Igualdad, derechos y deberes: reflexión sobre las desigualdades sociales

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Todos somos iguales

Sabemos que no es cierto que todos seamos iguales: en nuestro mundo hay desigualdades, algunas muy injustas. Nos referimos, claro está, a esas desigualdades no buscadas ni queridas. Nadie merece algunas desigualdades, pero ahí están. Parece como si debiéramos desesperar ante las diferencias que la mala suerte nos depara y ante las que son fruto de la injusticia humana.

Pensando en estas últimas, George Orwell ironiza sobre el principio de igualdad y lo corrige así: <> Algo se hace en el camino de ir equilibrando las desigualdades y las diferencias injustas. Las sociedades llamadas avanzadas en lo económico, pero no en otras cosas, han creado un modelo de Estado llamado Estado del bienestar, que garantiza el respeto y el cumplimiento de los derechos sociales. Son los que garantizan los bienes mínimos para todos. La expansión y el crecimiento del Estado del bienestar nos ha hecho muy conscientes de que somos sujetos de derechos.

Derechos y deberes

Los derechos implican deberes. En la democracia, cada individuo es un poco responsable de lo que pasa en la sociedad. Cada uno debe aportar su grano de arena. Cada cual tiene derecho a los fines y objetivos privados. Cuando hablamos de nuestros derechos, pensamos en dos cosas: el derecho a ser libres y el derecho a ser felices.

Formamos sociedades y algo nos empuja a preocuparnos por los demás y a ocuparnos de ellos. Es un sentimiento natural. Compromiso quiere decir que lo que ocurra a continuación no puede dejarnos indiferentes. Lo decía Sartre de forma melodramática: <> Spinoza, al referirse a la sociedad humana, añade que <>.

El ser humano como ser social

El ser humano no es un átomo que pueda actuar aisladamente. El ser humano es ser con los otros. Cada cual es libre de interpretarlo a su manera. En la práctica, sin embargo, hay varios obstáculos:

  1. El primero es la existencia de los "polizones" de la vida social.
  2. El segundo es el orden económico que exalta el sentido de la vida en comprar, consumir y competir.
  3. El tercero es la confusión de la libertad con la concentración en la vida y los intereses privados.

El último lo encontramos en esa sensación extendida de que somos parte de un todo que nos arrastra y nos conduce sin que podamos controlarlo ni contenerlo.

Opinión personal

Estoy de acuerdo con todo lo que sale en la lectura de esta semana, porque, igual que en las otras lecturas, es lo que se debería decir y muchas personas no lo aceptan.

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